THEOMAI*

RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO /
 
SOCIETY, NATURE AND DEVELOPMENT STUDIES NETWORK 

   


La dimensión cultural de la gestión de asentamientos humanos sostenibles en la era de la información: Hacia un ecologismo mediatizado*

 

Armando Páez G.**

 

* Tesis de Maestría en Antropología y Desarrollo. 2001. Universidad de Chile. Profesor guía: Dr. Carlos Haefner. El texto que se presenta a continuación es una versión abreviada del documento original. Publicado en Revista Electrónica del Magíster en Antropología y Desarrollo. No. 5. 2001. Universida de Chile. http://csociales.uchile.cl/publicaciones/mad/05/paper06.pdf

** Arquitecto. Diplomado en Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental. Maestro en Antropología y Desarrollo. E-mail: aaopz@yahoo.com

El autor desea agradecer al Departamento de Posgrado y Postítulo de la Universidad de Chile, de manera especial al Sr. Germán Ferrando, el apoyo otorgado para realizar esta investigación (Beca PG/42/2000).

 

Contenido

0. Resumen
1. Introducción
- La gestión de asentamientos humanos sostenibles
- El ecologismo
- La era de la información
- Problema de investigación
- Objetivo y metodología

2. Antecedentes
- Ciencia y desarrollo sostenible
- Ciencias sociales y desarrollo sostenible
- Antropología y desarrollo sostenible

3. Marco de referencia
- Medios y reproducción ideológica
- Medios y construcción de sentido
- Medios y socialización
- Medios y clima cognoscitivo y de aprendizaje

4. Análisis
- Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano
- Plan de Acción para el Medio Humano
- Declaración de Vancouver sobre los Asentamientos Humanos
- Plan de Acción para los Asentamientos Humanos
- Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

- Agenda 21
- Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos
- Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat
- Programa para Continuar con la Instrumentación de la Agenda 21

- Declaración sobre las Ciudades y Otros Asentamientos Humanos en el Nuevo Milenio

- Resultados

5. Conclusiones y recomendaciones

6. Referencias

7. Bibliografía mínima


0. Resumen

La gestión de asentamientos humanos sostenibles tiene por objetivo, en su dimensión cultural, generar una conciencia ambiental. Esta investigación hace una revisión de las estrategias recomendadas por las Naciones Unidas para dicho fin identificando el papel conferido a los medios de comunicación, ya que en la sociedad de la información los medios 'reinventan' la cultura: reproducen ideologías, construyen sentido, difunden patrones de socialización y crean un nuevo clima cognoscitivo y de aprendizaje. En el capítulo uno se presentan brevemente la historia y valores del movimiento ecologista y algunas características de la sociedad de la información. En el capítulo dos se resumen trabajos antropológicos que han abordado el problema de la sostenibilidad. En el capítulo tres se indica cómo la cultura ha sido afectada por los medios. En el capítulo cuatro se revisa la dimensión cultural de las declaraciones, planes y programas del UNEP y el UNCHS relacionadas con la gestión de asentamientos humanos sostenibles; el análisis expone que las Naciones Unidas no han considerado a profundidad la mediatización de la cultura ya que las instituciones educativas son visualizadas como los órganos centrales en la formación valórica del sujeto, otorgándole a los medios un papel instrumental. En el último capítulo se profundiza en el concepto de imaginario social para plantear que la política cultural ambiental debe basarse en la difusión mediática de un universo simbólico que favorezca la adopción de los valores propuestos por el ecologismo; el desafío es la construcción social de la sostenibilidad: la ideación colectiva de una sociedad ecológica.

Palabras clave: Sostenibilidad, ecologismo, cultura, mediatización, imaginario.

Abstract

The promotion of sustainable human settlements has as its objective, in its cultural dimension, the generation of environmental awareness. This research examines the strategies recommended by the United Nations (UN) for the purpose of identifying the role conferred on the media. In the information society media 'reinvent' culture by reproducing ideologies, constructing meaning, diffusing of social patterns and creating a new cognitive learning climate. In chapter one a brief history and the values of the environmental movement are presented, additionally, some characteristics of the information society are identified. Chapter two summarizes anthropological works that have treated the problems of sustainability. The third chapter exposes how the media has affected culture. Chapter four revises the cultural dimension of declarations, plans and programs of the UNEP and the UNCHS as these relate to sustainable human settlements and their promotion. The analysis suggests that the UN has not deeply considered the mediatization of culture since education institutions continue to be viewed as the principal organs in the values formation of the subject while media serves a secondary instrumental role. The last chapter presents the idea that social imagery be used to propose cultural-environmental policy based in mediatic diffusion of a symbolic universe that favors the adoption of values exposed by environmentalism. The challenge herein defined as the social construction of sustainability and more significantly, the collective ideation of an ecologically sound society.

Key words: Sustainability, environmentalism, culture, mediatization, imagery.

 

Así como se promueve una cultura por la paz, conviene ahora para la paz promover una cultura para la sostenibilidad.

John Celecia

Todas las civilizaciones se han generado, y perpetuado, sólo por el uso de símbolos... Todo comportamiento humano consiste, o es dependiente, del uso de símbolos... El símbolo es el universo de la humanidad.

Leslie A. White

Hoy en día, parece que es más fácil imaginarse la completa degra-dación de la tierra y la naturaleza que el derrumbe del capitalismo tardío; tal vez esto se deba a cierta debilidad de nuestra imagi-nación.

Fredric Jameson

 

1. Introducción

La gestión de asentamientos humanos sostenibles

En su informe Perspectivas del medio ambiente mundial 2000, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente indicó:

Hasta ahora las principales iniciativas de políticas ambientales se emprendían dentro de un marco temporal prolongado, pero actualmente se ha llegado a la conclusión de que no queda tanto tiempo para una transición racional y bien planificada hacia un sistema sostenible (UNEP, 2000a: 15).

El problema de la sostenibilidad no sólo considera aspectos relacionados con el medio natural; además de proteger o 'administrar' correctamente los recursos naturales y de conservar y multiplicar la capacidad productiva de los agrosistemas y sistemas pesqueros, se busca crear asentamientos humanos que ofrezcan buenas condiciones de vida. La sostenibilidad, como nuevo proyecto social global, debe valorarse por sus aspectos cualitativos; quizá es aventurado decir que inaugura una nueva etapa en la historia humana, un período posterior a la posmodernidad, ya que se ha convertido en un nuevo metarrelato basado en una racionalidad que incorpora tanto visiones premodernas como conocimientos científicos (modernos): Pachamama y Biosfera son términos reconocidos.

Muchas de las políticas 'urgentes' que se dictarán en pos de la sostenibilidad afectarán la vida de los habitantes de las zonas urbanas, no sólo porque la mayoría de la población mundial residirá en asentamientos urbanos (1) -convirtiéndose por lo tanto en el escenario de los conflictos sociales- sino porque los actuales modos de vida adoptados en las ciudades provocan un mayor deterioro ambiental (2) (mayor consumo energético, mayor producción de residuos domésticos, mayor emisión de contaminantes). Apunta Enrique Leff:

Nada más insustentable que el hecho urbano. La ciudad ha sido convertida por el capital en el lugar donde se aglomera la producción, se congestiona el consumo, se hacina la población y se degrada la energía. Los procesos urbanos se alimentan de la sobreexplotación de los recursos naturales, la desestructuración del entorno ecológico, el desecamiento de los mantos freáticos, el succionamiento de los recursos hídricos, la saturación del aire y la acumulación de basura. La urbanización que ha acompañado a la acumulación de capital y a la globalización de la economía, se ha convertido en la expresión más clara del contrasentido de la ideología del progreso. Del hecho urbano como generador de necesidades (estilos de vida urbana) se ha pasado a un proceso acumulador de irracionalidades (tráfico, violencia, inseguridad). El proceso de urbanización, concebido como la vía ineluctable del desarrollo humano, es cuestionado por la crisis ambiental que problematiza la naturaleza del fenómeno urbano, su significado, sus funciones y sus condiciones de sustentabilidad (Leff, 1998: 244 y 245).

Las principales causas del deterioro ambiental mundial son las modalidades industriales de producción y consumo (Agenda 21, parágrafo 4.3).

La gestión del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos comprende, en términos generales, una serie de recomendaciones (medidas y actividades) cuyo objetivo es lograr que las ciudades y otros asentamientos mejoren sus condiciones de vida (sociales, políticas, económicas, ambientales) y disminuyan su impacto ecológico (contaminación, demanda de recursos, generación de residuos).

El proceso de industrialización-urbanización-degradación ambiental que viene experimentando la humanidad desde mediados del siglo XIX comenzó a problematizarse internacionalmente a finales de la década de 1960. En 1972, en Estocolmo, se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, primera reunión intergubernamental que propuso medidas concretas buscado revertir la degradación de los centros urbanos, zonas rurales y ecosistemas. En 1976, en Vancouver, la I Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat I) profundizó en la situación de las ciudades. Los esfuerzos emprendidos durante las décadas de 1970 y 1980 no fueron suficientes para 'ecologizar' el desarrollo y disminuir la pauperización social (desempleo, marginación, inseguridad). En 1992, promoviendo la nueva noción del desarrollo (el desarrollo sostenible), se organizó en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra) y en 1996, en Estambul, la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II).

Los documentos suscritos en estos eventos son, de una u otra manera, la pauta a seguir en la toma de decisiones y elaboración de políticas relacionadas con la promoción de asentamientos humanos seguros, salubres, habitables, equitativos, sostenibles y productivos, ya que sirven de referencia no sólo a los ministerios nacionales y organizaciones internacionales sino a los gobiernos locales, universidades, organizaciones no gubernamentales y comunitarias, institutos de investigación, empresas, agencias de cooperación y fundaciones para el desarrollo y la conservación ambiental. Estos documentos son:

  • Plan de Acción para el Medio Humano (1972)
  • Plan de Acción para los Asentamientos Humanos (1976)
  • Agenda 21 (Programa 21) (1992)
  • Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat (1996).

Los logros alcanzados a partir de la Cumbre de la Tierra y Hábitat II fueron evaluados, respectivamente, en 1997 (Río+5) y en 2001 (Estambul+5), suscribiéndose el Programa para continuar con la instrumentación de la Agenda 21 (1997) y la Declaración sobre las ciudades y otros asentamientos humanos en el nuevo milenio (2001). Estos Planes y Programas consideran aspectos económicos, financieros, normativos, políticos, tecnológicos, sociales y culturales. Dentro de la dimensión cultural se valora la diversidad humana y se promueve una conciencia y sensibilidad 'ambiental'. Esto último no ha sido discutido a profundidad. La gestión de asentamientos humanos sostenibles se ha centrado principalmente en aspectos técnicos y normativos, de esta manera se hacen o promueven inversiones en la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales; infraestructura para transportar agua potable; drenaje y alcantarillado; vehículos y tecnologías no petroleras (solares, eólicas, geotérmicas); edificios y viviendas bioclimáticos (ahorradores de energía); pavimentación; reciclaje; proyectos de rescate ambiental (reforestación, restauración de suelos, creación de áreas verdes, descontaminación atmosférica); y se establecen multas e impuestos para orientar el comportamiento de productores y consumidores. Estas medidas disminuirán el impacto de las actividades humanas en la biosfera, pero no garantizan el surgimiento de una sociedad con una cultura ecológica; de hecho, por las actuales dificultades económicas que sufre el mundo, las políticas ambientales son consideradas como un obstáculo al 'desarrollo' (crecimiento económico). El mejoramiento ambiental puede ser pasajero.

La participación social es un factor indispensable para transitar a sociedades sostenibles, ya sea porque la gente se suma a las iniciativas del gobierno o de organizaciones no gubernamentales o internacionales o porque las iniciativas surgen de las propias comunidades. No sólo deben existir condiciones políticas que estimulen la participación sino que ésta debe valorarse en sí misma; más aún, la sostenibilidad debe tener sentido para que la gente se organice y trabaje en su consecución. El mundo apenas parece reaccionar: ideas que integren lo social y lo ambiental vienen exponiéndose desde hace más de treinta años...


El ecologismo

La cultura ambiental encuentra sus valores en la ideología del ecologismo. El movimiento ecologista surge en la década de 1960 en la reacción social que provocaron las primeras investigaciones científicas (3) sobre los efectos de la industrialización y las posibles consecuencias de la sobrepoblación. En 1968 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (4) organizó en París la Conferencia Internacional sobre Uso Racional y Conservación de los Recursos de la Biosfera. En abril de 1970 se celebró en Estados Unidos el primer Día de la Tierra. En el Seminario de Founex (1971), expertos sobre desarrollo y medio ambiente analizaron el estado del medio ambiente mundial, este evento sirvió de antecedente a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. En 1972 el Club de Roma publicó Los limites del crecimiento, informe sobre las tendencias demográficas, energéticas y ecológicas del mundo (la investigación inició en 1970). Además de las Conferencias de Estocolmo (1972) y Vancouver (1976), en la década de 1970 se constituyó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (a partir de la Conferencia de Estocolmo) y se efectuaron, entre otros eventos, el Seminario sobre Modalidades de Uso de los Recursos, Medio Ambiente y Estrategias de Desarrollo (Cocoyoc, 1974), el Seminario Internacional de Educación Ambiental (Belgrado, 1975) y la Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental (Tbilisi, 1977); esos años el ecodesarrollo sintetizó las demandas de los movimientos populares y ecologistas promoviendo procesos productivos basados en la capacidad de los ecosistemas, asimismo el ecologismo dejó el discurso moderado o proteccionista profundizando en su crítica al capitalismo acusándolo de autoritario, injusto y explotador del ser humano. En 1987 se publicó el primer informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (constituida en 1983 por las Naciones Unidas), titulado Nuestro futuro común (conocido también como Informe Brundtland) donde se hizo oficial el discurso de la sostenibilidad al reconocer la degradación ambiental y la creciente pauperización de la humanidad. Dicha Comisión promovió la Cumbre de la Tierra. En la Agenda 21 (1992) y el Programa de Hábitat (1996) se dan elementos para pasar de la denuncia a la acción a nivel internacional, nacional, provincial y local; el desafío es que los más de 250 mil municipios existentes en el mundo diseñen e instrumenten su propia Agenda 21 (Agenda 21 local). En la Declaración de Malmö (2000) (Primer Foro Global Ministerial de Medio Ambiente) se ratifica dicha Agenda advirtiéndose sobre el deterioro ambiental aún existente.

A pesar de los acuerdos suscritos, los gobiernos no han cumplido con sus compromisos y las industrias ignoran las recomendaciones. Ciertamente se interrelacionan diversos factores de tipo estructural que impiden la gestión del desarrollo sostenible, sin embargo, así como sería erróneo desconocer los factores estructurales, ignorar el papel del sujeto en la gestión de la sostenibilidad también sería incorrecto. J. M. Sabucedo, B. Klandermans, M. Rodríguez y M. de Weerd destacan el papel activo de los individuos y grupos en la definición de determinadas situaciones como problemáticas:

De esta manera, se produce un cambio sustancial en la manera de entender la dinámica de la acción política y la protesta. Así, lo importante ya no sería [...] las características personales de los participantes o la existencia de condiciones estructurales adversas, sino la interpretación que los sujetos hiciesen de las mismas. (Sabucedo et al., 1999: 142)

Lo que da sentido y justifica la existencia de los movimientos sociales (5), indican, es el plantear discursos alternativos sobre la realidad, ya que de esta manera cuestionan situaciones que hasta ese momento no eran problematizadas y/o defienden posiciones contrarias a las creencias dominantes (Sabucedo et al., 1999: 145). Indica Angela Cheater (1989: 238) que las estructuras mentales -ideologías- son anteriores a las relaciones económicas, políticas y sociales.

L. W. Milbrath efectuó un análisis de las creencias, normas y valores fundamentales del ecologismo, contrastándolas con las del paradigma social dominante -cuya creencia nuclear es la dominación:

Paradigma Ecologista Paradigma Social Dominante
1. Alta valoración de la naturaleza
a. Amor a la naturaleza por sí misma
b. Vivir en armonía con la naturaleza
c. Protección ambiental por encima del desarrollo económico
1. Baja valoración de la naturaleza
a. Naturaleza para producir bienes
b. Dominación humana
c. Crecimiento económico por encima de la protección ambiental
2. Interés generalizado por...
a. Otras especies
b. Otros pueblos
c. Otras generaciones
2. Compasión sólo por lo cercano/querido
a. Explotación de otras especies
b. Desinterés por otros pueblos
c. Interés sólo por esta generación
3. Planificación y actuación cuidadosa para evitar riesgos
a. Ciencia y tecnología no siempre son buenas
b. Detener desarrollo de energía nuclear
c. Desarrollo y uso de energía blanda
d. Regulación gubernamental para proteger a la naturaleza y a los humanos
3. Aceptar riesgos para maximizar la riqueza
a. Ciencia y tecnología son una bendición
b. Rápido desarrollo de energía nuclear
c. Enfasis en tecnología dura
d. Desvalorizar la regulación: responsabilidad es individual
4. Límites al crecimiento
a. Escasez de recursos
b. Explosión demográfica
c. Conservación
4. Ningún límite al crecimiento
a. No escasez de recursos
b. No hay problema de población
c. Producción y consumo
5. Sociedad completamente nueva
a. Los humanos dañan seriamente la naturaleza y se dañan a sí mismos
b. Apertura y participación
c. Enfasis en bienes públicos
d. Cooperación
e. Posmaterialismo
f. Estilos de vida simples
g. Enfasis en la satisfacción del trabajo
5. Sociedad actual correcta
a. Los humanos no dañan seriamente la naturaleza
b. Jerarquía y eficacia
c. Enfasis en el mercado
d. Competición
e. Materialismo
f. Estilos de vida complejos
g. Enfasis en el trabajo por necesidades económicas
6. Nueva política
a. Consultiva y participativa
b. Debate entre partidos sobre relación entre humanos y naturaleza (eje ambiental)
c. Deseo de usar acción directa
d. Enfasis en la previsión y la planificación
6. Vieja política
a. Determinada por expertos b. Debate entre partidos sobre la organi zación de la economía (eje derecha/izquierda)
c. Oposición a la acción directa
d. Enfasis en control del mercado.

