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RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO
  

    
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Producción Agraria y Transformaciones Ecologicas en la Argentina. Los Límites de la Producción Rural Pampeana. 1930-1950. *

 

Adrian Gustavo Zarrilli (UNQ/UNLP/CONICET)

 

1) Introducción:

El conocimiento de la naturaleza y de la interacción entre ésta y el hombre puede darnos importantes claves para analizar la historia humana. Sí aceptamos que el medio natural condiciona, moldea, pero es a su vez construido o arrasado por las diferentes sociedades que en él se asientan, podemos hablar de una historia ecológica, que sin caer en una posición determinista, nos ayude a comprender mejor la evolución del devenir histórico, relacionando las condiciones naturales con el desarrollo social y político de una determinada sociedad. Nos proponemos demostrar que las condiciones ambientales de un país y de una región, están íntimamente relacionadas con el modelo de desarrollo elegido y con las distintas fases del mismo por las que esa región o país atraviesan.

Los estilos de desarrollo han determinado y se han expresado a través de diversas formas de la interacción sociedad-naturaleza. Los diferentes grupos humanos utilizan los recursos naturales de distinta manera: dan un uso productivo a unos, depredan otros y mantienen varios sin utilización. El vínculo material entre unas y otros son las tecnologías, como conjuntos de conocimientos y habilidades aplicados a la explotación de los recursos naturales. Su forma de uso depende del conocimiento tecnológico, pero se relaciona también y muy especialmente con aspectos económicos, sociales y culturales, que interactúan, modificando las percepciones que de los recursos se tienen en la sociedad. Así, cada organización social tiene una relación diferente con la naturaleza; en consecuencia son distintos los impactos de sus actividades sobre el medio y, por supuesto, también lo son las consecuencias ecológicas y sociales de estas actividades.

La compleja relación entre sociedad y naturaleza, y su influencia en un proceso histórico dado, ha sido poco evaluado por los investigadores, que en muchos casos se han olvidado del carácter histórico de las relaciones entre las mismas, escribiendo una historia sin naturaleza y una ecología sin sociedad.

Es a partir de este planteo, que estudiaremos los límites de la producción agraria pampeana, a través de la vinculación existente entre las transformaciones ecológicas y el modelo productivo característico de la región.

2). Los cambios ecológicos ocurridos en la región pampeana (1880-1930):

En cada una de las etapas del desarrollo argentino encontramos una problemática ambiental determinada, que se desprende de la forma de utilización de los recursos y en definitiva del proyecto de nación que se llevó a cabo.

En la Argentina dicho proyecto tuvo como centro, en la segunda mitad del siglo XIX, a la región pampeana. Nos referimos a una amplísima estepa herbácea, de unos 52.000.000 de hectáreas, de temperaturas benignas, un régimen pluvial regular todo el año, y suelos profundos con alto contenido de materia orgánica.

Es entre 1880 y 1930 -cuando la República Argentina se inserta en el mercado internacional- el momento en que se dió un crecimiento sostenido, a un ritmo y duración que el país no había conocido. El eje de esta expansión fue la utilización productiva de los ecosistemas pampeanos, a partir de que los sectores dirigentes orientaran el uso de los recursos naturales con un específico criterio de especialización. A partir de ello el paisaje pampeano cambió rápidamente ante la necesidad de mejorar la calidad de las carnes y acelerar el engorde, se mestizaron razas nativas con inglesas, se parceló la tierra mediante alambrados y los ecosistemas pastoriles nativos de gramíneas duras fueron reemplazados por otro de gramíneas tiernas y alfalfares de mayor productividad y aptitud para las nuevas razas. El sobrepastoreo deterioró el suelo, facilitó la expansión de las malezas, aceleró los procesos erosivos, agravó la colmatación de las lagunas y alteró el régimen de los ríos. O sea que los desequilibrios ecológicos provocados por la puesta en producción de la pampa húmeda fueron en esta época tan importantes en su magnitud que comprometieron la futura utilización de los recursos naturales. (1)

Otro de los factores que aumentó la inestabilidad del sistema fue que a causa de la utilización intensiva de las tierras alejadas (más baratas y comunicadas por los ferrocarriles) se produjo una concentración de la agricultura en los bordes oeste y sur de la pampa húmeda (que eran los de menor calidad edafológica), con lo que quedó mucho más expuesta a los problemas ambientales y en especial al deterioro del suelo producto de la desertificación. Un tercer factor, ligado a los anteriores, fue que se eliminó casi por completo -a roza y tala- el bosque ralo pampeano, que era una ancha franja de árboles (caldenes) y de arbustos varios, que iba desde San Luis hasta Bahía Blanca. Este cinturón boscoso protegía de la erosión eólica y formaba parte de la herencia ambiental de la pampa.. Bajo este impulso, los ecosistemas pampeanos sufrieron su mayor transformación. (2)

