THEOMAI*

RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO /
 
SOCIETY, NATURE AND DEVELOPMENT STUDIES NETWORK 

    
 

HACIA UNA SOCIEDAD ECOLOGICA

 

Armando Páez G

Correo-e: aaopz@yahoo.com

Artículo publicado en Formación Ambiental. Organo informativo de la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Volumen 13, Número 28: 10-12. Enero-junio 2001

 

El filósofo paseaba por los campos cuando encontró en el río a un pescador muy atareado.
-¿Qué haces, buen hombre? -le preguntó.
-Echo las redes.
-¿Para qué?
-Para pescar.
-¿Para qué quieres pescar?
-Para vender el pescado.
-¿Para qué quieres venderlo?
-Para obtener algunas monedas.
-¿Y para qué quieres el dinero?
-Para comer.
-¿Pero, para qué quieres comer?
-¡Para vivir señor, para vivir!
-¿Pero para qué quieres vivir...?
El pescador se quedó perplejo, y enmudeció.
-¿Para qué quieres vivir ?- insistió el filósofo.
El pescador caviló unos momentos y al fin respondió:
-Para pescar.

Giovanni Papini

 

1. América Latina y el Caribe vivieron durante la segunda mitad del siglo XX los tiempos del desarrollo; la modernización se transformó en discurso y presupuesto. Proyecto agotado por los efectos sociales y ambientales que trajo consigo, es incapaz, por su propia dinámica basada en la explotación del ser humano y la naturaleza, de mejorar o no pauperizar las condiciones de vida de millones de personas en el continente y de no dañar aún más la biosfera(1).

Los tiempos del desarrollo llegan a su fin. Su epílogo puede leerse en la miseria que rodea a las ciudades más pobladas y en los humos que las cubren; se lee en las calles de las poblaciones rurales; en los campos abandonados; en la erosión y deforestación; en los ríos y las playas; en el rostro del migrante y de la madre soltera que vende productos importados de manera ilegal a pocos metros de un McDonalds.

Deberíamos anunciar la llegada de los tiempos de la sostenibilidad(2), cuando al contrario, los tiempos que llegan son, precisamente, los de la insostenibilidad: ¿cómo llamar entonces al agotamiento de la capacidad productiva natural de los suelos, a la pérdida de diversidad biológica y cultural, a la "desertización" de los litorales, al desempleo crónico, a los millones de dólares que invierten los políticos (de derecha, izquierda y centro) durante las campañas electorales, al crecimiento sostenido de la pobreza? Modelo económico, político, urbano, agrícola, pesquero, ganadero, educativo... no-sostenible. Mientras más riqueza se genera más riqueza se requiere para sostenerla... en un mundo de recursos limitados y seres humanos con aspiraciones diversas y dolores similares. No es apocalíptico anunciar el colapso del actual modelo civilizatorio: sólo así las imaginaciones tendrán un motivo para esbozar otras formas de producción y reproducción humana.

La pobreza, el desempleo, el comercio informal(3), la contaminación evidente (fácilmente perceptible, vgr., el esmog), la drogadicción y el narcotráfico no son los únicos desafíos que se presentan en la región. Surgen así diversos aspectos del desarrollo que no reciben aún la atención que merecen.

i) La población envejece. Si bien lejos estamos de una media alarmante (como es el caso de algunos países europeos), el número de personas mayores de 65 años crece. Esto demandará subsidios para la atención médica y el cuidado personalizado en algunos casos, la construcción de asilos y su mantenimiento, la generación de empleos adecuados para las personas cuya pensión sea insuficiente (la mayoría), la creación de espacios y eventos para la recreación y el ocio. América Latina y el Caribe serán sorprendidas por la vejez, cuando aún no dejan de ser jóvenes.

ii) La región cada año aumenta su consumo de petróleo. Para muchos esto puede ser un signo alentador (la región se industrializa, hay consumo), pero mirándolo a largo plazo provoca más preocupación que alegría. El agotamiento del hidrocarburo pronosticado para mediados del siglo XXI traerá, por una parte, el aumento de su costo, y por otra, la necesidad de realizar la transición tecnológica que el mercado (industrias energéticas-pospetroleras, de transporte, químicas...) indique. En menos de dos décadas la economía global (nacionales/locales) sufrirá las consecuencias de su adicción al petróleo. ¿Serán las pequeñas empresas -generadoras de más del 70 por ciento de los empleos en cada país- y las administraciones municipales capaces de enfrentar el costo del cambio industrial?