Si bien Milbrath apunta que muchos ecologistas muestran características de ambos paradigmas, el modelo es útil para distinguir las visiones del mundo en juego (Javaloy et al., 1999: 178 y 179). F. Javaloy, E. Espell y A. Rodríguez señalan que el ecologismo comparte el componente humanista de los nuevos movimientos sociales (visión global de los problemas, énfasis en la solidaridad, dimensión ética, alta valoración de la naturaleza y exigencia de un cambio social) y que, más aún, puede convertirse en el "eje vertebrador" de su integración ya que plantea una nueva concepción del mundo y un programa de acción que permite una solución a los grandes dilemas que cuestionan la supervivencia de la humanidad (Javaloy et al., 1999: 168, 175 y 176).

Sin embargo, a pesar de haber ganando espacios a nivel civil, periodístico, académico y aun político y empresarial y de ser una ideología integradora, el ecologismo no ha movilizado proactivamente a la mayoría de la población mundial: su influencia no se ve reflejada en la praxis cotidiana de una cantidad importante de gobiernos (nacionales y locales), empresas, organizaciones e individuos y hay personas que lo rechazan abiertamente. Crecimiento económico y democracia no garantizan la gestión del desarrollo sostenible. Más aún, la 'ecologización' de la opinión pública no conlleva al cambio social (ecosocial); apunta Ulrich Beck:

No faltan ideas para modificar la sociedad. Hoy en día (igual que en las revoluciones de siglos pasados) muchos contemporáneos tienen planes para cambiar el mundo alrededor de ellos, que llevan en sus bolsillos o en su corazón [...] Incluso, la demanda por una 'reforma ecológica de la sociedad' sale de los labios de representantes de las industrias riesgosas (sin volverse verdes).

[...] Vivimos en una sociedad de riesgo autocrítica, que continúa, a pesar de restringidas punzadas de consciencia, en las viejas rutinas. Esta coincidencia de una agitación verbal de convicciones revolucionarias y la inacción conservadora puede surgir de una concesión verbal al espíritu de los tiempos. Ella es y seguirá siendo una amenaza sui generis (Beck, 1999: 232 y 233).

Nunca hubo tanta información, debate, planificación, inversión, etc., sobre cuestiones socioambientales, sin embargo, todo parece insuficiente. Esta situación, es, sin duda, una de las grandes paradojas que debe resolver la humanidad. No sólo es una cuestión financiera, tecnológica, de conocimientos, periodística y jurídica, sino antropológica: ¿tiene sentido para el ciudadano común, para el legislador, para el empresario, para el académico, para el juez... la gestión del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos?


La era de la información

Escuelas y universidades han sido tradicionalmente las encargadas de reproducir las ideologías, pero este papel las últimas décadas ha sido desempeñado también por los medios de comunicación, de hecho, han superado a las instituciones educativas (Van Dijk, 1999). Junto con la urbanización y el deterioro ambiental, la mediatización (proceso de articulación del funcionamiento de las instituciones sociales con los medios de comunicación) es otro fenómeno definidor de nuestra época histórica. Los medios ocupan un papel central en la conformación cultural de la sociedad contemporánea, ya que además de reproducir ideologías, construyen sentido (Sodré, 1998), participan en el proceso de socialización (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994) y crean un nuevo clima cognoscitivo y de aprendizaje (Pérez, 2000). Sodré habla de una 'reinvención' cultural.

Jordi Borja y Manuel Castells indican que las ciudades y sociedades de todo el mundo están experimentando una profunda transformación histórica estructural. En el centro de esta transformación se halla una revolución tecnológica, organizada en torno a las tecnologías de información:

Basándose en la nueva infraestructura tecnológica, el proceso de globalización de la economía y la comunicación ha cambiado nuestras formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar. No toda la actividad económica o cultural en el mundo es global. En realidad, la inmensa mayoría de dicha actividad, en proporción de personas participantes, es de ámbito local o regional. Pero las actividades estratégicas dominantes, en todos los planos, están organizadas en redes globales de decisión e intercambio, desde los mercados financieros a los mensajes audiovisuales. El planeta es asimétricamente interdependiente y esa interdependencia se articula cotidianamente en tiempo real, a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación, en un fenómeno históricamente nuevo que abre de hecho una nueva era de la historia de la humanidad: la era de la información (Borja y Castells, 1997: 21).

Señalan que la era de las telecomunicaciones no diluye los centros urbanos, sino que al permitir la gestión y la comunicación entre sí de sistemas urbanos y rurales distantes tiende a concentrar la población en aglomeraciones territoriales, parcialmente discontinuas, de gigantesca dimensión y de características socio-espaciales históricamente nuevas:

La gestión de dichas ciudades y la construcción de nuevos modelos de vida capaces de responder a las nuevas formas productivas y culturales plantea enormes desafíos. No sólo por la acumulación de problemas funcionales, sociales y medio ambientales en los asentamientos humanos de nuevo tipo, sino porque nos encontramos ante procesos de transformación escasamente entendidos (Borja y Castells, 1997: 22).

Subrayan que la cultura en la sociedad de la información está organizada en torno al sistema audiovisual. Pero en los últimos años un fenómeno de mayor alcance se ha producido: la creciente digitalización de todos los mensajes, audiovisuales, impresos, interpersonales, que forman un hipertexto globalizado e interactivo.

Ello permite el paso de los actuales medios de comunicación de masas a medios de comunicación individualizados, segmentados, focalizados a audiencias específicas, aunque su producción y control tecnológico y financiero siga teniendo características globales. No vivimos en una aldea global, sino en chalecitos individuales más o menos adosados, globalmente producidos y distribuidos. Junto a ello, el extraordinario desarrollo de Internet está multiplicando las fuentes de información e intercambio horizontal, aunque todavía restringido a una elite mundial. Lo más relevante, por el momento, es que la amplitud y flexibilidad del nuevo sistema de comunicación ha aumentado su capacidad de absorción de todo tipo de expresiones culturales, sociales y políticas, en un universo digital electrónicamente comunicado y difundido (Borja y Castells, 1997: 28 y 29).

 

Problema de investigación

Jesús Martín Barbero indica que "muchos" documentos de la UNESCO no contemplan la tecnicidad mediática como dimensión estratégica de la cultura, le confieren a los medios y tecnologías de comunicación un papel instrumental (Martín, 2000: 27). Si bien Martín Barbero no señala los textos de la UNESCO en cuestión, su crítica invita a revisar los documentos sobre medio ambiente y asentamientos humanos antes mencionados ya que también fueron redactados por expertos de las Naciones Unidas, en este caso por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) (6) y el Centro de las Naciones Unidas para Asentamientos Humanos (UNCHS) (7). Es necesario, dada la relevancia de la gestión de asentamientos humanos sostenibles, identificar si se considera la mediatización en la dimensión cultural de los Planes y Programas diseñados específicamente para ello, ya que los medios -masivos e individualizados- transmiten y también generan imaginarios y significados (modelos) que influyen cotidianamente en los estilos de vida de la gente. La cultura 'ecológica' será mediatizada o no será. Subrayan Borja y Castells:

Puesto que la cultura es un sistema de comunicación y que nuestra sociedad está cada vez más organizada en torno a la producción, distribución y manipulación de símbolos, el espacio político ha sido capturado, en lo esencial, en el espacio de los medios de comunicación. No es que la política sólo opere en los medios de comunicación, pero sí que, en las sociedades democráticas al menos, el proceso político se decide, esencialmente, en los medios de comunicación. Ello quiere decir que el nivel simbólico de la política es más importante que nunca y que, por tanto, los mensajes deben, ante todo, generar símbolos capaces de recibir apoyo, anclados en personalidades creíbles, fiables y, si es posible, carismáticas. Por duro que sea aceptar este hecho para los intelectuales, no son los programas políticos los que deciden la política. Y por injusto que sea para los gestores, una buena gestión no garantiza el respaldo popular. La política de la sociedad de la información es comunicación simbólica expresada conflictualmente en el espacio mediático (Borja y Castells, 1997: 29).

Indica Sergio Martinic: "Todo proyecto social es una hipótesis de intervención sobre la realidad y, como tal, se sustenta en una teoría o en un conjunto de supuestos y afirmaciones que dan coherencia a la propuesta realizada" (Martinic, 1997: 23). Los Planes y Programas promovidos por las Naciones Unidas son macroproyectos aplicados a nivel mundial. Agrega Martinic que el fracaso de un programa o proyecto social puede deberse a: 1) falla en la factibilidad (condiciones adversas del entorno institucional y/o social); 2) falla en el diseño operativo (no se realizan todas las actividades previstas); 3) falla en la teoría (hipótesis planteadas -relaciones propuestas- incorrectas) (Martinic, 1997: 118). No sólo es necesario revisar los supuestos e hipótesis que estructuran las propuestas, sino la misma visión de la 'realidad' que tiene el equipo planificador. Katy Gardner y David Lewis (1996) apuntan que la antropología del desarrollo debe cuestionar las suposiciones del desarrollo. Por su parte Kay Milton (1997) indica que la antropología para superar el nivel técnico debe aplicar "la duda sistémica" tanto a los modos de identificar problemas y soluciones como a las premisas fundamentales que constituyen la base desde donde problemas y soluciones se identifican como tales. ¿Las estrategias propuestas por el UNEP y el UNCHS para formar una conciencia y sensibilidad 'ambiental' (una cultura ambiental o ecológica) contemplan la tecnicidad mediática como dimensión estratégica de la cultura?

 

Objetivo y metodología

El objetivo de esta investigación es identificar el papel conferido a los medios de comunicación en la dimensión cultural de los Planes y Programas diseñados por las Naciones Unidas para gestionar el desarrollo sostenible de los asentamientos humanos, a saber:

  • Plan de Acción para el Medio Humano (1972)
  • Plan de Acción para los Asentamientos Humanos (1976)
  • Agenda 21 (1992)
  • Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat (1996)
  • Programa para Continuar con la Instrumentación de la Agenda 21 (1997)
  • Declaración sobre las Ciudades y Otros Asentamientos Humanos en el Nuevo Milenio (2001).

La revisión documental (análisis de contenido) se hará poniendo especial atención a la dimensión social y cultural de los Planes y Programas, específicamente, a lo mencionado sobre promoción de la creación de una conciencia, sensibilidad, cultura, etc., ambiental.

Como análisis complementario se revisarán las Declaraciones suscritas en las Conferencias de las Naciones Unidas mencionadas:

  • Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano (1972)
  • Declaración de Vancouver sobre los Asentamientos Humanos (1976)
  • Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992)
  • Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos (1996).


2. Antecedentes

Ciencia y desarrollo sostenible

La gestión del desarrollo sostenible acontece en un momento histórico en que la 'objetividad' científica es cuestionada. Señala Esther Díaz que en la actualidad la tecnología (informática, ingeniería genética, fisión del átomo, medios masivos de comunicación) ha ocupado el lugar de verdad-poder que hasta mediados del siglo XIX ocupaba la ciencia, entendida como búsqueda del conocimiento por el conocimiento mismo. En nuestros días, la era de la posciencia, la mayoría de las investigaciones se realiza en función de su aplicación a la realidad, esto es, de la tecnología:

El volumen histórico, que ayer nomás ocupaba la ciencia moderna, es ocupado hoy por la posciencia. Es decir, por un conocimiento sólido dependiente de la técnica y potenciado a la vez por ella. La invención de la informática -que nació como tecnología- da cuenta de un cambio epistémico fundamental. El conocimiento, hoy, no necesita validarse a partir de un metadiscurso (por ejemplo, el kantiano, en la modernidad) para reafirmarse cognoscitiva y socialmente. Se valida, más bien, a partir de su eficacia. Sin olvidar que la eficacia se mide con parámetros económicos establecidos por quienes manejan las leyes; pero no tanto las leyes jurídicas, morales o científicas sino más bien las leyes del mercado multinacional (Díaz, 2000: 35 y 36).

El ecologismo ha criticado el papel de la ciencia y, lo más importante, lo ha redefinido. Silvio Funtowicz y Bruna de Marchi indican que la relación entre los avances acaecidos en la ciencia y las tecnologías científicas, por un lado, y el desarrollo sostenible, por otro, es compleja, ambigua y presenta múltiples facetas, ya que el simple reconocimiento de los límites ecológicos en términos de producción y consumo económicamente sostenibles conlleva que 'más output' no es lo mismo que 'buen output': "No necesariamente más conocimiento científico, expresado en términos de innovaciones tecnológicas, tendrá como resultado una sociedad más sostenible" (Funtowicz y De Marchi, 2000: 56).

Plantean si la ciencia puede contribuir efectivamente al desarrollo sostenible, ya que los problemas de la sostenibilidad incluyen aspectos complejos y difíciles, "aquellos en los que nuestro conocimiento está fuertemente afectado por la incertidumbre, la ignorancia y el conflicto de valores". En este nuevo contexto, el objeto del ámbito científico "sería impulsar el proceso de resolución social de problemas, incluyendo la participación y el aprendizaje mutuo entre los agentes involucrados, en vez de la búsqueda de 'soluciones' definitivas o impuestas" (Funtowicz y De Marchi, 2000: 57).

Los supuestos básicos de la ciencia moderna deben modificarse para poder desarrollar una ciencia nueva, dirigida a los problemas de la sostenibilidad:

En la ciencia posnormal, el principio organizador no es la Verdad sino la Calidad. La tarea no es ya la de expertos individuales que descubren 'hechos verdaderos' para sustentar 'buenas políticas'; más bien se trata de una tarea que recae en una comunidad extendida, que evalúa y gestiona la calidad de los inputs científicos, en procesos complejos de toma de decisiones donde los objetivos son negociados desde perspectivas y valores en conflicto. Necesitamos todavía una ciencia tradicional y una tecnología de buena calidad, pero sus productos deben ser incorporados en un proceso social integrador. De esta manera, el sistema científico se convertirá en un input útil para nuevas formas de decisión política y de gobernabilidad (Funtowicz y De Marchi, 2000: 59 y 60).


Ciencias sociales y desarrollo sostenible

E. Leff indica que las ciencias sociales son tal vez las más resistentes a internalizar el saber ambiental

ya que allí se han incorporado los paradigmas teóricos que, partiendo de una filosofía natural y una praxeología mecanicista, cristalizaron en los principios del derecho privado, del contrato social, la racionalidad económica y una razón tecnológica, legitimando las estructuras de poder, los arreglos institucionales y la organización productiva que conformaron la racionalidad social contra natura de la civilización moderna (Leff, 1998: 182).

Añade que la construcción de una racionalidad ambiental (nuevas formas de organización social y productiva, valores culturales, formas de significación y relaciones de poder) impone la transformación de las disciplinas sociales que explican los procesos ideológicos y el comportamiento de los actores sociales que participan en estos procesos (Leff, 1998: 182). "El ambiente constituye un campo de externalidad y complementariedad de las ciencias". (Leff, 1998: 135). En efecto, el ambiente, y de manera más amplia el problema de la sostenibilidad, vendrían a ser lo que Mattei Dogan (1997) denomina un 'nuevo ámbito' de conocimiento o un campo híbrido de especialidades (de diferentes disciplinas) en donde se recombinan los saberes y surgen nuevos:

Desde mediados del siglo XIX, la historia de la ciencia es, ante todo, una descripción de la multiplicación de subdisciplinas y de nuevas ramas del saber. Cualquier libro consagrado a la historia contemporánea de la ciencia demuestra cómo el camino real del progreso científico es la especialización híbrida. La mayoría de los especialistas no se asientan en el denominado núcleo de la disciplina, sino en anillos exteriores, en contacto con especialistas de otras disciplinas. Prestan y toman prestados conceptos y términos en las fronteras. Son investigadores híbridos. Disminuye velozmente el número de 'generalistas'. Todo el mundo tiende a especializarse en uno o varios ámbitos de estudio.