3. La erosión eólica en la subregión occidental pampeana.

Aproximadamente a fines del siglo pasado fue cuando comenzó la colonización de grandes extensiones de campos situados en el oeste de la provincia de Buenos Aires, sudoeste de Córdoba, sudeste de San Luis y este de La Pampa. En los primeros años la roturación de las praderas vírgenes produjo rendimientos notables de granos que impulsaron a los productores a aumentar las áreas bajo cultivo, sin tomar -por falta de asesoramiento técnico adecuado- las más simples medidas de precaución para evitar el desgaste de los suelos que ya se insinuaba a los pocos años de explotación. El manejo equivocado de ese recurso determinó la desaparición de los escasos elementos de cohesión de que naturalmente estaba provisto (materia orgánica y coloides minerales), facilitando así la acción erosiva del viento. En este proceso el arado de vertedera fue uno de los instrumentos responsables de la destrucción del suelo.

Desde la primera década de nuestro siglo el problema de la erosión eólica y los cambios climáticos se presentaron como una terrible realidad por las pérdidas de las cosechas y la destrucción del suelo agrícola. Pero es hacia fines de los años `20 cuando se incrementan las superficies afectadas por el fenómeno erosivo que llegó a conmover la estabilidad económico-social de grandes núcleos de la población. La erosión eólica había alcanzado para esa época la categoría de un problema grave y permanente.(3)

Las causas de la erosión tienen dos orígenes: las naturales y las económico-sociales. Las primeras derivan de las características ecológicas que prevalecen en la región afectada, especialmente gravitantes son el tipo de suelos y el clima, que posibilita o detiene el fenómeno. En cuanto a las causas socioeconómicas se manifestó un manejo equivocado del suelo, la destrucción de la vegetación nativa, la tala de bosques, la labranza del suelo a destiempo, sobrecarga de potreros de haciendas, destrucción de la escasa materia orgánica que daba cierta cohesión a las tierras sueltas, etc. Esta actitud fue motivada por falta de asesoramiento técnico, la exigua superficie de explotación que asignaron las compañías de colonización, y la llamada "acción de fomento" de ciertas empresas de ferrocarriles. (4)

Durante los primeros años de la década de 1910 comenzaron a notarse sequías, primero un año de cada tres, luego dos de cada cuatro, algunos médanos comenzaron a moverse, y así hasta que en la década del 30 estalló lo que diversos autores llamaron "la crisis climática" (5). En este caso las sequías, cada vez más frecuentes e intensas, encontraron un área sin protección a causa de los desmontes y el reemplazo de la vegetación natural, por lo que el avance del desierto, para desesperación de todos los actores sociales (colonos, empresas de ferrocarriles y el gobierno) fue relativamente rápido. Los médanos se movieron hasta el partido de Nueve de Julio, muy adentro de la provincia de Buenos Aires. Más al oeste la situación era dramática, la arena lo cubría todo hacia el oeste (por ejemplo los ferrocarriles debieron destinar en algunos tramos cuadrillas permanentes para despejar las vías) y en las cercanías de Buenos Aires volvieron a asomarse las tormentas de polvo. El gobierno intentó remediar las cosas, otorgando algunos créditos para sembrar sobre la tierra seca agravando el panorama de la producción agrícola.

La manifestación de los daños que provocó el fenómeno de la erosión, se hacía de modo instantáneo y espectacular, "tormentas de tierra" en el caso de la erosión eólica y de manera continua, sistemática, en el caso de la erosión hidráulica. Por la manifestación de sus efectos, pueden compararse a organismos humanos sometidos a un colapso, previo su natural debilitamiento, en el primer caso, y a un proceso progresivo debilitador de su fortaleza, en el segundo.

Un cálculo económico con horizonte de corto plazo puede realizarse sobre una apropiación permanente, donde la contradicción entre este horizonte económico y los ciclos naturales, sólo se percibe a largo plazo o en escalas regionales y aun nacionales. Este es el caso de procesos lentos de erosión hídrica y eólica, pérdida de nutrientes y alteraciones mecánicas y químicas de los suelos. Aun una apropiación permanente y una búsqueda consciente de un horizonte de largo plazo por parte del productor, puede encontrar límites contextuales. En el caso de las explotaciones capitalistas, por necesidad de igualar condiciones de rentabilidad de otras ramas del proceso de producción, y en los pequeños productores por la presión para asegurarse las cosechas de subsistencia o de reproducción simple.