iii) Crecen las huellas ecológicas. El paso de sociedades campesinas a urbanas-metropolitanas(5) produjo un cambio de modos de producción y reproducción social. De sociedades relativamente autosuficientes (con baja dependencia de productos e insumos externos) integradas a los ciclos naturales, pasamos a ser sociedades de consumo (dependientes de productos e insumos externos) desintegradas de la naturaleza. La industrialización, urbanización y mediatización del continente ha traído consigo patrones productivos-reproductivos que tienen un impacto negativo en los ecosistemas, agrosistemas y sistemas pesqueros. Somos sociedades que demandan cada vez mayor energía, agua y madera para "funcionar", generamos más contaminantes y residuos industriales y domésticos y modificamos negativamente la calidad de los suelos y mantos acuíferos. Más allá del calentamiento global, el problema ecológico debe mirarse como una autoesterilización biorregional: al alterar o destruir los ciclos naturales nos volvemos incapaces de autorreproducirnos, destruimos los recursos que nos permiten sobrevivir, aumentamos nuestra dependencia.

iv) Mala alimentación. Las revoluciones agrícolas y biotecnológicas del siglo XX aparentemente trajeron beneficios a corto plazo, pero las consecuencias comienzan a hacerse evidentes. Plaguicidas, herbicidas, fertilizantes químicos y productos transgénicos alteran la diversidad biológica que permite la vida en la Tierra y pone en riesgo la salud del que ingiere los alimentos producidos por ellos. A la desnutrición, malnutrición y sobrenutrición habrá que agregar el problema de "alimentarse" con productos vegetales y no vegetales contaminados con sustancias tóxicas y/o genéticamente alterados. Ingerir determinado número de calorías ya no garantiza vivir sano. Otra revolución agrícola -alimentaria en general si consideramos el impacto de la industria pesquera y ganadera- es urgente.

Los problemas arriba mencionados son asuntos públicos, demandan la intervención del Estado (esa organización humana que vigila el bienestar común), es decir, subsidios, fiscalización, regulación, asesoramiento. Sin embargo, la problemática esbozada requiere de otro Estado, más allá del benefactor y, por supuesto, del capitalista.

La región no superará su coyuntura destinando más gasto en salud y educación. Si bien la inversión debe hacerse, más camas de hospital y computadoras en las aulas, más médicos por familia y profesores de inglés no garantizan el bienestar social. La crisis ecológica produce la crisis del Estado benefactor. El desafío no sólo es una mayor cobertura del sistema de salud y la tecnologización de la educación, sino una población sana capaz de reflexionar sobre la importancia de esto, de reproducirse sin atentar contra las interrelaciones biológicas y sociales que permiten la vida. El nuevo paradigma es la Ecología Humana, no el crecimiento económico sostenible.

2. La lógica del Estado contemporáneo (capitalista) no es atender las demandas de la población sino crear las condiciones que permitan la reproducción y apropiación del capital (natural, social, cultural, humano, financiero). Lo ecológico no entra en su lógica, lo social y cultural la entorpecen; lo importante es el comercio, el consumo. Un Estado popular desmantelado, un Estado benefactor no consolidado, un Estado capitalista ciego y sordo... Los desafíos demográficos, energéticos, ecológicos y alimentarios demandan un rescate de lo político y de las instituciones encargadas de vigilar el bien común.

Tiempos sostenibles bosquejan una sociedad ecológica. Podremos hablar de poscapitalismo cuando se valore más, por ejemplo, no contaminar que echarse un dólar más al bolsillo. Una sociedad ecológica no es aquella en donde lo natural (especies animales y vegetales) tiene más importancia que lo humano; en ella lo humano se entiende como parte de la naturaleza, como un elemento capaz de producir su destrucción o autorreproducción: de criticar sus estilos de vida y corregirlos. Una sociedad ecológica es una sociedad reflexiva. Este tipo de sociedad requiere un Estado ecológico.