Leff destaca los aportes que se han desprendido desde la economía, la antropología, la geografía, el derecho y la sociología (Leff, 1998: 135 a 141).

Sylvain Allemand (2000) distingue dentro de las ciencias sociales dos líneas de trabajo relacionadas con el desarrollo sostenible, por una parte los comentarios críticos a esta noción y por otra los trabajos que pretenden darle un contenido concreto. En esta última línea, se intenta aplicar el principio de sostenibilidad a dominios precisos, siendo uno de ellos la ciudad, donde han surgido trabajos sobre la gestión urbana sostenible y programas universitarios y de organizaciones internacionales que proponen mejorar la administración de las grandes ciudades. Señala que la introducción de la problemática del desarrollo sostenible en las ciencias sociales ha producido muchos intentos de modelización, los cuales han aportado otros planteamientos y sobre todo el enfoque sistémico priorizando la interdependencia de las dimensiones económicas, sociales y ambientales.

 

Antropología y desarrollo sostenible

La antropología ha comenzado a estudiar la problemática de la sostenibilidad. La antropología ecológica en su análisis de las interacciones cultura/ambiente (adaptación, resiliencia, significación), la antropología del desarrollo al rescatar racionalidades diferentes a la capitalista y criticar el discurso del desarrollo, y la antropología urbana en su lectura de la dinámica del proceso de construcción cognitiva del hecho urbano aportan elementos teóricos y metodológicos al estudio y gestión de la sostenibilidad -coinciden en el registro de casos en donde la sociedad civil se moviliza para proteger, mejorar o manejar su ambiente, enriqueciendo de esta manera la reflexión de la ecología política-. A continuación se exponen brevemente algunas nociones surgidas de estas áreas de estudio.

Dentro de la antropología ecológica destaca la obra de Roy A. Rappaport. Si bien han pasado más de treinta años de la publicación de su ensayo Naturaleza, cultura y antropología ecológica (1971), su contenido aporta elementos a la reflexión actual sobre el problema de la sostenibilidad. Podemos considerarlo como uno de los primeros textos que analiza bajo una perspectiva antropológica este tema (el proceso de industrialización que observó en Estados Unidos durante la década de 1960 se presenta actualmente en casi todos los países del mundo -los afecta a todos).

Indica que los seres humanos contemplan la naturaleza a través de una "pantalla" compuesta de creencias, conocimientos, conceptos, propósitos y deseos. Estas imágenes culturales (ideología), que han sido transmitidas por los ancestros u otras sociedades o inventadas, determinan sus acciones. Un problema crítico para la humanidad es la discrepancia entre estas imágenes (modelo percibido) y la organización real de la naturaleza (modelo operativo). El desafío consiste, señala, en que las sociedades amplíen su conocimiento del medio ambiente (Rappaport, 1975: 271-272).

El principal papel de la cultura, considera, es asegurar la supervivencia y el bienestar de los grupos humanos en medios particulares; para lograr esto las sociedades incrementan su organización (adelanto) o producen cambios en ella (adaptación) (Rappaport, 1975: 287). Una buena adaptación cultural permite la evolución general; una mala adaptación conduce, paulatinamente, a la muerte.

El mismo proceso de organizarse para mantenerse bajo un conjunto particular de condiciones ambientales puede disminuir la habilidad de una población para cambiar su organización bajo la presión de condiciones cambiantes, y lo que llamamos avances evolutivos puede resolver viejos problemas creando nuevos (Rappaport, 1975: 288).

Las adaptaciones culturales, como todas las adaptaciones, pueden tener resultados contraproducentes al disminuir en vez de aumentar las posibilidades de supervivencia de los grupos que las practiquen. Una mala adaptación cultural se presenta cuando ésta sirve a sus propios componentes (vgr., instituciones económicas o políticas) a expensas de los seres humanos y los ecosistemas (Rappaport, 1975: 274).

Rappaport expone el proceso mediante el cual el Estado eventualmente termina sirviendo a los intereses de las empresas industriales en detrimento de la protección ambiental; sintetizando su análisis:

  1. Los objetivos de producción señalados por autoridades supralocales están más expuestos a exceder la capacidad de los sistemas ecológicos locales o de acuerdo con requerimientos locales. La posibilidad de esa violación aumenta con el incremento de la profundidad y complejidad de las estructuras administrativas o económicas, porque al mismo tiempo aumenta la posibilidad de distorsiones, errores y tardanzas en la comunicación de informaciones relativas a condiciones ambientales o de otro tipo, en respuesta a las cuales se toman las decisiones reguladoras.
  2. Cuando las funciones reguladoras recaen en personas particulares (burócratas, gerentes o administradores) aumenta la posibilidad de desviaciones de las operaciones reguladoras. El objetivo de la regulación puede no ser ya el bienestar del hombre y la preservación de los ecosistemas, sino que puede convertirse en la preservación de instituciones particulares políticas, sociales o económicas, tal vez a expensas de los sistemas vivientes.
  3. Cuando llegan a ser poderosos, los grupos particulares con funciones especiales, como las firmas industriales o industrias determinadas (para las cuales los ecosistemas no son otra cosa que fuentes de materia prima y depósitos de desperdicios), tienen una tendencia a capturar o intentar capturar a las agencias que las regulan, y a elevar sus propios propósitos a posiciones preeminentes en los grandes sistemas vivientes de los cuales ellos son sólo una parte.
  4. El propósito de las modernas empresas industriales es simplemente perpetuarse a sí mismas. En el fondo no son sino máquinas y la perpetuación de las empresas industriales requiere que mantengan funcionando sus máquinas.
  5. Debido a que su maquinaria representa enormes inversiones, y porque emplea a un número considerable de individuos, las empresas industriales han llegado a ser fundamentales en la economía del mundo moderno. Como tales, su perpetuación llega a ser la preocupación más compulsiva del Estado contemporáneo. De este modo, las agencias reguladoras llegan eventualmente a servir a los intereses de las industrias (Rappaport, 1975: 288 y 289).

Para Rappaport el incremento de la industrialización, bajo una perspectiva ecológica -asignando un significado biológico-, sugiere que algunos aspectos de lo que se ha llamado 'progreso' (desarrollo) son patológicos. (Rappaport, 1975: 289 y 290). Cuestiona si el Estado, la ciencia y la tecnología mecanizada, como formas de civilización, son a la larga buenas formas adaptativas. A partir de su estudio de los maring de Nueva Guinea, realizado entre 1962 y 1963, concluyó que las representaciones de la naturaleza que ofrece la ciencia no son más adaptables o funcionales que aquellas imágenes del mundo que guían las acciones de los pueblos 'primitivos' -habitado por espíritus respetados-, ya que al envolver la naturaleza en velos sobrenaturales le brindan cierta protección contra la destructividad y estrechez de miras propias de los humanos: "A la luz de nuestras anteriores observaciones puede sugerirse que es más adaptativo santificar a la naturaleza que a la cultura" (Rappaport, 1975: 287).

Hebe M. C. Vessuri ha definido una agenda de problemas de investigación para la antropología ecológica (8) relacionados con la sostenibilidad:

    • la organización social de la producción
    • las consecuencias ambientales de los diferentes estilos de desarrollo
    • el conocimiento del uso de recursos desaprovechados y su posible redescubrimiento por los modernos sistemas de investigación y desarrollo
    • los mecanismos culturales de la innovación tecnológica
    • la recuperación de las prácticas tradicionales de uso múltiple, integrado y sostenido de los recursos
    • la formación de valores
    • la asimilación de nuevas tecnologías y otros cambios a los valores culturales y la organización social
    • las imágenes del mundo natural y el control social (Vessuri, 1994: 191 a 208).

Indica que es imperativo para la investigación reconocer que los acontecimientos y condiciones en el nivel micro de los individuos y grupos domésticos y en el nivel intermedio de las comunidades son fuertemente afectados por fuerzas económicas y políticas en el nivel macro de procesos políticos y económicos regionales, nacionales e internacionales (Vessuri, 1994: 190). En esta postura coincide con Conrad P. Kottak (1999), en lo que éste ha llamado una 'nueva' antropología ecológica.

Sobre la formación de nuevos valores o la recuperación de otros no tan nuevos pero que se perdieron con el avance de la cultura de la modernidad, señala que esto es posible cuando se asume la conciencia de ser miembros de una misma especie biológica y se reconoce la presencia del fenómeno cultural en todas partes, en sus múltiples manifestaciones específicas (Vessuri, 1994: 205).

Apunta que los valores y las creencias implícitas en las prácticas tradicionales de diferentes culturas no sólo permiten la conservación de la naturaleza, sino que se revelan como formas eficaces de control social a través de la utilización simbólica de elementos de la dimensión ambiental: "Todas las poluciones misteriosas son peligrosas, pero no debemos descuidar el razonamiento que las vincula a un tipo particular de transgresión: si los niños se mueren, debe haber habido adulterio; si las vacas mueren, deben haberse violado tabúes alimenticios". La idea de castigo sobrenatural como consecuencia de una transgresión moral también aparece en las sociedades industriales modernas: para algunos grupos el sida es consecuencia de la inmoralidad y la violación de normas de conducta sexual. El mal sufrido siempre se adjudica a alguien: es necesario señalar responsables. Señala que el movimiento ecologista/ambiental no concitirá el consenso social sólo a través de advertencias, denuncias y llamados de atención. Su desafío es lograr que el problema ambiental sea precodificado, es decir, seleccionado culturalmente. El riesgo ambiental debe ser etiquetado y clasificado en categorías existentes de responsabilidad, ser incorporado por las estructuras institucionales, ya que los debates sobre riesgos físicos son determinados por cuestiones morales y políticas (Vessuri, 1994: 206 a 208).

Para K. Milton (1997) la antropología puede ayudar a buscar modos de vida sostenibles a un nivel general:

Mientras los estudios ecológicos pueden determinar qué prácticas humanas son ambientalmente benignas y cuáles perjudiciales, los análisis antropológicos pueden revelar qué formas de ver el mundo fomentan prácticas benignas o perjudiciales a la vez que son fomentadas por ellas. La antropología puede por lo tanto ayudar a desarrollar una comprensión de lo que podría implicar un modo de vida sostenible no sólo desde el punto de vista del trato físico que recibe el ambiente sino desde el punto de vista de qué tipos de valores, creencias, estructuras de parentesco, ideologías políticas y tradiciones rituales podrían contribuir a estas prácticas sostenibles.

Intentado tender un puente teórico entre la antropología y el discurso ambiental contemporáneo señala que hay una amplia gama de necesidades y de valores, además de los meramente prácticos, que deben tenerse en cuenta para garantizar el éxito de los programas que pretenden cambiar el comportamiento público: "Es nuestra cultura en su globalidad, y no sólo parte de ella, lo que nos sitúa dentro del mundo, lo que le da sentido para nosotros y orienta nuestras acciones; acciones que, cualesquiera que sean, se realicen o no con propósitos materiales, suelen acarrear consecuencias medioambientales".

Considera que la diversidad cultural no ha de consistir necesariamente en la preservación de lo que ya existe

puesto que la creación de nuevos modos de comprender el mundo, proceso que según se dice tiene lugar dentro del contexto más amplio de 'globalización', podría también generar modos de vida sostenibles. Pero la conservación de la diversidad cultural como tal podría llegar a ser tan importante para el futuro de nuestra especie como la conservación de la biodiversidad lo es para el futuro de la vida misma.

Dentro de la antropología del desarrollo, la metodología y reflexión antropológica ha sido utilizada para cuestionar y descalificar el proyecto desarrollista concentrándose en 1) evidenciar los problemas generados a partir de la aplicación de sus programas, 2) la desconstrucción de los discursos que lo sustentan y promueven, y 3) analizar sus instituciones. Desde esta postura se rescatan formas sociales y económicas guiadas por racionalidades diferentes a la hegemónica surgidas como reacción al desarrollo o que han resistido su influencia y se denuncian relaciones de dominación y poder. Los problemas de pobreza, género, salud, vida rural y ecología (destrucción/protección del medio ambiente) son abordados desde una perspectiva progresista y culturalista.

Arturo Escobar busca situar el debate sobre la sostenibilidad ecológica y cultural en un marco de trabajo más amplio. Sus análisis intentan dar forma "a la imaginación de alternativas al orden actual de cosas" (globalización, capitalismo, mercantilización, masificación cultural). Apunta que se requiere de una antropología de la globalización formulada sobre la necesidad de identificar socialmente los discursos significativos de la diferencia -cultural, ecológica, económica, política- y los modos como dichos discursos pueden operar en la articulación de alternativas al orden hegemónico:

Esa antropología de la globalización examinaría las múltiples maneras de construir hoy en día la cultura, la naturaleza o la identidad, así como la producción de diferencias a través de procesos históricos-espaciales que no son únicamente el producto de fuerzas globales -ya sean éstas el capitalismo, las nuevas tecnologías, la integración de mercados o cualquier otra-, sino que también están ligadas a los lugares y a su defensa. Es importante hacer visibles las múltiples lógicas locales de producción de culturas, identidades o prácticas económicas y ecológicas, que están brotando incesantemente desde comunidades de todo el globo (Escobar, 2000: 205).

Sugiere que la base de las propuestas de desarrollo sostenible deberían ser los distintos sistemas de significados y usos de la naturaleza presentes en modelos culturales y prácticas no-capitalistas (Escobar, 2000: 203), ya que en ellos se pueden contemplar los conjuntos indisociables de significados y usos de lo natural como dotados, al menos potencialmente, de un significado económico alternativo:

En muchos lugares del mundo, los campesinos han mostrado que mantenían un modelo de actividad económica que es al menos parcialmente diferente de las construcciones económicas modernistas, en términos de propiedad, racionalidad, mercado y eficiencia. Las economías comunales se asientan sobre lugares -por mucho que no se limiten a ellos, al participar en mercados translocales- y, a menudo, reposan sobre la explotación del 'común', que consiste en tierra, recursos materiales, conocimiento, ancestros, espíritus, etc. (Escobar, 2000: 202 y 203).

Por su parte María Eugenia Bozzoli señala que la pauta de desarrollo adoptada por un país es acompañada de modalidades específicas de uso de los recursos naturales así como de formas asociadas de desperdicio y contaminación del medio ambiente. Si se quiere desarrollar una estrategia cultural a favor de la conservación del medio es indispensable reconocer todas las necesidades económicas y ambientales de la población:

    • las expectativas acerca del futuro que la gente tiene
    • la cooperación asociada a una distribución equitativa de los recursos
    • estimular un sentido de identidad ligada al orgullo y conocimiento de los elementos culturales nacionales, regionales y locales
    • ser cautelosos hacia las influencias externas que agravan los problemas de contaminación, delincuencia, adicción, etc.
    • preservar la diversidad cultural
    • tener en cuanta la ética
    • involucrar a todas las instituciones en esta estrategia.

Bozzoli subraya la pertinencia de atender a los grupos sociales cuyas orientaciones culturales y sus actividades económicas pueden tener un fuerte impacto en la conservación del medio ambiente, entre los que menciona: comunidades indígenas, leñadores, campesinos que utilizan el sistema de tumba y roza, criadores de ganado, y la población urbana asociada al desarrollo industrial. El seguimiento de estos grupos puede rendir frutos a la hora de elaborar leyes, diseñar campañas publicitarias y programas educativos (Bozzoli, 2000: 275 a 279).

Eduardo Bedoya y Soledad Martínez exploran la dimensión antropológica del problema ambiental retomando conceptos de la economía política (procesos de mercantilización; las clases sociales; reproducción simple y reproducción ampliada; rol del Estado; el problema del poder; la sobredeterminación social de la población en su relación con los ecosistemas).

Señalan que la expansión de la economía de mercado en las sociedades no capitalistas provoca, entre otros efectos, la mercantilización de la mano de obra y de la tierra, ambos procesos generan consecuencias irreversibles sobre la cultura local y los correspondientes ecosistemas. La mercantilización de la mano de obra se expresa en migraciones, en este proceso se pierde el vínculo con la tierra y los conocimientos más adecuados sobre la naturaleza; también se afecta, por otra parte, el mantenimiento y la construcción de infraestructura, lo que favorecería el proceso productivo. La difusión del mercado de tierras causa un resquebrajamiento de la solidaridad intergeneracional de un grupo étnico determinado (Bedoya y Martínez, 2000: 144).

Las racionalidades económicas implican una relación específica con la naturaleza. Indican que la producción de valores de uso para el consumo familiar en la regiones rurales de los países menos industrializados, a pesar de la expansión de la racionalidad mercantilista, no ha desaparecido, ya sea por una reproducción voluntaria de formas no capitalistas o como estrategia de supervivencia ante la marginación.

Sea cual fuere la razón de la reproducción de dicha racionalidad, lo importante es remarcar que, en numerosas ocasiones, y sobre todo cuando se trata de sociedades indígenas que reproducen ciertos espacios de reproducción simple, la relación con la naturaleza suele ser sumamente compleja (Bedoya y Martínez, 2000: 147 y 148).

