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LA VITIVINICULTURA URUGUAYA EN EL MARCO REGIONAL (1870/2000).

   Alcides Beretta Curi

(Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericano (CEIL). Universidad de la República. Montevideo)

 

La reseña siguiente da cuenta del proyecto de investigación que, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República, iniciará con un equipo de investigadores a partir del mes de agosto del año en curso. El proyecto está previsto en dos tramos de dos años, totalizando cuatro años de trabajo.

  1. .- Resumen de la investigación

El proyecto tiene un fuerte eje histórico que, sin embargo, organiza la investigación en una perspectiva multidisciplinaria. En este espacio, el de la multidisciplinariedad, se privilegian los ángulos analíticos de la Historia, Antropología, Sociología, Arqueología, Economía y Arquitectura, enriquecidos por los aportes técnicos que, por su temática, aportan la Agronomía y la Enología.

Por otra parte, el proyecto se beneficia de la experiencia recogida en instancias similares: si bien está centrado en el Uruguay, plantea desarrollar la investigación en el marco de un ejercicio comparativo atendiendo con interés las experiencias más antiguas desarrolladas en la región, particularmente en el noroeste argentino y Chile.

En esta instancia de dos años el proyecto se propone estudiar el tramo histórico comprendido entre las primeras experiencias realizadas por Harriague, Vidiela, Varzi y Portal ; la difusión de la vitivinicultura y su consolidación defintiva en el país (1870/1930). Por tanto, la presente propuesta constituye la primera parte de un proyecto más amplio -a desarrollar en dos tramos- que pretende cubrir cerca de un siglo y medio de vitivinicultura regional, entre el último cuarto del siglo XIX y el 2000.


 B.- Fundamentación y antecedentes.

La vitivinicultura fue una actividad introducida por la inmigración europea, con fuerte presencia de los italianos. La actividad de los "pioneros" -Francisco Vidiella (Montroig, prov. de Tarragona, 1820/Montevideo, 1884), de Pascual Harriague (Hasparren, Francia, 1819/1894), de Pablo Varzi (Montevideo, 1843/1920), Portal y Francisco Piria (Montevideo, 1847/1930?)- sentaron las bases de una experiencia, generadora de un sector nuevo en la agricultura uruguaya.

El desarrollo vitícola cobró tal importancia que, ya en la década de los 80, comenzó la producción de vino nacional, en modestísimas cantidades, aunque el grueso del consumo era atendido por las importaciones. La ley proteccionista de 1888 tuvo una incidencia muy marcada sobre la actividad nacional que inició una fuerte competencia con el vino extranjero. Además, la crisis del 90 y el incremento de la elaboración de las bodegas uruguayas incidieron en recortar las importaciones. La elaboración de vinos uruguayos recorrió en esos años una gráfica de rápido ascenso -con ligeras inflecciones- que la situaban, poco después de la crisis del 90, en algo más de 2,5 millones de litros; hacia 1907 había alcanzado los 7 millones; y, un año más tarde superaba el registro de los 18 millones de litros elaborados.

Desde entonces, la vitivinicultura se expandió rápidamente, encontrando receptividad entre pequeños productores y empresarios de la industria a tal punto que, en 1925, la producción de vinos se situaba en los 32 millones de litros de los cuales, 10 millones no tenían colocación en un mercado que se manifestaba saturado. Concurrió a ello, indudablemente, el que se presentara como una actividad nueva con una rentabilidad aceptable que el Ing. Julio Frommel situaba en torno al 13%. No era, por cierto, desdeñable si la confrontamos con la rentabilidad tradicional de la ganadería, según los cálculos de José Pedro Barrán y Benjamín Nahum.

La viticultura se orientó fundamentalmente a la elaboración de vinos, cubriendo una débil demanda de uva de mesa. Los antecedentes del horticultor Pedro Margat (Versailles, 1806/Montevideo, 1890) en la difusión de la fruticultura y la incidencia en las pautas de consumo de las clases altas no generó un precedente demasiado importante en relación a la uva. Los parrales domésticos -tradición hispana que remonta a la colonia- cubrieron en parte esta necesidad de modo que la producción se orientó hacia la bodega. Tempranamente, la vendimia se asoció a formas de elaboración familiar en tanto, parte importante se orientó hacia las bodegas. La fragilidad del producto, el limitado tiempo disponible de permanencia del fruto en la planta al alcanzar su madurez y las dificultades de su conservación sin deterioro luego de la vendimia, generaron una subordinación del productor agrario respecto a los establecimientos industriales. Por eso, si bien la vitivinicultura ha sido una de las actividades productivas que concurrieron a vincular estrechamente el agro y la industria, ese vínculo no dejó de ser conflictivo por el aro de hierro que los bodegueros impusieron a los viticultores. Estos debieron, entonces, buscar caminos alternativos, propiciándose la constitución de cooperativas de bodegas. También estuvieron presentes en el sector emprendimientos mayores que alentaron la constitución de asociaciones de capital y la formación de sociedades anónimas, experiencias interesantes cuyo estudio privilegia -entre otros temas- este proyecto.