Si en una sociedad capitalista lo importante es la reproducción del capital, en una sociedad ecológica la conservación y generación de ciclos naturales y sociales que permitan la vida es lo esencial. Hablamos de sistemas de producción, distribución, consumo, organización, creatividad y discusión que superen el consumismo, la cosificación de todo lo que existe.

Una sociedad ecológica traerá consigo ajustes en los sistemas productivos: muchas industrias deberán disminuir su producción, parar temporalmente o, incluso, desaparecer. Es necesario por lo tanto generar otras actividades -no sólo productivas sino educativas, culturales y recreativas.

Estos ajustes conllevarán a una nueva valoración de los espacios locales: lo importante ya no será únicamente el crecimiento económico de las empresas, sino la vida de la comunidad. Tiene sentido plantear la búsqueda de autosuficiencia alimentaria y elaboración local/regional de diversos productos para el hogar y los talleres locales y microindustrias. Al colocar al capital como elemento y no como destino del sistema social el trabajo se redefine: adquiere valor por sí mismo. La transición industrial y el reforzamiento de las capacidades comunitarias exigirán subsidios. Esto que suena absurdo para la lógica neoliberal es impostergable para la racionalidad socioecológica. Es aquí donde debe erigirse la figura de un Estado ecológico, promotor y garante del cambio industrial, el cual no sólo deberá proteger los recursos naturales y humanos que permitan la reproducción social, sino fomentar las actividades productivas y reflexivas que no pongan en riesgo esa reproducción.

La utilización de tecnologías no petroleras (solares, eólicas), el cambio de los patrones de consumo y la producción de alimentos libres de sustancias tóxicas y alteraciones genéticas son parte del proyecto ecosocial; por otra parte, al valorarse la autorreproducción comunitaria sobre lo productivo-comercial todos los grupos etarios tienen la posibilidad de participar.

Un ejemplo de proyecto ecosocial serían los huertos orgánicos comunitarios. Con relación a los problemas citados anteriormente, se presentarían los siguientes beneficios: 1) No sólo serían un espacio de trabajo para ancianos, permitirían asimismo la integración de jóvenes y cesantes, ya que para trabajar en ellos no se requiere de intensos y costosos programas de capacitación. 2) La principal fuente de energía en la agroecología es el Sol; al no requerir insumos químicos y ser intensiva en mano de obra se libera de la dependencia petrolera. 3) Como no utiliza pesticidas y otras sustancias tóxicas, la agricultura orgánica no contamina suelos y mantos acuíferos, además, al promover el policultivo favorece la conservación de la biodiversidad. La huella ecológica de los grupos que practican la agroecología se disminuye, es más, el ser humano tiene una influencia positiva sobre la biosfera. 4) Los alimentos producidos en estos huertos son "naturales", no sufren las alteraciones que la industria alimentaria convencional genera y justifica por motivos comerciales.

¿Son los proyectos productivos de pequeña escala, las prácticas agroecológicas, la pesca artesanal, la reorientación de lo económico a lo local y microbiorregional soluciones a la crisis socioambiental? ¿Cuántos de los problemas que hoy sufrimos como sociedad son consecuencia de nuestra incapacidad de ver los círculos viciosos en los que hemos caído?

3. Una sociedad ecológica no sólo exige un replanteamiento del Estado sino de las ciencias en general y de las ciencias sociales en particular. ¿Cómo afecta esto a la antropología? Una visión del ser humano que trascienda el homo oeconomicus debe ser planteada. El ethos solidario-ecológico poco valorado en los tiempos del desarrollo(5) ocupa en el nuevo proyecto un lugar central.

Un proyecto antropológico ecosocial supera los estudios de la antropología ecológica: más allá de estudiar cómo el medio natural determina los estilos de vida de los grupos humanos o las relaciones entre las culturas y la naturaleza, se abre un proyecto de búsqueda y difusión de experiencias socioecológicas en espacios rurales y urbanos (sistemas organizacionales, imaginarios colectivos).