Observan una interacción entre el Estado, la estructura de clases y la forma de extracción del excedente. Ante el surgimiento de un conflicto territorial, el Estado se inclina por uno u otro grupo social involucrado a través de una política explícita o de una conducta aparentemente negligente que favorece a los intereses de una de las partes, siendo, generalmente, los grupos con mayor poder económico y político los beneficiados. El mayor deterioro de las condiciones de vida de la población rural y la degradación ambiental consecuencia del inadecuado manejo de recursos es el resultado (Bedoya y Martínez, 2000: 150 a 152).

Señalan, en una crítica a las posturas neomalthusianas, que la causa de que la población pueda constituir un auténtico problema ecológico no radica en el mayor o menor número de personas, sino en la racionalidad económica de las diferentes formas de producción y sistemas sociales. La presión poblacional sobre los recursos es consecuencia de una sobredeterminación social (Bedoya y Martínez, 2000: 155).

Subrayan la necesidad de analizar los proyectos de desarrollo sostenible, ya que estos pueden conducir al fortalecimiento de los sectores más ricos, a la diferenciación socioeconómica y a la marginación de la mujer si no se pone especial atención a los elementos utilizados en su metodología, ya que pueden ignorar la lógica y dinámica de las comunidades intervenidas (Bedoya y Martínez, 2000: 157-162).

A partir de la segunda mitad del siglo XX la reflexión e investigación antropológica puso mayor atención en la vida en las ciudades y el proceso de urbanización. El estudio de minorías étnicas, migrantes rurales, asentamientos pobres, expresiones subculturales (9) y contraculturales (10) y recientemente los efectos culturales de la globalización son algunos de los temas que aborda la antropología urbana.

Mario Rabey y Omar Jerez (2000) abordan el problema de la sostenibilidad en los asentamientos urbanos. Indican que la construcción de conocimientos en cada sector social y barrio es diferente, lo que produce una gran heterogeneidad cognoscitiva. Esta diversidad produce conflictos. Sin embargo, señalan, este no es el problema, ya que se trata de conocimientos

que en sí mismos son producto de interacciones; no solamente son dinámicos sino que se producen por las confrontaciones, los conflictos, las articulaciones, las interacciones entre distintas líneas cognoscitivas que aparecen y desaparecen, se desarrollan, nacen, decaen y se vuelven a retomar después. No son conocimientos producidos dentro de los límites de los sistemas socioculturales, sino en las interfaces donde se entrecruzan.

El problema es que la gran cantidad de conocimiento existente en los ámbitos locales, tanto de estratos sociales altos como bajos, es ignorado.

Empezamos a percibir una situación en que, a diferencia de lo que decía Lyotard de que vale tanto el conocimiento de los más débiles como el de los más poderosos, en realidad lo que está sucediendo es que se ha desvalorizado completamente los conocimientos construidos por cada uno de los actores sociales por su cuenta, al establecerlos como conocimientos fragmentarios. Así, se los ha desvalorizado y no hay ningún conocimiento que los reemplace, al haberse declarado la pérdida de legitimidad de los grandes discursos hegemónicos. En realidad, en la postmodernidad se ha estado dejando vacío el espacio del conocimiento. Atrás de la metáfora de Feyerabend que dice que se ha llenado el espacio de conocimiento con la diversidad y la multiplicidad de conocimiento y el todo vale, hay otra metáfora más profunda: nada vale. No es que todo puede suceder, sino ¿qué importancia tiene cómo suceden las cosas o cómo se dice que son las cosas? Entonces lo que sucede es la insustentabilidad cultural.

Pero esos conocimientos ignorados generan el crecimiento de las zonas urbanas:

Hay tanto conocimiento disponible y, como mencionamos antes, parece que ninguno sirve. Sin embargo, las cosas siguen pasando, la gente sigue viviendo, las ciudades se siguen construyendo. Lo que necesitamos ahora es descubrir cuál es la lógica en la cual todas estas cosas están pasando.

El desafío, consideran, es generar espacios de consenso, es decir, la interacción, articulación y conexión entre los actores para posibilitar el surgimiento de propuestas reconocidas como válidas por el conjunto de culturas -agentes sociales-. En otras palabras: rescatar los conocimientos.

Cuando el investigador desarrolla una respuesta para un ámbito local, que es una encrucijada de fuerzas, de acciones, de perspectivas culturales muy distintas, se está generando un posible modelo para aplicar a escalas mucho mayores. Estas reflexiones permiten configurar una idea general de sustentabilidad, en relación con el rol del antropólogo. La antropología de la sustentabilidad no se constituye como una antropología teórica acerca de los sistemas mundiales o las regiones sustentables. Es un conjunto de prácticas, en ámbitos locales donde se manifiestan fuertes y densos entrecruzamientos de culturas, donde la actuación del antropólogo, actuando conjuntamente con otros profesionales y con los diversos agentes sociales, puede generar modelos, que sí son aplicables a escalas mucho mayores.

La insostenibilidad, concluyen, reside en la falta de incorporación de los conocimientos de los diversos actores y sectores sociales en la planificación urbana.

Como hemos podido apreciar, la antropología comienza no sólo a estudiar casos concretos relacionados con la sostenibilidad, sino que ha aportado elementos para su teorización y gestión, esto es relevante en vista de la tendencia prevaleciente en los equipos planificadores que ha descuidado el factor humano en la promoción del desarrollo sostenible. Cabe destacar que en los trabajos citados se subraya la importancia de conservar la diversidad cultural; se analiza el problema de la sostenibilidad concentrándose: 1) en el papel de los grupos que tienen relación directa con los recursos naturales (productores rurales); y 2) en la necesidad de rescatar/difundir conocimientos y valores ambientalmente adecuados. No se discute el impacto ecológico causado por la gran mayoría de la población (consumidores urbanos), la cual tiene una relación indirecta con los recursos y genera más contaminación. Tampoco se menciona a los medios de comunicación. Como veremos en el capítulo siguiente, éstos no sólo influyen en los hábitos de consumo de los residentes de las crecientes zonas urbanas, sino en la producción y reproducción tanto de valores y conocimientos como de representaciones, significaciones, modos de pensamiento y estilos de vida.

Ciertamente la relación que los sujetos tienen con los medios no es homogénea y acrítica (Dickey, 1997; Villasante, 1998; Nitz, 2000), pero éstos son un elemento central en la conformación de la personalidad contemporánea. Lo que está cambiando, indica José Manuel Pérez, es la mentalidad: "la percepción, la atención, la memoria, el discernimiento, la conceptualización y otras facultades que forman la inteligencia humana se encuentran en territorios nuevos e inexplorados". Añade:

Las imágenes visuales, las cinéticas, las táctiles y, probablemente, hasta las olfativas se van a convertir, de hecho lo están siendo ya, en lenguajes tan articulados y tan racionalizados que servirán -siempre han servido- de soporte del pensamiento. Pero, en la medida en que introducen una nueva facticidad y en que son operativos físicos concretos, son también fuentes de nuevas sensibilidades. Por otra parte, y como se está comprobando en el comportamiento de muchos niños y adolescentes, esto está dando lugar a la aparición de una nueva sentimentalidad, porque el sentimiento es la expresión y el resultado de una sensibilidad (Pérez, 2000: 102).

Pérez es más positivo que Giovanni Sartori (1998) quien ve en el 'nuevo sujeto histórico' (homo videns) a un ser con menor capacidad de abstracción, es decir, menos inteligente. Este nuevo sujeto histórico (el individuo de la era de la información), poseedor de otra sensibilidad e inteligencia, es y será la 'población objetivo' de la gestión del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos. Entender el impacto antropológico (en el sujeto) de la mediatización es fundamental si se pretende transitar a una sociedad ecológica.

 

3. Marco de referencia

Medios y reproducción ideológica

La noción de 'ideología' suele identificarse con creencias falsas, manipulaciones y mentiras. En un intento por elaborar una nueva concepción, partiendo de nociones más inclusivas y menos peyorativas, Teun A. van Dijk define este concepto

como la base de las representaciones sociales compartidas por los miembros de un grupo. Esto significa que las ideologías les permiten a las personas, como miembros de un grupo, organizar la multitud de creencias sociales acerca de lo que sucede, bueno o malo, correcto o incorrecto, según ellos, y actuar en consecuencia (Van Dijk, 1999: 21).

Del trabajo de Van Dijk -que él mismo define como una 'aproximación multidisciplinaria'-, además de su concepto de ideología, se tomarán sus reflexiones sobre la relación entre ideologías y valores, el origen de las ideologías y la forma como éstas se comunican (reproducen).

Indica Van Dijk que las ideologías pueden influir en lo que se acepta como verdadero o falso, especialmente cuando dichas creencias son consideradas importantes para el grupo. En este sentido, un sentido epistemológico, las ideologías también pueden formar la base de argumentos específicos a favor de, y explicaciones sobre, un orden social particular, o efectivamente influir en una comprensión particular del mundo en general. Nótese, sin embargo, que las ideologías dentro de este marco no son simplemente una 'visión del mundo' de un grupo, sino más bien los principios que forman la base de tales creencias (Van Dijk, 1999: 21)

Las ideologías sirven a sus propios fines y son una función de los intereses materiales y simbólicos del grupo; operan tanto en el nivel global de la estructura social, es decir, como 'monitor' mental compartido socialmente que guía la competencia, el conflicto, la lucha y la desigualdad sociales, como en el nivel de las prácticas sociales situadas en la vida cotidiana (Van Dijk, 1999: 22).

Las ideologías no son definidas solamente en términos cognitivos sino también en términos de grupos sociales, relaciones de grupo e instituciones, a un micronivel, y en términos de prácticas sociales, a un macronivel. No están 'por encima de' o 'entre' las personas, los grupos o la sociedad, sino que son parte de la mente de sus miembros: "Esto no significa que sean, en consecuencia, individuales o solamente mentales. Por el contrario, como las lenguas, las ideologías son tanto sociales como mentales" (Van Dijk, 1999: 23 y 71).

Las ideologías consisten en aquellas creencias sociales generales y abstractas, compartidas por un grupo, que controlan u organizan su conocimiento, opiniones y actitudes más específicas (Van Dijk, 1999: 72).

Sólo podemos comprender y analizar la base cultural común como ideológica si tenemos posibles alternativas, otros ejemplos, otras culturas, conflictos entre culturas, o cuando un grupo específico dentro de una sociedad o cultura desafía las creencias sociales de la base común. En otras palabras, una vez más se aplica el principio de la relatividad: la base cultural común sólo puede ser llamada ideológica en un nivel de análisis más elevado, comparativo, universal o histórico. Si todos los miembros de una cultura creen, por ejemplo, en la existencia de Dios, entonces esa creencia religiosa ya no es ideológica sino simplemente conocimiento compartido dentro de esa cultura. Es decir, no hay ningún grupo dentro de esa cultura que esté en desacuerdo, cuestione o de alguna manera ofrezca una visión alternativa de la sociedad en ese respecto (Van Dijk, 1999: 74).

Si las creencias específicas del terreno común realmente son del interés de un grupo dominante particular "y aún así se dan por sentadas, son tácitamente aceptadas e incuestionadas por otros grupos, entonces ya distinguimos entre diferentes grupos y sus diferentes intereses, de modo que en ese caso las creencias de base común serían realmente creencias de un grupo impuestas en la sociedad o cultura como un todo" (Van Dijk, 1999: 74).

Sobre la relación ideologías-valores, apunta que éstos desempeñan un papel central en la construcción de las ideologías, ya que son los puntos de referencia de la evaluación social y cultural: "Tal como el conocimiento y las actitudes, están ubicados en el dominio de la memoria de las creencias sociales. Esto es, no tomamos a los valores como abstracciones sociales o sociológicas, sino como objetos mentales compartidos de cognición social". Los valores forman la base de todos los procesos de evaluación y, en consecuencia, de opiniones, actitudes e ideologías: "Así, si las ideologías son la base de las creencias de un grupo, y si los valores son a su vez más amplios y fundamentales, éstos deben ser la base de los sistemas evaluativos de una cultura como un todo. En efecto, los valores son los pilares del orden moral de las sociedades". Indica que los valores "parecen estar organizados por las dimensiones fundamentales de las experiencias cotidianas y la observación, al igual que la acción y las organización sociales". El proceso de selección y construcción por medio del cual los valores se incorporan a las ideologías sirve a los propios intereses de éstas (Van Dijk, 1999: 101 a 103).

Al profundizar sobre el origen de las ideologías (quién las 'inventa'), apunta:

Una cuestión, formulada a menudo en psicología política, es que aún no se sabe si, en verdad, grandes grupos de personas tienen efectivamente una ideología más o menos explícita o articulada. Ellos pueden compartir unos pocos principios y objetivos, pero no una ideología 'completa'. Esas ideologías más detalladas y explícitas están, entonces, atribuidas específicamente a los líderes, los intelectuales, las elites o, ciertamente, los 'ideólogos' de tales grupos (Van Dijk, 1999: 218).

Los expertos tienen acceso a un número creciente de formas variadas del discurso, pueden comunicar más a menudo y más explícitamente las ideologías de su grupo y pueden, en consecuencia, desarrollar sistemas ideológicos más minuciosos y más 'articulados' (Van Dijk, 1999: 219).

Precisa Van Dijk que es importante investigar no sólo de dónde vienen las creencias ideológicas, sino también cómo se comparten y comunican:

La evidencia histórica sugiere que al menos varias ideologías parecen ser, primero, inventadas y propagadas de arriba hacia abajo: un pequeño número de líderes, intelectuales o 'ideólogos' más o menos conscientes y articulados, tienden a formular los principios ideológicos de un grupo. Entonces, a través de formas diversas de discurso intragrupal (debate, mítines, propaganda, publicaciones) y otras prácticas institucionales, esas ideologías se propagan lentamente entre los miembros del grupo y la sociedad en general [...] Sólo los líderes u otras elites pueden tener el acceso a los medios de comunicación y al discurso público que permiten la propagación y la reproducción de las ideologías (Van Dijk, 1999: 221).

Una condición importante para este proceso de participación y reproducción social es que los miembros del grupo puedan identificarse con el grupo y su ideología:

Aun cuando las 'ideas', o los argumentos de esas ideas, puedan ser inicialmente 'inventados' o al menos expresados públicamente por individuos específicos, pueden constituir una ideología solamente cuando son compartidos y 'sostenidos' por un grupo de personas cuyos intereses estén relacionados con esas ideas en primer lugar [...] Es en este sentido que las ideas de elite y la invención de las ideologías no están únicamente condicionadas por la aceptación de esas ideas por los grupos sociales, sino al mismo tiempo por las mismas experiencias y los discursos (posiblemente informales) de los miembros del grupo (11) (Van Dijk, 1999: 221 y 222).

Además de reproducirse mediante el discurso, las ideologías lo hacen en y por el texto y la conversación de familias, grupos de pares, escuelas, medios de comunicación, iglesias, sindicatos, clubes, movimientos sociales, agencias, negocios corporativos, etc. Las instituciones y organizaciones son la contrapartida 'práctica' de las ideologías: "Del mismo modo en que las ideologías organizan la cognición de grupo, las instituciones y las organizaciones organizan las prácticas y a los actores sociales" (Van Dijk, 1999: 235). Identifica a la familia, las iglesias, las escuelas, las universidades y los medios masivos de comunicación como las instituciones encargadas de la reproducción ideológica, señalando a las escuelas y universidades como el medio más importante para la reproducción de las ideologías dominantes en la sociedad. Las estructuras, estrategias y prácticas de las instituciones sociales

no sólo necesitan ser orientadas por razones prácticas de organización, eficiencia, distribución de roles o recursos, o por el logro de objetivos; también pueden reflejar y facilitar los intereses ideológicos. Las lecciones, los libros de texto, los exámenes, las tareas, las correcciones y las sanciones en las instituciones educacionales, de tal modo, pueden estar organizadas en parte por objetivos basados en una ideología para enseñar e inculcar 'las cosas correctas', incluyendo las ideologías 'correctas'. De un modo menos organizado, lo mismo ocurre con los diversos discursos de socialización en la familia (Van Dijk, 1999: 236 y 237).

Sin embargo, agrega:

A pesar del papel omnipresente de la educación, en las sociedades mediatizadas contemporáneas gran parte de la tarea de la familia, de la Iglesia y de la escuela ha sido asumida por los medios masivos de comunicación como institución. Mientras que éstos están principalmente orientados hacia la producción de información y entretenimiento, son al mismo tiempo las instituciones más complejas para la expresión y el cuestionamiento públicos de las ideologías. Sin los medios de comunicación, y dado el papel reducido de la iglesia y la limitación de la escolaridad a niños y adolescentes, el debate público sobre asuntos corrientes y el conocimiento compartido sobre lo que sucede en la sociedad y el mundo sería impensable en el presente. Puede conjeturarse, por lo tanto, que en la reproducción de las ideologías los medios desempeñan un papel central. Las representaciones sociales son fácil y ampliamente compartidas debido a estas formas de discurso público accesible, y lo mismo es cierto para las ideologías que subyacen bajo estas representaciones (Van Dijk, 1999: 236).