Por otra parte, la viticultura concurrió -junto a otras iniciativas en el sector agrícola- a quebrar el monolitismo de la tradicional actividad ganadera, y abrió, durante algunos años, la expectativa soñada por muchos, del desarrollo agrícola uruguayo. En ello jugó un rol privilegiado, la presencia de la inmigración europea y su proyección agraria tanto en los recortados proyectos de colonización como en el desarrollo de la chacra y la granja.

Este tramo del desarrollo vitivinícola uruguayo será estudiado en el marco del desarrollo de esa actividad en la región. Al respecto nos parece de particular interés las experiencias procesadas en las provincias de San Juan y Mendoza (Rep. Argentina) y en Chile. Diversos estudios concurren a señalar el papel de vitivinicultura como una actividad protegida por el Estado argentino como resultado de una entente entre las clases dirigentes porteñas y las elites oligárquicas del interior.Estudios más recientes aprecian, desde la interna provincial, el reacomodamiento de esas oligarquias y el rol cumplido por inmigrantes europeos en su expansión y consolidación. Por otra parte, esos estudios han abordado la proyección del sector en el desarrollo de otras actividades como la producción de máquinas. Es aquí, precisamente, donde la investigación construye espacios para un ejercicio de reflexión comparativa que retorna sobre el trabajo local con aportes, indudablemente, enriquecedores.

No deja de llamar la atención que, desde sus iniciales tanteos, la vitivinicultura se presentó como una actividad con buenos augurios en la economía uruguaya y que, superadas dificultades diversas, exhibe hoy, igualmente, un perfil con amplias probabilidades de éxito. En efecto, no obstante los antecedentes exitosos derivó, posteriormente, en una prolongada etapa de relativo estancamiento y de dificultades crecientes para su modernización, escasamente visualizadas durante la industrialización progtegida de la segunda posguerra. Los planteos integracionistas de la CEPAL no tuvieron resonancia en la dirigencia del sector hasta que se avanzó en el proyecto y las negociaciones que condujeron al Tratado de Montevideo [Marzo de 1960) que creó la ALALC. A partir de ese momento, la problemática del sector emergió con preoupación en la actividad corporativa que nucleaba a vtiticultores y bodegueros. Temas como protección, competitividad, rol del Estado, incorporación de nuevas tecnologías, ingresaron a un paquete de discusiones -ya sea como reconsideración de algunos planteos "prematuros", bien como temática nueva- de viticultores y bodegueros. Todo ello fue preparando un camino singular que haría de la uruguaya, una experiencia inédita en la región.

El tránsito del Estado interventor a formas más acentuadas o claramente liberales en materia de regulación económica han generado diversas respuestas de los empresarios y de sus organizaciones corporativas. La experiencia neoliberal de la "era Pinochet" y la impulsada entre marchas y contramarchas en la Argentina -particularmente acentuadas durante la última dictadura militar- fijaron su impronta sobre el sector vitivinícola. El camino "a la uruguaya" advierte el protagonismo del sector privado que -involucrado en los procesos de modernización y globalización- incorporó un elemento inédito en la región como lo fue la creación del INAVI. Por tanto, también en el tramo histórico más reciente, el proyecto encuentra interesantes desafíos para ese estudio comparativo.

Varios datos concurren a sustentar el interés en este estudio multidisciplinario y comparativo. Elaborados por el INAVI una década atrás permiten apreciar que esta actividad involucraba el 1,3% de la tierra de uso agrícola; el 2% de los trabajadores permanentes en la agricultura -valor que se elevaba al 7%, considerando la mano de obra familiar- y representaba el 7% del valor bruto de la producción agrícola nacional. Por otra parte, el primer censo de bodegas (1995), arroja datos interesantes sobre la situación de un sector que ha sufrido profundo cambios y que exhibe una dinámica presencia en la producción nacional y el mercado externo. Las directivas impulsadas desde el INAVI registran, hacia mediados de la década del 90, resultados significativos. Entre 1990/95 aumentó la materia prima de mayor aptitud enológica (vitis vinífera), que representa un 59% de la misma; en tanto se procesó, al mismo tiempo, una reducción del orden del 11% de las cepas no viníferas. La producción de vinos uruguayos depende del volumen de la vendimia que absorbe la totalidad de la producción de uva para vino. Por tanto, entre 1990/95 se aprecian oscilaciones que se mantienen en torno a un eje de 80 millones de litros, con un registro inferior para 1994 y un máximo en 1993 por encima de los 100 millones.

Incorporación de tecnología y competitividad han incidido en la reetructura del sector que ha visto desaparecer el 11% de las bodegas en el período 1985/90 y una disminución del 20% en la etapa 1990/95. Al respecto se observa "una clara tendencia de `salida’ de la industrialización de las unidades menores de medio millón de litros de" elaboración" -en tanto que en el quinquenio anterior, habían desaparecido los que producían menos de 100.000 litros-, de modo que al cierre del censo, el número de bodegas era de 341. Los establecimientos han evidenciado en estos años una preocupación por la calidad de su producción, observándose una mayor presencia de técnicos. La mano de obra involucrada en el sector ascendía, al momento del censo, a 1.146 personas permanentes y unas 960 en carácter zafral. Es de interés, señalar, que el 28% de esa mano de obra es de carácter familiar.