Una antropología poscapitalista deberá concentrarse en las experiencias que superen, a partir de una postura crítica, la dinámica del capital, es decir, proyectos que interpongan el valor de uso al valor de cambio, la racionalidad sustantiva a la instrumental, la comunidad al mercado, lo local cotidiano a lo global efímero. Una antropología que supere las modas regresando a los modos.

No estamos ante una antropología explicativa (que sólo busque los porqués) o interpretativa (los qué dijo), sino política: no sólo es relevante estudiar los sentidos (significaciones) que sustentan la reproducción ecosocial, sino generarlos. Una antropología política por su sentido proyectivo y prospectivo: la sociedad ecológica es la utopía.

Esta sociedad demanda unas ciencias sociales que superen la interdisciplinariedad: el reto para ellas no consiste en trabajar entre sí, sino en cruzar las fronteras científicas. Debemos hablar no sólo de multidisciplinariedad sino de transdisciplinariedad: la reflexión sobre la cultura, la sociedad, la mente, la economía, la historia de los lugares debe ser parte de los profesionistas directamente vinculados con la producción, reproducción y vida cotidiana de las comunidades. Médicos, arquitectos, abogados, administradores, ingenieros, profesores, etc., afectan los cuerpos, espacios y organizaciones de las personas. Las relaciones y situaciones que determinan el habitar no son fortuitas.

Si bien las ciencias sociales en su crítica epistemológica han sido capaces de verse a sí mismas, las profesiones "liberales" deben autoobservarse: ser conscientes del peso de sus decisiones. Un mundo más humano requiere de imaginarios que rescaten al ser humano. Una sociedad ecológica será fruto de procesos reflexivos y de toma de decisiones.

Sociólogos, antropólogos, psicólogos, economistas, historiadores, deben salir de sus herméticas discusiones y regresar al ser humano, a sus actividades mentales, sociales y culturales, a las interrelaciones que las permiten. Deben dialogar con los no científicos.

La revolución pendiente en las ciencias sociales -y por lo tanto de la antropología- no es tecnológica, ni metodológica, ni epistemológica: es social. Hacer de la ciencia algo accesible para todos, no de unos cuantos; que los conocimientos y pensamientos acumulados sean patrimonio de la humanidad. De esta manera la vivienda, la educación y la salud serán poscapitalistas. Sólo entonces podremos hablar de un mundo moderno y, quizás, posmodernizado: solidario y ecológico.

 

 

Notas

1.Es necesario cuestionar por qué si desde la década de 1950 se destinan a la región millones de dólares para erradicar la pobreza y desde mediados de la década de 1980 se han multiplicado las inversiones en restauración ambiental y "ecologización" de las prácticas industriales, los habitantes de la región ven disminuir cada año su calidad de vida.
2. A partir de la década de 1990 se habla de un nuevo paradigma del desarrollo: el desarrollo humano sostenible.
3. El comercio informal es mal visto por el discurso oficial, cuando permite a millones de personas subsistir.
4. Más del 80 por ciento de la población latinoamericana y caribeña vivirá en centros urbanos la primera mitad del siglo XXI. El fenómeno de urbanización continental es un proceso de metropolización concentrada, entendiendo por esto un fenómeno de crecimiento urbano transmunicipal caracterizado por el superpoblamiento de sólo ciertas ciudades. Santiago, Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro, Lima, Bogotá, Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México son los principales centros metropolitanos de la región. Sin embargo, este proceso de presenta, si bien con menor población, en otras ciudades generando un patrón de asentamiento similar pero a menor escala. Córdoba, Valparaíso-Viña del Mar, Concepción, Porto Alegre, Caracas, San Juan, Puebla, Torreón, Tijuana y Ciudad Juárez, entre otras, son ciudades "menores" que pueden ejemplificar el fenómeno indicado.
5. El capital social -concepto difundido los últimos años por los organismos internacionales- no responde a la lógica ecosocial, ya que lo social se valora por su capacidad de reproducir el capital financiero. Lo mismo se puede decir del capital humano y del capital cultural. Lo social, lo humano y lo cultural están en función del mercado.

 

   

 

    
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