De una manera menos explícita, pero por eso tal vez más penetrante e influyente, son reproducidas las ideologías de las elites dominantes (Van Dijk, 1999: 235).

La producción de noticias, publicidad, documentales, películas, juegos, 'talk shows' y otros espectáculos, entre muchos otros géneros mediáticos, pueden por lo tanto, examinarse en detalle para ver cómo organizan las acciones, los discursos, los sonidos y las imágenes de modo tal que la producción y reproducción ideológicas, también entre la audiencia, sean más efectivas (Van Dijk, 1999: 237).

Las rutinas, los actores, los eventos y los acuerdos institucionales en la confección de noticias, programas de actualidad, documentales, espectáculos y otras categorías de discurso de los medios están sesgados hacia la reproducción de un conjunto de ideologías dominantes (Van Dijk, 1999: 237).

A pesar de las diferencias personales y de la libertad de los usuarios de los medios en su procesamiento y utilización del discurso mediático, los efectos ideológicos generales de los medios son innegables: la gama de ideologías sociales aceptables es casi idéntica a la de aquellas que tienen acceso preferencial a los medios masivos de comunicación. Las normas y los valores fundamentales, la selección de asuntos y tópicos de interés y atención (determinación de la agenda), el conocimiento selectivo, si no parcializado, sobre el mundo, y muchos otros elementos o condiciones de control ideológico, actualmente se deben, en gran medida, a los medios masivos, o, indirectamente, a los grupos e instituciones, como los de la política, que tienen acceso preferencial a los medios. Por supuesto, habrá debate, oposición, diferencias de opinión, al igual que diferencias entre los periódicos. Sin embargo, todo esto se da dentro de los límites de una variación ideológica tolerable [...] El papel omnipresente de instituciones ideológicas (los medios masivos especialmente) explica las propias condiciones sociales de las ideologías, es decir, las formas en que son compartidas por grandes cantidades de personas y grupos (Van Dijk, 1999: 238).

Profundizando sobre las estrategias de control ideológico indica que las ideologías de elite pueden ser adoptadas más ampliamente entre la población en general o entre grupos dominados específicos bajo las siguientes condiciones:

  1. Las ideologías dividen a los grupos no dominantes por ser al menos atractivas para, o en beneficio de, algunos grupos no dominantes y evitar, de esta forma, la solidaridad dentro del grupo y la organización del contrapoder (ejemplo: el sexismo y el racismo).
  2. Se evita la solidaridad interna en los (importantes) grupos no dominan-tes creando divisiones dentro del grupo y dirigiéndose a los miembros como individuos (ejemplo: dividiendo a las mujeres entre las 'feministas' y las 'otras').
  3. No hay alternativas populares (fuertes) a las ideologías de elite, o estas alternativas son desconocidas o marginadas (ejemplo: el antineo-liberalismo está excluido de los medios).
  4. Las elites (y especialmente los editores de los medios de comuni-cación) evitan o limitan el acceso al discurso público de los líderes de grupos no dominantes, o los marginan o desacreditan entre la pobla-ción en general o, incluso, entre sus propios grupos (en los medios masivos más importantes no están los grupos 'radicales' -feministas, políticos, antirracistas, etc.).
  5. Las elites adoptan, aparentemente, las ideologías populares, pero de un modo muy moderado, con lo cual se evitan conflictos importantes con sus intereses (ejemplo: el ecologismo).
  6. Si las ideologías de elite son ampliamente inconsistentes con las ideologías relativamente fuertes y conocidas de los grupos dominados, las elites tienen el instrumento especial de acceso y control de los medios de comunicación y estrategias discursivas de manipulación del conocimiento y las opiniones (ejemplo: enfatizando las consecuencias ideológicas que son menos inconsistentes con los intereses de los grupos dominados, o restando énfasis a aquellas que son inconsis-tentes con esos intereses -el neoliberalismo, el nacionalismo) (Van Dijk, 1999: 233 y 234).

Apunta que a pesar de la gran variedad y confusión ideológica de la sociedad contemporánea, la evidencia sugiere con fuerza que, dado el creciente control de los medios por las elites, y el creciente papel de los medios de comunicación como el mayor instrumento de control ideológico de la sociedad, las ideologías de elite generalmente tendrán a ser dominantes. Sin embargo, las ideologías populares pueden convertirse en dominantes solamente: a) si tienen un amplio sustento dentro de uno o varios grupos dominados; b) si los líderes de tales grupos tienen acceso al discurso público y, sobre todo, a los medios masivos (lo que implica que al menos algunos medios masivos necesitan estar en connivencia con ellos); c) si estas ideologías son fundamentalmente inconsistentes con los intereses de la mayoría de las elites (Van Dijk, 1999: 234).

 

Medios y construcción de sentido

Fernando García indica que la configuración individual del sentido (o intencionalidad) y la configuración pública del sentido se asientan en un trasfondo producido y reproducido en la práctica social (García, 1995: 497). El trasfondo (marco de sentido) es un conjunto de conocimientos prácticos (know-how), habilidades, capacidades y disposiciones (García, 1995: 502).

Para comprender el sentido de unas acciones no debemos verlo como producido por el contexto o por el genio del autor, sino localizarlo en un campo específico de comunicación, conocimiento y poder, cuya lógica interna está construida histórica y políticamente y se manifiesta tanto en la encarnación del autor (o corporeidad como base de símbolos y significados) y en la configuración del contexto como en su interacción (García, 1995: 525).

El sentido o significado de una acción

es su carga simbólico-representativa que rebasa la materialidad conductual, está ligada a la narratividad discursiva y, una vez captada, permite la comprensión de la acción y eventualmente su explicación. La producción y reproducción de sentido, signos y significados, y más concretamente la producción y reproducción de contenidos intencionales, aparece así como un proceso práctico, interactivo e impreso en la experiencia de los agentes (individuales y colectivos) (García, 1995: 495).

La intencionalidad sería resultado del compromiso personal del sujeto con algunas de las prácticas, discursos e instituciones que dan significado (valor, sentido y efecto) a los acontecimientos del mundo (García, 1995: 516).

Muniz Sodré indica que con la mediatización los significados compartidos por la sociedad son creados y transmitidos por los medios de comunicación, que a su vez están en función de los intereses del mercado, dependiente de la innovación tecnológica. A este trabajo cultural realizado por las prácticas comunicativas denomina 'tecnocultura', 'cultura de la comunicación', 'cultura mediatizada' o 'reinvención cultural'. Esta nueva cultura abarca los medios de comunicación de masas 'tradicionales' (televisión, radio, periódicos, revistas, discos, publicidad, cine) y las formas comunicacionales del presente tecnológico, "los 'rizomas', característicos del espacio que han ido creando en forma progresiva las redes telemáticas" (Sodré, 1998: 10 y 11).

En la sociedad mediatizada, tecnocultura es una designación, entre otras posibles, para el campo comunicacional como instancia de producción de bienes simbólicos o culturales, pero también para la impregnación del orden social por los dispositivos maquínicos de estetización o culturalización de la realidad. Todo esto sugiere una especie de 'reinvención' de la cultura (Sodré, 1998: 9).

La 'tecnocultura' es la universalización sígnica de la alianza entre la comunicación, la tecnología y la economía de mercado: "En el proceso de globalización de las culturas del mundo, el consumo, como imperativo del mercado, aparece como una doctrina sin nombre preciso (neoliberalismo, tal vez), con pretensiones de sustitución de las formas representativas tradicionales" (Sodré, 1998: 10).

Renato Ortiz señala que el mercado en el contexto de la modernidad-mundo adquiere un peso desproporcionado:

Se trata de una instancia no sólo económica, como suelen imaginar los economistas, sino también productora de sentido. Lejos de ser homogéneo, según pensaban los teóricos de la comunicación masiva, el mercado crea diferencias y desigualdades. Baste ver el universo del consumo y de los estilos de vida. A través de los objetos consumidos, los individuos expresan y reafirman sus posiciones de prestigio o de subordinación. El consumo requiere disponibilidad financiera y capacidad de discernir (hay una educación para el consumo). Las marcas de los productos no son meras etiquetas, agregan a los bienes culturales un subvalor simbólico consustanciado en la griffe que lo singulariza en relación a otras mercancías (Ortiz, 2000: 52).

Lo que socialmente está planteado para ser debatido por las teorías de la comunicación, indica Sodré,

es la transformación acelerada de las sociedades industriales y el papel en ellas desempeñado por los medios de comunicación llamados 'de masas' o simplemente 'media'. Dicho de otra manera, se trata de problematizar las nuevas formas de discursividad engendradas por las tecnologías avanzadas de la información.

Esto ocurre en el momento en el que el nuevo modo de organización de las sociedades plenamente industrializadas busca integrar la producción y el consumo de bienes culturales al movimiento de acumulación del capital en escala monopolista y transaccional. La cultura sirve de manera cada vez más directa a la reproducción ampliada de las relaciones capitalistas (Sodré, 1998: 24).

Lo que ocurre actualmente es la operacionalización de los intercambios sociales bajo la égida del signo, "lo que equivale a una transformación en espectáculo de la vida social. En la sociedad del espectáculo, el poder o el control son discursivamente sutiles" (Sodré, 1998: 25).

Las instituciones, las prácticas sociales y culturales se articulan en la sociedad mediatizada directamente con los medios de comunicación de tal manera que éstos se convierten progresivamente "en el lugar por excelencia de la producción social del sentido, modificando la ontología tradicional de los hechos sociales" (Sodré, 1998: 30).

La realidad virtual, comprendida como un 'real' anclado en el plano de la representación pura, altera radicalmente nuestra percepción y hace que se difumine la realidad tradicional. Las pantallas, en todas sus formas, constituyen el espacio en el que las imágenes y los dígitos crean una nueva sintaxis del mundo (Sodré, 1998: 34).

Es bastante viable, añade, que la hipótesis de que, junto con los sectores mensurables del funcionamiento social contemporáneo, opere una lógica de la cultura que asume abiertamente la ilusión como vía para la experiencia de lo real, en oposición a la seriedad de la razón institucionalizada. Las expresiones vitalistas que colocan en primer plano el ocio, la diversión, el goce del ahora, siempre fueron, y continúan siendo, práctica corriente en amplios sectores (las clases populares) de la vida social (Sodré, 1998: 38).

Para tales sectores, la comunicación no se restringe a lo que han querido hacer de ella los mass-media con sus proyectos mercantilistas o de divulgación. El lenguaje, una vez puesto en movimiento, ya no pertenece a su productor. De igual manera, la comunicación desencadenada por el campo tecnocultural en la contemporaneidad puede convertirse en espacio de apropiación de mecanismos semióticos y de redefinición de identidades sociales (Sodré, 1998: 38 y 39).

Es comprensible que la comunicación, como la forma de la reinvención de la cultura, desempeñe un papel fundamental en toda esta nueva constelación histórica, "donde el avance tecnocientífico aparece como la última de las utopías del capital, y los mercados financieros elaboran las principales normas de funcionamiento de la vida social" (Sodré, 1998: 39).

Subraya que el nuevo orden suscitado por la información, al mismo tiempo en que se instituye, produce una desorganización de ordenamientos tradicionales:

Las estrategias de universalización operadas por las teletecnologías y por los códigos culturales del mercado contribuyen a la disolución del sentido de agencias socializantes que no están en consonancia con el mercado o con la tecnología de punta, acelerando la crisis histórica de la representación (Sodré, 1998: 53).

En ese sentido se orientan las hipótesis de que la información 'devora la comunicación y lo social' sin producir sentido verdaderamente.

Estamos lejos del discurso humanista de los siglos XVIII y XIX, que justificaba por la 'libertad' el esfuerzo de desarrollo racionalista del principio de la subjetividad. Las prácticas clásicas del sujeto (expresión, emancipación, ciudadanía) se contradicen con las 'prácticas del objeto' o de la 'masa', las que, siendo reguladas por el código de la sociedad neoliberal del mercado, dan su consentimiento a la cómoda resignación del consumo. La histórica realización social del hombre mediante la actividad política cambia por la liberación aduladora y autoerótica de los deseos.

[...] Así, contrariamente a la autodeterminación por el sólo 'dominio de la razón', se registran ilusiones (narcisistas) de autosuficiencia, que engendran formas regresivas de psiquismo (negación de las diferencias, de la muerte, así como la idealización excesiva) y encierro del individuo en relación al medio ambiente (Sodré, 1998: 55 y 56).

La cuestión de los medios de comunicación, como mecanismo de punta en el nuevo modelo de organización de la sociedad, es la de asegurar las lógicas contemporáneas de control social con la apariencia de reestructuración de los vínculos humanos que se pierden o se desvanecen. "Ya no se trata de luchas por la modernización o por los derechos civiles frente al Estado" (Sodré, 1998: 57).

 

Medios y socialización

Peter Berger y Thomas Luckmann definen la socialización como la inducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo de una sociedad o en un sector de él. La socialización primaria es aquella por la que el individuo atraviesa en la niñez, por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad (Berger y Luckmann, 1999: 166). La re-socialización es un proceso semejante a la socialización primaria, ya que vuelven a atribuirse acentos de realidad; pero a diferencia de la socialización primaria ocurre un proceso de desmantelamiento de los anteriores elencos socializadores: es una transformación radical de la realidad subjetiva en donde ocurre una dependencia emocional a otros significantes (Berger y Luckmann, 1999: 197).

Melvin L. De Fleur y Sandra J. Ball-Rokeach aportan dos teorías para entender la forma como los medios de comunicación participan en el proceso de socialización: la teoría del modelaje y la teoría de las expectativas sociales.

Señalan que la verdadera significación de las comunicaciones en la sociedad no descansa en sus efectos inmediatos sobre audiencias específicas sino en las influencias indirectas, sutiles y a largo plazo que ejercen en la cultura y en la organización de la vida social:

La sociedad y la cultura están en continuo proceso de cambio debido al despliegue constante de acontecimientos históricos, tales como guerras, depresiones o avances tecnológicos, y los cambios en las creencias y en el comportamiento de los individuos reflejan este proceso y, en muchos casos, influyen en él. En los planos social y cultural, el establecimiento de nuevas reglas de interacción social, o la modificación de las viejas, proporciona nuevas pautas de conducta. (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 263 y 264).

En las sociedades modernas los medios de comunicación se han convertido "en una fuente irresistible, ineludible y omnipresente de definiciones sobre cómo la gente debe comportarse. Por este motivo, es fundamental estudiar sus influencias a largo plazo en el proceso de socialización" (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 270). La socialización, indican,

es la etiqueta de una serie compleja, multidimensional y a largo plazo, de intercambios comunicativos entre los individuos y distintos agentes sociales que dan como resultado la preparación del individuo para la vida en un entorno sociocultural. Desde una perspectiva individual, la socialización nos provee de lo necesario para comunicarnos, pensar, resolver problemas mediante el uso de técnicas aceptables por la sociedad y, en general, diseñar cuál va a ser nuestra específica forma de adaptación al entorno. Desde el punto de vista de la sociedad, la socialización lleva a sus miembros a una conformidad suficiente, de forma que se pueda mantener el orden social, la capacidad de previsión y continuidad (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 271).

Una contribución importante para entender la forma en que las comunicaciones pueden desempeñar un papel en el proceso de socialización es la teoría del modelaje. Este término es útil para describir la aplicación de la teoría del aprendizaje social general a la adquisición de nuevos comportamientos a partir de las representaciones de los medios, los cuales son una fuente de modelos atractivos y fácilmente disponibles y proporcionan un modelaje simbólico a casi todas las formas concebibles de conducta (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 281). El proceso del modelaje consiste en lo siguiente:

  1. Un miembro individual del público observa o lee algo acerca de una persona (modelo) que está representado un modelo específico de acción en el contenido de los medios.
  2. El observador se identifica con el modelo, es decir, cree que es como el modelo, quiere ser como el modelo, o ve al modelo como algo que vale la pena imitar.
  3. El observador se da cuenta conscientemente -o inconscientemente llega a la conclusión- de que el comportamiento observado o descrito será funcional. Es decir, que la persona acaba creyendo que el comportamiento conllevará un resultado satisfactorio si se imita de una forma concreta.
  4. El individuo recuerda las acciones del modelo cuando las confronta con las circunstancia pertinentes (la situación del estímulo) y reproduce el comportamiento como vía de respuesta a dicha situación.
  5. La realización de la actividad reproducida en situaciones estimuladoras adecuadas reporta al individuo algún tipo de alivio, recompensa o satisfacción, lo que provoca la conexión entre los estímulos y las respuestas modeladas que han de ser reforzadas.
  6. El reforzamiento positivo incrementa la probabilidad de que el individuo utilice la actividad reproducida como instrumento para responder a situaciones similares (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 281 y 282).

Mencionan que los que diseñan, producen y distribuyen el contenido de los medios quizá no pretendan que sus representaciones del comportamiento humano sirvan como modelos para otros, y que los que adoptan formas de conducta que han aparecido o se han mostrado en los medios quizá no hayan buscado deliberadamente la exposición a pautas de comportamiento con el propósito de copiarlas de los modelos, "pero el caso es que lo hacen, sea consciente o inconscientemente" (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 283).