El sector ha mejorado su desempeño en calidad y eficiencia -aun cuando son numerosas las empresas que no ha procesado su reconverisón o lo hacen muy lentamente-, apreciándose una importante y exitosa apuesta al mercado externo. Entre 1990 y 1995 ese desempeño se ha proyectado en un incremento de las exportaciones que, del 3% de la producción en 1990, pasó al 33% en 1995. En tanto la colocación de vinos uruguayos en el Mercosur ha sufrido altibajos -la región no se configura como un mercado estable- y las exportaciones a la América del Norte han registrado un declive a partir de 1994; la Unión Europea se presenta como un escenario importante. Entre 1988 y 1992 , las exportaciones a ese mercado saltaron de 85 a 53.587 litros-; en 1993, registraron una caída superior al 50%, pero fueron seguidas de un repunte en 1995 con 135.180 litros. El conjunto de datos, indudablemente, invita a explorar el pasado de esta actividad que hoy se presenta promisoria y que no deja de contrastar con las serias dificultades y fracasos de otros sectores de la industria uruguaya.


C.- Objetivos generales y específicos.

1. Articular la investigación realizada en diversos servicios de la Universidad de la República, concurriendo a crear espacios estables de trabajo y obtener resultados más completos y enriquecidos. Desde 1998 hemos constituído instancias de encuentro y trabajo con el Arq. Carlos Altezor y la Ing. Agr. Estela de Frutos. El proyecto del Arq. Carlos Altezor sobre "Arquitectura de Bodegas", aporta elementos relevantes desde una perspctiva que hace a la organización espacial de la producción. Los trabajos y experiencia de la Ing. Agr. Estela de Frutos, desde la Cátedra de Enología (Fac. de Agronomía), el INAVI y su asistencia técnica en los procesos productivos (Bodega Los Cerros de San Juan) así como el trabajo desarrollado por el Lic. Leonel Cabrera, en arqueología industrial, concurren a incorporar otros ángulos de análisis y multiplicar los aportes a la propuesta de este proyecto. Al respecto, este estudio reconoce las posibilidades enriquecedoras del trabajo que desarrollan el Lic. Raul Jacob y el Dr. Luis Bértola, junto a otros investigadores en la Unidad Multidisciplinaria de la Facultad de Ciencias Sociales. No dejamos de advertir con satisfacción, que el tema ha merecido la atención desde la perspectiva sociológica y económica, dando cuenta de ello en varias monografías para el título de grado en las Facultad de Ciencias Económicas y Administración y en la de Ciencias Sociales. Por tanto, el proyecto se propone desarrollar la investigación en el marco de trabajo de un seminario de frecuencia quincenal, con la participación de investigadores de otros servicios de la Universidad, ya sea en carácter regular o como invitados.

2. Realizar un relevamiento de las fuentes existentes para este estudio: a) papelerías de bodegas y viñedos: registros, memorias, balances, libros contables, informes técnicos, correspondencia comercial, etc; b) papelerías personales correspondientes a empresasrios, funcionarios de Estado, técnicos -en el sector público y/o privado- y otras personas involucradas en el desarrollo del sector: correspondencia, informes, memorias personales, autobiografías, etc; c) material édito de circulación restringida: memorias y balances de las bodegas constituídas como sociedades anónimas; boletines informativos, notas y otros impresos que algunas sociedades, gremiales o algunos hombres con iniciativa dirigieron a viñateros y bodegueros, etc.

3. Reconstruir una actividad desde sus orígenes, sobre la que no existe un enfoque global producto de una investigación como la que se propone en este proyecto. La bibliografía adjuntada da cuenta de este vacío ya que los estudios de carácter específico corresponden, en su casi totalidad, a enfoques agronómicos y enológicos.

4. Concurrir a la constitución de espacios de trabajo más amplios y estables con académicos de otros centros de investigación y universidades de la región. En este sentido el proyecto ha permitido desde su diseño el contacto e intercambio de publicaciones y materiales inéditos con investigadores de Chile y Argentina y el ingreso a la Asociación Internacional de Historia de la Vid y el Vino.

5. Concurrir a la formación de jóvenes investigadores. En el marco del seminario previsto en el proyecto desarrollarán investigación estudiantes de grado y de Maestría.

 

   

 

    

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*Theomai: Ver, mirar, contemplar, observar, pasar revista, comprender, conocer

Página actualizada al 13 de septiembre de 1999. Coordinadores: Guido P. Galafassi - Adrián G. Zarrilli.
Sede: Universidad Nacional de Quilmes, Centro de Estudios e Investigaciones
Programa de Historia de las Relaciones entre Estado, Economía y Sociedad.