Además de analizar a los medios como fuentes de modelos atractivos, De Fleur y Ball-Rokeach los estudian como fuentes de expectativas sociales:

Los medios de comunicación de masas son la fuente más importante de expectativas sociales modeladas en cuanto a la organización social de grupos específicos en la sociedad moderna. Es decir, en su contenido se describen o representan las normas, roles, categorías y sanciones de prácticamente todos los grupos conocidos en la vida social contempo-ránea (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 290 y 291).

La teoría de las expectativas sociales está relacionada con las influencias de las comunicaciones de masas en la socialización, que provienen de sus representaciones de modelos estables de la vida grupal: "Estos modelos estables definen lo que se espera que hagan las personas cuando se relacionan con otros en la familia, interactúan con sus compañeros de trabajo, participan en cultos religiosos, estudian, adquieren hábitos de consumo, y toman parte en otras muchas formas de vida comunitaria" (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 291). Resumen las ideas fundamentales de esta teoría:

  1. Los modelos de organización social en forma de normas, roles, categorías y sanciones, correspondientes a tipos específicos de grupos, se representan con frecuencia en el contenido de los medios.
  2. Estas representaciones de cualquier tipo de grupo en concreto pueden ser auténticas o no. Es decir, pueden ser fidedignas o engañosas, precisas o distorsionadas.
  3. Los miembros del público, sea cual sea su relación con el mundo real, asimilan estas definiciones de forma que las mismas se convierten en sus series aprendidas de expectativas sociales acerca de cuál se espera que sea el comportamiento de los miembros de estos grupos.
  4. Dichas expectativas serán una parte importante de los conocimientos preferentes de la gente sobre el comportamiento que, en los grupos, se requerirá a sus futuros miembros.
  5. Las expectativas de la gente acerca del comportamiento de los miembros de muchos grupos que existen en su comunidad, o en la sociedad en general, son una parte importante de su conocimiento general sobre el orden social.
  6. Las definiciones que deducimos de estas expectativas nos sirven como guías de acción, es decir que son definiciones sobre cuál ha de ser el comportamiento personal de los individuos hacia los demás, cuando éstos están desempeñando un rol específico, y cómo éstos actuarían con relación a los primeros en distintas circunstancias sociales (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 292).

La teoría de las expectativas sociales es una explicación de las influencias indirectas y de largo alcance de los medios. Subrayan que las dos teorías expuestas pueden ayudar a explicar cómo ciertos contenidos y exposiciones de los medios juegan un papel en la socialización de la gente a largo plazo, en una sociedad en la que se puede acceder sin ningún tipo de problema a todo tipo de medios de comunicación. También intentan poner de manifiesto que las personas pueden utilizar los medios de comunicación como fuentes, sea de forma deliberada o inconsciente, para adquirir guías para un adecuado comportamiento que les suponga una ayuda en el proceso de adaptación al complejo mundo en el que viven (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 293).

Indican que uno de los principales aspectos de nuestra actual transición hacia la era de las comunicaciones es que estamos en contacto, de forma creciente, con representaciones mediadas de un mundo social y físico complejo más que con los rasgos objetivos de nuestro restringido entorno personal (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 334).

Por otra parte señalan que los símbolos y convenciones del lenguaje aceptados y utilizados por un grupo de gente específico modelan su percepción e interpretación del mundo físico y social, así como su actitud hacia el mismo (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 335). Los símbolos y convenciones actualmente son construidos -o desconstruidos- por los medios: estos distorsionan la realidad (prensa); influyen en opiniones; modelan ideas de la gente en relación al proceso político y los problemas que éste debe tratar (determinan la agenda); y modifican funciones de habla y lenguaje (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 335 a 348).

La contribución de las comunicaciones a nuestro sistema de significados compartidos es a la vez compleja y profunda:

En este sentido, las funciones de los medios en cuanto a modificar el comportamiento del público son de largo alcance, sutiles y acumulativas. Además, en nuestra sociedad, los medios están tan entrelazados con otras formas de comunicación que es casi imposible aislar y examinar sus efectos separadamente (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 348).

Concluyen:

Cuando las ciencias sociales especializadas se separaron de la filosofía, continuaron la investigación sobre la comprensión, mediante el estudio de la construcción del significado en el lenguaje, la cultura, la interacción simbólica y los schemata de la memoria. Hoy en día, estos esfuerzos se han visto complementados por el estudio de las comunicaciones de masas en su búsqueda de nuevos caminos en los que la realidad mediada proporcione una base para la construcción de significados (De Fleur y Ball-Rokeach, 1994: 348).

 

Medios y clima cognoscitivo y de aprendizaje

J. M. Pérez indica que para comprender la generación de sentido en la sociedad mediática debemos profundizar en el análisis de los aspectos semiológicos de la comunicación, no sólo en los lingüísticos. Señala que son los medios de comunicación y las relaciones con las nuevas fuentes de saber cada vez más dispersas, y no las escuelas ni los centros educativos tradicionales, "los que se están convirtiendo en el ámbito privilegiado de la transmisión del saber actual y en los urdidores de esa nueva racionalidad social -que bebe, sin duda, de muchas fuentes, pero sobre todo de una: del nuevo entramado industrial-financiero que impulsa el consumismo" (Pérez, 2000: 43).

Los media, su crecimiento continuo y su perenne ocupación del espacio-tiempo social, han venido a configurar un nuevo clima cognoscitivo y del aprendizaje y, sobre todo, un nuevo territorio que la escuela no puede ya acotar -y que, a veces, parece limitarse a denunciar-. Las generaciones jóvenes se han educado e instruido en ese presente extendido -que denominamos moda y actualidad- de los medios de comunicación. Han aprendido sus valores a través de ellos, y se han forjado niveles de aspiración y modelos de identificación que tienen que ver, sobre todo, con los que les ofrecen el mundo del cine, la televisión y el periodismo. La probabilidad de que estos valores y pautas de comportamiento coincidan con los de la escuela empieza a ser remota; incluso en algunas ocasiones se presentan evidentes síntomas de una divergencia profunda (Pérez, 2000: 43).

Advierte que está surgiendo un nuevo escenario que, dominado por los media y las comunicaciones, se está encargando de generar la mayoría de los aprendizajes socialmente relevantes: "En este contexto, no podemos dejar de reconocer la influencia que está teniendo en este proceso la extensión de la ideología neoliberal que, en forma de pensamiento único, pretende llevar incluso al terreno del conocimiento, las ideas y la cultura el imperativo exclusivo del modelo de mercado libérrimo" (Pérez, 2000: 45).

Enlista las características del sistema escolar tradicional que empiezan a tambalearse en la sociedad de la información:

  1. La escuela ya no es la depositaria del saber o, al menos, no lo es del saber socialmente relevante.
  2. Las escuelas tampoco son los ámbitos privilegiados de transmisión de la educación.
  3. La escuela es, tal vez, la institución más eficaz para la enseñanza de la lectoescritura, pero está quedándose atrás hoy en día en la promoción de la nueva alfabetización de la sociedad de la información: la del lenguaje audiovisual y de la informática.
  4. En este contexto, los profesores ya no son considerados los maestros que atesoraban todas las habilidades y sabidurías.
  5. Las escuelas ya no disponen de los únicos instrumentos para la producción y sistematización del saber.
  6. La escuela ya no es la fuente de la racionalidad que funda o explica el orden social.
  7. La escuela se ha tornado, además, un elemento poco práctico: conecta difícilmente con la acción social.
  8. La escuela está perdiendo a marchas forzadas el poder que le había conferido el sistema social tradicional (Pérez, 2000: 45 a 48).

Nos encontramos, concluye, "con una escuela descentrada de sus funciones tradicionales que difícilmente encuentra su lugar en el mundo moderno del saber".

En un fenómeno sin precedentes históricos, asistimos a mutaciones profundísimas en la organización, estructura y funcionamiento de los diversos sistemas lingüísticos y comunicativos que componen la esfera de la inteligencia colectiva. Sin ninguna concesión a la retórica, nos hallamos ante una auténtica revolución en los sistemas de inteligencia cultural y lingüística (Pérez, 2000: 88).

Estamos asistiendo a un cambio cualitativo en las condiciones lingüísticas y semiológicas de la especia humana:

Hoy nos encontramos en una situación psicológica y lingüística particular: un cerebro filogenéticamente estructurado a un ritmo de cambio pausado y progresivo se encuentra, a finales del siglo XX, sometido a una tensión de cambio inaudita. En su entorno, están alterándose bruscamente las condiciones sensoriales y perceptivas, los sistemas sígnicos y simbólicos, las condiciones de comunicación y los sistemas de interpretación del mundo (Pérez, 2000: 89).

Este fenómeno que caracteriza la innovación específica de nuestra época puede describirse apelando a un cuádruple cambio:

  1. Multiplicación y complicación creciente de los usos lingüísticos más variados.
  2. Convergencia e hibridación constante de unos lenguajes con otros hasta crear nuevas semióticas de tipo sincrético.
  3. Ampliación y multiplicación de los sistemas de codificación, procesamiento y tratamiento de la información lingüística que hasta hace relativamente poco operaban exclusivamente con los recursos autónomos del cerebro interno biológico.
  4. Transformación radical de las condiciones de enunciación lingüística y semiológica que han alterado de modo sustancial los entornos comunicativos y han cambiado las condiciones en que se produce el sentido (Pérez, 2000: 92).

Vivimos 'sitiados' por el "asalto constante de lo icónico, no se trata ya de la resurrección de una imagen de tipo tradicional, sino de la aparición de otro espécimen de imágenes y de sistemas icónicos que están cobrando vida a nuestro alrededor y transforman nuestras percepciones" (Pérez, 2000: 93).

Cualquier niño y casi cualquier adulto de hoy en día en casi todo el planeta es asediado diariamente por infinidad de situaciones de comunicación en que el lenguaje dominante no es el escrito y ni siquiera el verbal. Consume casi tres o cuatro horas de televisión al día, que combina con una atención casi neurótica por la música moderna. Asume cientos de miles de imágenes publicitarias. Se mueve entre lenguajes muy absorbentes como el diseño de objetos e interiores, los motivos de la moda y los ruidos de un espacio urbano saturado. Nos movemos además en situaciones de comunicación que han descartado lo concreto, lo local y personal, y se construyen a través de complejos telemáticos, telepresencias y virtualidades varias (Pérez, 2000: 95).

Indica que las capacidades lingüísticas y comunicativas que desarrollamos en el actual contexto mediático tienen poco que ver con las que se enseñan en las escuelas y centro de enseñanza (Pérez, 2000: 96). Subraya que es necesario afirmar la existencia de una capacidad semiótica general que debería centrar los esfuerzos didácticos. Al respecto propone desarrollar un nuevo concepto de 'competencia comunicativa': complementar la preocupación por los contenidos y las formas con un análisis mediático. "Porque el sentido surge y se realiza siempre en una situación mediática precisa y de ella depende en gran parte", conjuntando tipos de signos diversos (verbales, corporales, icónicos, gráficos, visuales, cinéticos, simbólicos, etc.) (Pérez, 2000: 97, 98 y 100). El análisis mediático no puede pasar por alto la fisicidad del medio, su realidad material:

Un medio de comunicación, en su entidad más real, ahorma el comportamiento del comunicador y del receptor. La televisión, por ejemplo, no es sólo transmisión de imágenes; es un dispositivo que sujeta al individuo delante de la pantalla, que le impone una cierta inmovilidad corporal, que potencia unos sentidos en detrimento de otros. No podemos pasar por alto, pues, que las diversas tecnologías de la información están potenciando la absorción del movimiento corporal por parte de las pantallas... A algunos les parecerá que esto tiene poco que ver con el sentido, pero quienes dispongan de una visión más global convendrán que las pantallas son, hoy día, el germen de una especie de burbuja invisible que, no sólo ampara la transmisión de información, sino que está organizando y pautando la acción social. Esta burbuja espectatorial creciente no es sólo consecuencia del lenguaje de las nuevas pantallas; es, también, condición básica de su misma existencia (Pérez, 2000: 100 y 101).

 

4. Análisis

Como hemos visto, los medios ocupan un papel central en la conformación cultural de la sociedad contemporánea. La gestión del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos contempla dentro de su dimensión cultural promover una conciencia y sensibilidad ambiental (una cultura ambiental o ecológica). Es necesario identificar cómo se propone generar esa cultura y de manera especial el papel conferido a los medios de comunicación en dicha gestión. Se revisaron los siguientes documentos:

  • Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano (1972)
  • Plan de Acción para el Medio Humano (1972)
  • Declaración de Vancouver sobre los Asentamientos Humanos (1976)
  • Plan de Acción para los Asentamientos Humanos (1976)
  • Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992)
  • Agenda 21 (1992)
  • Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos (1996)
  • Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat (1996)
  • Programa para Continuar con la Instrumentación de la Agenda 21 (1997)
  • Declaración sobre las Ciudades y Otros Asentamientos Humanos en el Nuevo Milenio (2001).

Todos las Declaraciones, Planes y Programas tienen una conexión entre sí, no surgen de manera independiente o desconociendo lo propuesto con anterioridad. Se considera relevante analizar todos los documentos y no sólo los más recientes (redactados los últimos diez años) para identificar la lógica que ha operado durante tres décadas en la promoción del mejoramiento del medio humano y natural.

 

Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano

La Declaración de Estocolmo fue emitida en junio de 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia. Consta de 26 Principios.

Con relación a nuestro interés de investigación, el Principio 19 subraya la necesidad de contar con programas de educación sobre temas ambientales e indica que los medios de comunicación no deben contribuir al deterioro ambiental, sino difundir información de carácter educativo.

 

Plan de Acción para el Medio Humano

El Plan de Acción para el Medio Humano fue emitido en junio de 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo, Suecia. Consta de 109 recomendaciones divididas en 5 secciones. Se analizó la cuarta sección: Aspectos educacionales, informativos, sociales y culturales de las cuestiones relativas al medio (Recomendaciones 95 a 101). Recomienda:

  • Preparar programas educativos y culturales a nivel nacional sobre el medio ambiente (Recomendación 95).
  • Establecer un programa internacional de educación sobre el medio ambiente con fines prácticos (ordenación y control) tanto de carácter escolar como extraescolar considerando todos los niveles de enseñanza y aspectos logísticos, pedagógicos y temáticos (Recomendación 96).
  • Establecer un programa de información utilizando los medios para suscitar el interés popular y lograr la participación de los ciudadanos y ONGs; y mejorar la difusión de la información para reforzar las actividades comunitarias (Recomendación 97).

 

Declaración de Vancouver sobre los Asentamientos Humanos

La Declaración de Vancouver fue emitida en junio de 1976 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat I), celebrada en Vancouver, Canadá. Consta 33 parágrafos. Ninguno tiene relación con nuestro interés de investigación.

 

Plan de Acción para los Asentamientos Humanos

El Plan de Acción para los Asentamientos Humanos fue suscrito en junio de 1976 en la I Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat I), celebrada en Vancouver, Canadá. Consta de 64 recomendaciones generales divididas en 6 secciones; el análisis se concentró en las secciones E: Participación pública; y F: Instituciones y gestión. Recomienda:

  • Se requiere información y programas de educación para lograr la participación profesional y popular (Sección E. Preámbulo).
  • Garantizar legalmente el acceso a la información pública, así como informar específicamente sobre derechos y deberes relacionados con temas de asentamientos humanos para que la participación sea efectiva. Los medios deben ser utilizados ampliamente como un foro para el debate público y la participación ciudadana (Recomendación E.3).
  • Aumentar su influencia estableciendo mecanismos de comunicación con el gobierno para que la gente sea consciente de su papel en la transformación de la sociedad (Recomendación E.5).
  • Desarrollar programas de capacitación que promuevan la participación relacionada con el mejoramiento de la calidad y los estándares de vida (Recomendación E.6).
  • Proporcionar información para conservar y mejorar las viviendas y sus alrededores (Recomendación F.6).

 

Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

La Declaración de Río fue emitida en junio de 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra), celebrada en Río de Janeiro, Brasil. Consta de 27 Principios. Con relación a nuestro interés de investigación, el Principio 10 indica la necesidad de fomentar la sensibilización y facilitar la participación de la población a través de la difusión de información.

 

Agenda 21

La Agenda 21 fue suscrita en junio de 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre de la Tierra), celebrada en Río de Janeiro, Brasil. Consta de 40 capítulos divididos en 4 secciones. El análisis se concentró en los capítulos 4: Evolución de las modalidades de consumo; 7: Fomento del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos; 8: Dimensión ambiental en la toma de decisiones; en todos los capítulos de la Sección III: Fortalecimiento del papel de los grupos sociales (capítulos 23 a 32); y en el capítulo 36: Educación, la capacitación y la toma de conciencia. Recomienda:

  • Promover modalidades de consumo sostenibles (Parágrafo 4.8a).
  • Fomentar el reciclaje en el proceso productivo y a nivel familiar y personal (Parágrafo 4.19a).
  • Desarrollar programas de información sobre productos 'ecológicos' (Parágrafo 4.21).
  • Difundir información sobre el problema del consumo; concientizar a los consumidores sobre los efectos de la producción; fomentar programas de reciclaje a nivel de los consumidores (Parágrafo 4.22a, b y c).
  • Proporcionar información sobre el costo ecológico de los sistemas de producción y modalidades de consumo (Parágrafo 4.24).
  • Mediante la educación, programas de concientización pública y la publicidad de productos 'ecológicos', fomentar otras actitudes de consumo (Parágrafo 4.26).
  • Se señala la importancia de la dimensión valórica (cambio valórico) en la promoción de estilos de vida sostenibles (Parágrafo 4.2).
  • Institucionalizar el diálogo entre gobierno, empresas y sociedad civil; promover la conciencia ambiental mediante la participación comunitaria en la determinación de sus necesidades en términos de infraestructura y conservación de patrimonio cultural; capacitar a organizaciones y comunidades (Parágrafo 7.20a, b y g).
  • Ejecutar programas de información y capacitación para un uso sostenible de la energía (Parágrafo 7.51a-iv).
  • Desarrollar campañas en los medios de información para aumentar la conciencia del público sobre las consecuencias ambientales del transporte (Parágrafo 7.54b).
  • Organizar campañas utilizando los medios para crear conciencia de la importancia de desarrollar una 'cultura de seguridad' (prevención de desastres) (Parágrafo 7.60b).
  • Promover y fortalecer programas de movilización y creación de conciencia relacionados con los temas de género y la juventud (Parágrafo 7.77d-i).
  • Utilizar en los programas de capacitación tecnologías de comunicación audiovisual (Parágrafo 7.80).
  • Difundir información y crear mecanismos que faciliten la participación y la expresión de opiniones (Parágrafo 8.4f).
  • Que los medios de comunicación cooperen con los gobiernos para concientizar al público sobre la problemática ambiental y los temas del desarrollo, estableciendo asimismo mecanismos de información y participación (Parágrafo 8.11).
  • Difundir información sobre innovaciones jurídicas y reglamentarias (Parágrafo 8.16a).
  • Promover la conciencia pública sobre leyes, reglamentos y mecanismos institucionales mediante cursos, programas de educación y conferencias (Parágrafo 8.17).
  • Que las empresas presenten información a los consumidores y al público en general (Parágrafo 8.48a).
  • Que los gobiernos permitan el acceso a la información que poseean relacionada con el medio ambiente y el desarrollo (Parágrafo 23.2).
  • Desarrollar programas para aumentar el conocimiento de los consumidores, especialmente de las mujeres; cambiar modalidades de socialización, los mensajes de los medios de comunicación, la publicidad y la enseñanza para eliminar prejuicios y actitudes contrarios a la mujer (Parágrafo 24.3h y i).
  • Crear programas para capacitar a la mujer sobre tecnologías ecológicas (Parágrafo 24.8g).
  • Promover programas para aumentar la participación de la mujer y eliminar la discriminación de género (Parágrafo 24.11).
  • Facilitar la participación de los jóvenes y permitir su acceso a la información (Parágrafo 25.4).
  • Incorporar conceptos de sensibilización ecológica y desarrollo sostenible en todos los programas de enseñanza; sensibilizar sobre cuestiones decisivas para la juventud empleando métodos no académicos, los medios de información deberían colaborar (Parágrafo 25.9 d y f).
  • Ampliar la educación encaminada a crear conciencia ambiental y de los temas del desarrollo con enfoque de género; sensibilizar a las comunidades por medio de las escuelas y los centros de salud locales (Parágrafo 25.14 d y e).
  • Crear programas de educación y capacitación para los grupos indígenas (Parágrafo 26.9).
  • Proporcionar información oficial a las ONGs (Parágrafo 27.9g).
  • Que los gobiernos locales celebren consultas públicas y promuevan el consenso para aumentar la conciencia de la ciudadanía (Parágrafo 28.3).
  • Capacitar a los trabajadores para aumentar su conciencia ambiental y fomentar modos de vida sostenibles (Parágrafo 29.12).
  • Alentar al comercio y a las industria para que adopten códigos de conducta que fomenten prácticas 'ecológicas' (Parágrafo 30.10b).
  • Que las asociaciones industriales y comerciales inviten a las empresas a concientizar a sus empleados (a todos los niveles) sobre cuestiones ambientales para mejorar su funcionamiento (Parágrafo 30.14).
  • Aumentar la conciencia ética de los científicos para tomar decisiones ambientalmente adecuadas (Parágrafo 31.8).
  • Establecer grupos nacionales de asesoramiento sobre ética ecológica y del desarrollo para crear un marco de valores común para toda la sociedad; integrar esta ética en los programas de educación (Parágrafo 31.10b y c).
  • Elaborar códigos de conducta y directrices para el uso apropiado de tecnología (Parágrafo 31.12).
  • Se indica que la educación es de importancia crítica para promover el desarrollo sostenible y aumentar capacidad de las poblaciones para abordar cuestiones ambientales y de desarrollo, es indispensable para modificar las actitudes de las personas (desarrollar conciencia crítica) y es fundamental para adquirir conciencia, valores, actitudes, técnicas y comportamientos en consonancia con el desarrollo sostenible; la educación ambiental y sobre el desarrollo debe utilizar medios efectivos de comunicación (Parágrafo 36.3).
  • Establecer un enfoque multidisciplinario en la educación integrando el problema del medio ambiente y del desarrollo; crear organismos consultivos sobre educación ecológica y otros temas relevantes a nivel nacional para movilizar y apoyar a la población; estimular educación y participación ambiental con aplicación regional y local; promover la educación y la conciencia utilizando pedagogía adecuada a cada región; facilitar educación no formal; fomentar educación permanente enfocada a los adultos sobre temas ambientales y de desarrollo; eliminar de los programas de estudios prejuicios de género; incorporar saberes de las poblaciones indígenas en los programas de educación y capacitación (Parágrafo 36.5b, c, e, h, k, l, m y n).
  • Solicitar el apoyo de los medios de difusión para el desarrollo de programas de educación, capacitación y toma de conciencia (donar tiempo) (Parágrafo 36.7h).
  • Sensibilizar al público; se señala a la desinformación como causa de la poca conciencia (Parágrafo 36.8).
  • Establecer organismos de información pública considerando a los medios de difusión más importantes; mejorar los medios de divulgación de las Naciones Unidas; proporcionar información para aumentar la conciencia de todos los grupos, empresarios y funcionarios públicos; estimular a las instituciones de educación, especialmente las universidades, para que contribuyan a aumentar la conciencia del público; promover relación con los medios de información, industrias del espectáculo y la publicidad para aprovechar su experiencia con el fin de influir en el comportamiento y en las pautas de consumo del público, haciendo uso de sus métodos; emplear la tecnología de comunicación, medios audiovisuales, programas de radio y televisión, medios populares de difusión para fomentar la participación local en los países en desarrollo; integrar medios electrónicos en las zonas rurales y comunidades indígenas (Parágrafo 36.10a, b, c, d, e, f y i).
  • Crear programas de capacitación que fomenten una mayor conciencia (Parágrafo 36.12).
  • Alentar a las asociaciones profesionales para que revisen o elaboren sus códigos de conducta y desarrollen programas de capacitación considerando la cuestión ambiental (Parágrafo 36.15).
  • Incrementar la difusión y las posibilidades de uso de información (Parágrafo 36.22).

 

Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos

La Declaración de Estambul fue emitida en junio de 1996 en la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II), celebrada en Estambul, Turquía. Consta de 15 parágrafos. Ninguno tiene relación con nuestro interés de investigación.

 

Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat

El Plan de Acción Mundial del Programa de Hábitat fue suscrito en junio de 1996 en la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II), celebrada en Estambul, Turquía. El Plan de Acción Mundial corresponde al Capítulo IV del Programa de Hábitat. Está estructurado en 6 Secciones. Recomienda:

  • Elaborar programas escolares y de educación y estimular la creación de centros comunitarios para desarrollar la tolerancia cultural (Parágrafo 117d).
  • Promover cambios culturales y estructurales (leyes, políticas) con relación a la mujer y los discapacitados (Parágrafo 119e).
  • Promover programas educativos y de capacitación orientados a los jóvenes para que participen en la gestión de los asentamientos humanos; y estimular las campañas de sensibilización preparadas por la juventud (Parágrafo 120e y g).
  • Se recomienda fomentar la toma de conciencia con relación a la cuestión demográfica y las variables del desarrollo y el ambiente en los asentamientos humanos a través de campañas de información y actividades de comunicación (Parágrafo 127c).
  • Se indica que la habitabilidad requiere de la participación, el civismo y la capacitación institucionalizadas (Parágrafo 135).
  • Sensibilizar y capacitar a la gente (Parágrafo 137j).
  • Utilizar los medios de difusión para informar y educar al público sobre el uso eficiente de la energía (Parágrafo 146i).
  • Invertir en sistemas de información y comunicación (Parágrafo 156).
  • Promover programas de educación y capacitación para lograr la participación en las zonas rurales (Parágrafo 167a).
  • Crear infraestructura que permita el intercambio de información entre zonas rurales y urbanas (Parágrafo 169b).
  • Realizar programas de información y educación cívica utilizando los medios de comunicación; utilizar los medios (incluyendo nuevas tecnologías) para facilitar el diálogo, la participación, la información y la asociación (Parágrafo 182e y q).
  • Utilizar la tecnología informática para sensibilizar, educar, capacitar y facilitar el flujo de información (Parágrafo 190).
  • Desarrollar, mejorar y mantener la tecnología informática y alentar su uso a todos los niveles; capacitar para el uso de la tecnología informática; utilizar los medios electrónicos para difundir información; fomentar el uso de bibliotecas y redes de comunicación públicas; divulgar experiencias; promover a través de los medios tradicionales el uso de la informática; fomentar programas en los medios que promuevan la tolerancia y reconozcan la diversidad existentes en las ciudades; asegurar las condiciones políticas y mercantiles que permitan el acceso público a la tecnología informática y de comunicaciones (Parágrafo 191a, b, c, d, e, f, h y j ).
  • Fomentar el uso de la informática y la tecnología audiovisual para promover viviendas adecuadas y asentamientos sostenibles (Parágrafo 228j).
  • Alentar a las instituciones educativas y a los medios para que presten atención a los problemas de los asentamientos y faciliten el debate comunitario sobre las políticas correspondientes (Parágrafo 238e).

 

Programa para Continuar con la Instrumentación de la Agenda 21

El Programa para Continuar con la Instrumentación de la Agenda 21 fue suscrito en junio de 1997 por la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la evaluación del progreso ambiental y social (Río+5) alcanzado desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Está estructurado en 4 Capítulos. Recomienda:

  • Se indica que los medios han incrementando la conciencia y discusión de las relaciones entre el ambiente y el desarrollo (Parágrafo 12).
  • Promover la responsabilidad de los productores y la conciencia de los consumidores para lograr patrones de consumo sostenibles y motivar a los medios, el marketing y la publicidad para que ayuden a formar dichos patrones; y mejorar la calidad de la información relacionada con el impacto ambiental de productos y servicios; motivar cambios de actitud en los consumidores y los productores, y promover programas de información y educación (Parágrafo 28h, i y m).
  • Aprovechar el potencial de las redes electrónicas y las redes de telecomunicación (Parágrafo 97).
  • Se indica que la educación (primaria y secundaria) es un prerrequisito fundamental para el desarrollo sostenible; se recomienda desarrollar programas educativos reorientando conceptos, contenidos, enfoques y métodos con la participación de un amplio espectro de sectores e instituciones (Parágrafo 105).
  • Facilitar la difusión de información utilizando la infraestructura y los medios de comunicación e información de alta tecnología (Parágrafo 112).

 

Declaración sobre las Ciudades y Otros Asentamientos Humanos en el Nuevo Milenio

La Declaración sobre las Ciudades y Otros Asentamientos Humanos en el Nuevo Milenio fue suscrita en junio de 2001 por la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la evaluación del progreso en materia de hábitat (Estambul+5) alcanzado desde la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos. Está dividida en 4 Secciones. Indica:

  • Se reconocen como impedimentos para la instrumentación del Programa de Hábitat las carencias en información y el no aumento de la conciencia pública (Parágrafo 18).
  • Se reconoce un acceso inequitativo a las tecnologías de información y comunicación particularmente en los países en desarrollo (Parágrafo 26).
  • Se recomienda promover cambios de actitudes en lo relacionado al tema de género (Parágrafo 32).
  • Se recomienda aumentar la conciencia sobre los desafíos de los asentamientos humanos a través de la información y fomentar el cambio político (Parágrafo 37).
  • Se recomienda proporcionar más información a los pobres y sectores más vulnerables (Parágrafo 38).

 

Resultados

La educación (escolar y extraescolar), la capacitación y la difusión de información son las principales estrategias propuestas para generar una cultura de la sostenibilidad; se destaca asimismo la importancia de promover la participación. A los medios se les confiere el siguiente rol:

  • Colaborarar en actividades de educación, capacitación y/o concientización y sensibilización (Agenda 21, parágrafos 4.26, 8.11, 24.3i, 25.9f, 36.7h, 36.10e, 36.10i; Programa de Hábitat, parágrafos 146i, 182e, 190, 191h; Programa para Continuar..., parágrafo 28h).
  • Difundir información (Declaración de Estocolmo, principio 19; Plan de Acción para el Medio Humano, recomendación 97; Agenda 21, parágrafos 7.54, 7.60b, 8.11, 25.9f, 36.10a; Programa de Hábitat, parágrafos 182e, 191c, 191e, 228j; Programa para Continuar..., parágrafo 112).
  • Realizar foros de debate público (Agenda 21, parágrafo 8.11; Plan de Acción para los Asentamientos Humanos, parágrafo E.3c-v; Programa de Hábitat, parágrafo 238e).
  • Fomentar la participación (Plan de Acción para el Medio Humano, recomendación 97; Agenda 21, parágrafos 8.11, 36.10f; Programa de Hábitat, parágrafo, 182q).

La instituciones de educación son destacadas como los espacios en donde debe fundarse el cambio cultural (Agenda 21, parágrafos 25.14d, 36.3, 36.5c; Programa para Continuar..., parágrafo 105); asimismo, se subraya el papel de espacios con vocación pública, específicamente, centros de salud (Agenda 21, parágrafo 25.14d) y gobiernos locales (Agenda 21, parágrafo 28.3). Son los gobiernos nacionales los responsables de promover la cultura ambiental; los medios de comunicación deben apoyar las iniciativas diseñadas.

El impacto mediático con relación al consumo (una de las principales causas señalada por el UNEP del deterioro ambiental) es considerado en la Agenda 21 en los parágrafos 4.26 y 36.10e, y en el Programa para Continuar... parágrafo 28h; lo que se recomienda es realizar campañas en los medios que promuevan un consumo ecológicamente responsable, aprovechando la experiencia de los mismos medios.

 

5. Conclusiones y recomendaciones

Considerar el consumo de los habitantes de las zonas urbanas como una de las principales causas del deterioro ambiental global exige replantear las políticas instrumentadas para superar dicho deterioro. Así como es necesario fomentar el desarrollo ecoindustrial, el ordenamiento territorial y la planificación de asentamientos humanos con criterios ambientales aplicando mecanismos técnicos, financieros y normativos, es fundamental problematizar el papel del sujeto, específicamente, su modo de vida y pensamiento.

Bajo esta perspectiva cultural-ambiental el desafío es la formación de una personalidad ecológica: un sujeto consciente del impacto ambiental y social que producen sus actividades; profundizando en lo ambiental, que internalice su huella ecológica (12). Claudio Esteva (1993) indica que cada medio cultural produce sus líneas de conformación de la personalidad. El aspecto clave de la gestión de la sostenibilidad sería entonces la reproducción de líneas orientadoras de la conducta humana inspiradas en los valores del ecologismo. La revisión documental que hemos realizado nos ha permitido detectar que la estrategia recomendada por las Naciones Unidas para reproducir esta ideología es inadecuada, ya que considera a las instituciones educativas (educación escolar y extraescolar) como los órganos centrales en la formación valórica del sujeto, cuando hemos visto con Van Dijk, Sodré, De Fleur y Ball-Rokeach, y Pérez que los medios de comunicación las han desplazado; la estrategia se limita a solicitar la colaboración de los medios para fomentar el consumo de productos ecológicos, no analiza a fondo el problema del consumismo y la forma como los medios influyen en este fenómeno, por lo que carece de iniciativas para superar esta situación.

Sin descuidar la dimensión educativa a nivel escolar y extraescolar la política cultural ambiental debe reorientar su gestión, ampliarla: trabajar desde los medios. La reproducción de la ideología del ecologismo, o el fomento de la cultura ecológica o para la sostenibilidad, debe ser un fenómeno mediático, no sólo pedagógico e informativo. Ahora bien, Juan Luis Pintos (1994) indica que las ideologías sin determinados imaginarios que hagan creíbles los sistemas de racionalización legitimadora de los valores que proponen o son simplemente rechazadas por las mayorías o se mantienen en el puro campo de las ideas reconocidas como valiosas pero que no generan ningún tipo de práctica social o de movimiento susceptible de transformación de órdenes existentes. Esto último es precisamente lo que sucede con el ecologismo.

En base a las reflexiones sobre los imaginarios sociales elaboradas por Pintos (1994; 2000) y Manuel A. Baeza (2000), podemos señalar que una sociedad ecológica sería aquella en donde las ideas propuestas por el ecologismo se convierten en una matriz de sentido existencial colectivo que permite percibir y explicar la realidad y, sobre todo, lleva a intervenirla. El ecologismo sería una gran lente a través de la cual la sociedad se mira a sí misma y al mundo.

La realidad es construida socialmente desde determinadas perspectivas (distinciones), estas referencias (lo que es relevante y lo que no lo es) son emitidas por las instituciones que se disputan el poder (iglesias, gobiernos, grupos empresariales y políticos, movimientos sociales). Un imaginario se recrea cuando las distinciones que plantea son asumidas por un individuo como reales. Los imaginarios se expresan a través de símbolos -que pueden ser imágenes de personas o figuras de objetos y animales- y son transmitidos en nuestros días a través de los medios de comunicación (13) (periódicos, revistas, cómics, productoras cinematográficas, televisoras, estaciones de radio..., donde la publicidad juega un papel central) y obras de arte (escultura, pintura, literatura, arquitectura).

No es suficiente difundir o inculcar a través de programas educativos los valores del ecologismo, se requiere crear un universo simbólico que permita su asimilación. Este universo simbólico debe ser mediatizado. Actualmente el imaginario de los habitantes de las zonas urbanas es conformado por conceptos de éxito personal, conformismo y libertad (individualismo, hedonismo, indiferencia, superficialidad) impuestos por el mercado, la identidad se construye a partir del consumo. Una sociedad ecológica debe fundarse a partir de la ideación colectiva de los conceptos de solidaridad, justicia social y frugalidad. Estos conceptos ya son manejados de una u otra manera por los diversos credos religiosos. Se puede argumentar que las religiones han perdido poder movilizador, ciertamente lo religioso es vinculado en nuestro tiempo con la perpetuación de jerarquías y dogmas metafísicos pasando a un segundo plano las diversas formas que ha desarrollado para fortalecer lo espiritual y comunitario -aspectos presentes en el pensamiento ecosocial-, pero en casi todos los países más del 80 por ciento de la población tiene algún tipo de creencia religiosa, esa necesidad de religión es la que debe explorarse. Por otra parte, a pesar de la globalización las identidades nacionales, regionales y locales no se han disuelto, al contrario, tienden a fortalecerse. El ecologismo debe conectarse asimismo con los imaginarios de carácter geográfico, de hecho encuentra en ellos algunas coincidencias: valorizan el sentido de lugar y movilizan por factores no consumistas. Baeza precisa que la ideología permanece en su calidad de simple retórica si no se conecta con los imaginarios existentes (Baeza, 2000: 30).

Una de las funciones de los imaginarios es ofrecer certidumbre. El desafío que se impone al ecologismo es brindar algún tipo de certeza para que las sociedades puedan adquirir cierto orden y destino: contar un cuento que la gente se quiera contar. El ecologismo ha sido problematizado a nivel periodístico y educativo generando alarma y un cúmulo de conocimientos, pero no un sentido. La degradación ambiental y la posibilidad de crear una sociedad ecológica, en otras palabras, el sentido de la sostenibilidad, no ha sido construido socialmente. Cada individuo debe comprender su impacto en la biosfera; al ser este impacto, dada la urbanización, de manera indirecta, es decir, el sujeto 'no ve' el daño que ocasiona ya que se limita a consumir y producir residuos a decenas, cientos o miles de kilómetros de los ecosistemas y biorregiones que son afectados -consecuencia de pautas impuestas mediáticamente por el mercado-, la significación de su huella ecológica y de su capacidad para disminuirla cruzan por la exposición a través de los medios de modelos que problematicen su actual modo de vida y esquema mental (personalidad consumista) y muestren tipos culturales alternativos (personalidad ecológica) acordes a las diversas realidades económicas y sociales y los límites ecológicos y energéticos globales y de cada biorregión; tipos de personalidad construidos no a partir del mercado sino de la capacidad regenerativa de la biosfera y creativa de la especie humana. Cabe mencionar que las Naciones Unidas en la Agenda 21 (parágrafo 31.10b) recomiendan establecer y fortalecer grupos nacionales de asesoramiento sobre ética ecológica y del desarrollo, "a fin de crear un marco de valores común para la comunidad dedicada a la ciencia y la tecnología y toda la sociedad". El imaginario que se esboza se basa en el bien común, no en el consumo individual.

Indica Baeza:

Me parece que uno de los fenómenos más nítidos de influencia de los imaginarios sociales en el actuar es aquél de la utopía (que definiré como prefiguración hic et nunc de un mundo alternativo y futuro respecto al mundo vivido y presente). Las personas animadas de un pensamiento utópico llevan hasta las últimas consecuencias -en la elaboración imaginaria- la construcción de un nuevo mundo, construcción que podrá ser tildada de fantasmagórica por los escépticos, de quimera sin destino. Se suele, no obstante, distinguir entre utopías realizables (cuando se busca la obtención de medios adecuados para su concretización futura) y utopías irrealizables (cuando no se buscan dichos medios). En todo caso, atendiendo el frenesí con el cual los hombres se precipitan a una presunta domesticación del tiempo futuro (por vías diferentes), lo que me parece más difícilmente defendible es que las sociedades se despojen totalmente de la modalidad de pensamiento utópico (Baeza, 2000: 9 y 10).

El ecologismo es sin duda un pensamiento utópico realizable: existen ya experiencias y proyectos en materia energética, económica, agrícola, pesquera, ganadera, de organización social y productiva orientados por la eco-lógica. Dadas las condiciones ambientales, sociales e incluso económicas prevalecientes en el mundo se dibuja no como una alternativa sino como el modelo que debe adoptarse. Pero así como el ecologismo señala los límites del sistema capitalista el pensamiento crítico debe señalar los límites del ecologismo, específicamente, el riesgo de que se convierta en un sistema antidemocrático. El éxito de una sociedad ecológica depende en parte de que no sea impuesta de manera autoritaria, por esta razón las medidas regulativas en favor de la protección ambiental (impuestos, multas) en vez de fomentar una actitud ecológica estimulan el rechazo hacia todo lo relacionado con propuestas ecologizadoras. El ecologismo debe difundirse demostrando los beneficios económicos y sociales que puede producir -en algunas ciudades y regiones ya hay proyectos concretos.

La posmodernidad ha sido una época caracterizada por la inmovilidad en materia de construcción teórica de proyectos sociales. La justificada crítica hacia los metarrelatos clausuró la reflexión orientada hacia la búsqueda del bien común: pensar y hablar en nombre de 'la humanidad' suena sospechoso. Pero la desconstrucción del pensamiento cuyo objetivo es la creación de modelos sociales alternativos debe verse como un aspecto positivo ya que este ejercicio crítico permite, al señalar sus supuestos y puntos ciegos, esbozar modelos civilizadores más incluyentes y sostenibles. En este caso la posmodernidad aportaría elementos para construir la sociedad ecológica.

Desafortunadamente, el escepticismo posmoderno ha sido utilizado por el mercado para difundir un tipo de sociedad de acuerdo a sus fines, pero el 'todo vale' que ha favorecido el individualismo y el consumismo es ecológica y socialmente insostenible. Así como Gardner y Lewis indican que el relativismo cultural encuentra límites en el tema de género y la pobreza, el problema ambiental y la sostenibilidad invitan a pensar la dinámica societal a partir de la capacidad de resiliencia de las biorregiones, es decir, de los límites biofísicos y sociales y no de la maximización del consumo disfrazada de libertad. De modelos económicos orientados 'hacia fuera' desconocedores de los procesos que sustentan la vida debemos transitar a modelos económicos orientados 'hacia dentro' (endógenos) que internalicen y se construyan a partir de estos procesos.

La participación social está en función de los imaginarios compartidos, son estos los que movilizan a la gente para intervenir (transformar) la realidad: más que una convocatoria masiva se requiere un proyecto socialmente anhelado, una utopía, la visualización de una realidad diferente posible. Es aquí cuando el sujeto se convierte en actor, citando a Ulrich Beck, regresa a la sociedad: las iniciativas ciudadanas son las que definen actualmente los temas del futuro (reinvención de la político); el ecologismo ha ganado espacios precisamente por esta acción -es necesario destacar el papel de los hombres y las mujeres de ciencia que han dejado su 'neutralidad' científica para gestionar la sostenibilidad-. Por esto es fundamental concentrarse en la manera como los individuos (las sociedades) construyen su 'realidad' (qué es problematizado, qué es denominado relevante, qué es calificado de interés público, qué debe ser regulado o administrado por el Estado, etc.) y cómo estas 'realidades' surgen de instituciones y grupos específicos con intereses específicos. La influencia de los medios en este proceso es central, por eso deben democratizarse; esta propuesta no es nueva: la realizó Hans Magnus Enzensberger en 1970 (14). Sin embargo, la crítica a la mediatización y al consumismo ha sido ignorada por las Naciones Unidas: las estrategias culturales planteadas no se estructuran en torno a esto.

Bajo la perspectiva que hemos intentado presentar en este trabajo, la gestión del desarrollo sostenible de los asentamientos humanos debe, junto a las diversas medidas de carácter tecnológico, financiero, normativo y educativo propuestas por el UNEP y el UNCHS, transmitir a través de los medios de comunicación modelos conectados con los imaginarios religiosos e identitarios existentes en cada nación, región y localidad que permitan a la gente visualizar el tipo de sociedad propuesta por el ecologismo -sus beneficios a corto y largo plazo-. No existe el imaginario (la utopía) que movilice a la gente en favor de la sostenibilidad: se requieren imágenes, metáforas, relatos, espacios urbanos, símbolos, etc., que introduzcan en las sociedades el proyecto ecológico como posibilidad. Por concentrarse en el mundo natural el ecologismo ha descuidado el mundo de las ideas (la cultura); ha profundizado en lo técnico, no en lo simbólico. Pero la utopía ecológica debe considerar el proceso de urbanización que experimenta la humanidad. Los símbolos existentes relacionados con el ecologismo están inspirados en culturas indígenas o campesinas premodernas, no reflejan la cotidianidad del sujeto urbano posmoderno, como ejemplo podemos citar el discurso adjudicado al Jefe Seattle (15).

La creación de un universo simbólico que dé sentido al proyecto ambiental debe elaborarse asumiendo que el 'texto' que lee el sujeto urbano en su vida diaria está conformado por estructuras, artefactos, máquinas, edificios, anuncios, carteles, fotografías, pantallas... no por la naturaleza (los árboles y las plantas en las ciudades son ornamento), la cual es significada estética o terapéuticamente, no en su complejidad de sistema sustentador de la vida. Si antes la mayoría de los seres humanos interactuaban en su cotidianidad con los elementos, plantas y animales, ahora los medios condicionan de una u otra forma su existencia. Los ciclos que ocurren en la biosfera, de los cuales las sociedades dependen, no son percibidos por los habitantes de las zonas urbanas: ¿cómo significar el agotamiento del agua y los suelos cuando se compra agua embotellada y comida enlatada y empaquetada y se reciben mensajes que invitan a perpetuar un sistema económico y cultural basado en la sobreexplotación de los mantos acuíferos y los suelos? ¿Cómo significar la huella ecológica cuando su impacto no es experimentado directamente?

De un discurso en pro de la sostenibilidad naturalista centrado en proteger la biodiversidad y desarrollar tecnología no contaminante y energéticamente eficiente, pasamos a una perspectiva culturalista en donde los imaginarios sociales es el aspecto que debe ser analizado para favorecer la conservación y el ecodesarrollo. El problema ambiental había sido discutido sin profundizar en la dimensión ideológica -las ideologías habían muerto-. Pero al explorar el papel que ocupan los imaginarios en la determinación de lo socialmente deseable, el peso de las creencias e ideas compartidas por la gente evidencia el trasfondo ideológico de la relación de los seres humanos con el ambiente (urbano, rural y natural), cómo lo constituyen. La protección y restauración de ecosistemas y el desarrollo de ecotecnologías, ecoindustrias y ecogobiernos -y ecomedios- y la adopción de modos de vida posconsumistas será producto de decisiones aprobadas colectivamente, consideradas por la sociedad como convenientes.

La reflexión sobre la sostenibilidad debe explorar la conformación de la cultura: la manera como las ideas circulan dándole sentido a las sociedades. Circulación que acontece en nuestros días principalmente a través de los medios de comu-nicación. Hoy la mediatización favorece el desarrollo de una personalidad no ecológica (insostenible). La gestión de asentamientos humanos sostenibles debe modificar este proceso.

 

Corolario

La revolución tecnocomunicacional multiplica la circulación de información que facilita la gestión de la sostenibilidad... y las formas de evasión. Es un problema de conocimiento y de sentido: anhelos, opciones de existencia, tiempo y atención, arraigo y desarraigo. Los medios acercan el mundo lejano y alejan el mundo cercano: se piensa más en viajar a lugares paradisíacos que en habilitar y habitar el barrio, la ciudad y la biorregión donde se reside, ir al paraíso, no construirlo; o, en todo caso, adquirir un 'algo' para escapar, sin desplazarse, de lo cotidiano. Los medios, en este caso, no son una herramienta para la gestión de la sostenibilidad. Esto también debe ser agendado.

El lenguaje del imaginario es múltiple. Circula por todas partes en nuestras ciudades. Habla a la muchedumbre y ella le habla. Es el nuestro, el aire artificial que respiramos, el elemento urbano en el cual tenemos que pensar.

Michel de Certeau

 

6. Referencias

1. Se estima que para el año 2015 el 53.2 por ciento de la población mundial residirá en centros urbanos (localidades con más de 5000 habitantes); para el año 2030 se calcula que lo hará el 60 por ciento. Todos los países aumentarán su nivel de urbanización -aun los ya urbanizados-. Actualmente cerca del 50 por ciento de la población mundial vive en zonas urbanas.
2. Se emplearán en este trabajo indistintamente los términos ambiental y ecológico.
3. Destacan, entre otros, los trabajos de Rachel Carson (Primavera silenciosa, 1962), Jean Dorst (Antes que la naturaleza muera, 1965), Barry Commoner (Ciencia y supervivencia, 1967), Paul R. Ehrlich (La bomba de la población, 1968), Lewis Mumford (Perspectivas urbanas, 1968), Paul R. y Anne H. Ehrlich (Población, recursos, medio ambiente, 1970), Max Nicholson (La revolución del medio ambiente, 1970).
4. UNESCO: United Nations Education, Science and Culture Organization.
5. M. Diani da la siguiente definición de movimiento social en un intento por sintetizar la teorización actual: "Un movimiento social es una red de interacciones informales entre una pluralidad de individuos, grupos y/u organizaciones, ocupados en un conflicto político o cultural, en base a una identidad colectiva compartida" (Valencia et al., 1999: 207).
6. UNEP: United Nations Environment Programme.
7. UNCHS: United Nations Centre for Human Settlements.
8. En su ensayo, Vessuri se refiere a la antropología ecológica como ambiental.
9. Patrones y tradiciones basados en símbolos diferentes asociados a subgrupos de la sociedad.
10. Conjunto de manifestaciones que exteriorizan una rebelión contra las actividades ideológicas o artísticas dominantes.
11. La influencia de la elite de arriba hacia abajo, destaca Van Dijk, es el caso del origen del movimiento ecologista: "Inicialmente el público en general estaba escasamente consciente de las condiciones y las consecuencias de la contaminación. Sólo cuando la amenaza para la salud y la supervivencia, tanto de la humanidad como de la naturaleza, fue claramente demostrada por la investigación (Club de Roma) y por ejemplos concretos (como Chernobyl), los ecologistas pudieron ser un movimiento popular. La percepción y la forma de conciencia, de este modo, a menudo es un constructo social, y las elites pueden desempeñar un papel en la invención de tal constructo" (Van Dijk, 1999: 222).
12. Superficie de tierra y agua biológicamente productivas que requiere un individuo (o una población) para obtener los recursos que demanda y para que se asimilen los desechos que genera -usando tecnología convencional.
13. Denominados por Pintos como 'empresas de construcción de realidades'.
14. "Constituents of a theory of the media" (New Left Review, No. 64, noviembre-diciem-bre 1970).
15. El autor del discurso fue el guionista de la película que lo popularizó: Ted Perry (Home, 1972). Seattle fue jefe de los indios suquamish y duwamish, tribus asentadas hasta mediados del siglo XIX en el territorio que actualmente corresponde al estado de Washington, Estados Unidos. Más información: http://www.snopes2.com/quotes/seattle.htm

 

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