La disponibilidad de tierras vírgenes, las altas cotizaciones de los cereales desde principios se siglo hasta 1930, el impulso dado a través de la red ferroviaria y varios años de buenas cosechas, dieron fama de prosperidad a la zona occidental de la región pampeana, estimulando el desarrollo de una agricultura altamente especulativa. Fue una época de prosperidad económica general. El pago en especie o aparcería sobre la base de contratos de arrendamiento que obligaban a una monocultura cerealera, fue la característica predominante. En su afán de lucro los colonizadores subdividieron excesivamente los campos, dando lugar a la formación de minifundios dentro de los grandes latifundios (como fue el caso del Territorio Nacional de La Pampa). La inmigración se extendió igualmente al monte xerófilo que fue desmontado, convirtiéndose rápidamente en médanos por acción del arado. En este período se recuerdan las siguientes sequías: 1901-02, 1906-11, 1916, 1924 y 1928-29.

A pesar de que después de la crisis de 1930 la agricultura dejó de tener la rentabilidad lograda en el período anterior, el productor rural de la región, estuvo obligado a probar suerte sembrando trigo, ya que los contratos no le permitían otra actividad. El Estado, a su vez, al facilitar préstamos para comprar semillas, ante los repetidos fracasos de cosecha, contribuyó indirectamente a mantener esta agricultura irracional, que finalmente provocó la ruina de muchos productores. La acción del arado, pastoreo excesivo, monocultura y colonización irracional fueron acelerando el proceso de erosión del suelo. Por fin la severa sequía de 1935-38, que halló una campaña empobrecida por malas cosechas y precios bajos provocó una situación desastrosa.

En ese contexto, la erosión de los suelos en el centro-oeste de la región pampeana, constituyó un fenómeno que preocupó seriamente a las productores agrarios y autoridades oficiales, por las graves consecuencias económico-sociales que produjo desde la tercer década del siglo XX.

La zona de la región pampeana afectada por la erosión eólica, se extendió aproximadamente por 16.900.000 hectáreas, o sea el 6,1 de la superficie total del país, distribuidas entre los siguientes sectores: sur de la provincia de Córdoba, oeste y sur de Buenos Aires, centro y este de La Pampa y este y sudeste de la provincia de San Luis.

En las zonas antes mencionadas se pueden establecer las siguientes características productivas. En la provincia de Córdoba, dentro de la zona de erosión eólica, las tierras de los departamentos de Río Cuarto y Juarez Celman se dedicaban principalmente al cultivo del trigo, maíz, avena, centeno y alfalfa. Hacia 1950 se advierte un aumento del área sembrada con alfalfa, centeno, sorgos y otras forrajeras, en correlación con el incremento de la explotación ganadera habida en la zona.

En los partidos del oeste de la provincia de Buenos Aires, General Villegas, Carlos Tejedor, Rivadavia, Trenque Lauquen, Pellegrini, Adolfo Alsina, Saavedra, Puán, Torquinst, Bahía Blanca y del sur, Villarino y Patagones, se cultivaban las mismas especies vegetales citadas anteriormente, notándose también como en Córdoba, un marcado aumento de la superficie cultivada con alfalfa y centeno dado que la ganadería registró una mayor importancia, habiéndose notado un brusco descenso para el trigo, maíz y cebada por esa misma razón.

En el territorio nacional de La Pampa (posteriormente provincializado), la zona comprendida por los departamentos de Realicó, Chapaleufú, Rancul, Trenel, Conhello, General Pico, Leventué, Toay, Capital, Quemú-Quemú, Catriló, Atreucó, Utracán, Guatraché y Hucal, al igual que en los anteriormente citados, el área cultivada con trigo, maíz y cebada, disminuyó notablemente, hacia los años 50, aumentando en cambio la de alfalfa y centeno. Las demás especies quedaron estacionarias, observándose oscilaciones pequeñas, que estaban referidas más que a problemas de suelo y clima, a cambios de orientación de las explotaciones agrarias. (6)

La práctica del monocultivo, fue en gran medida responsable -además de las deficiencias técnico-agronómicas- del importante proceso erosivo que sufrió la región pampeana. Ya en 1946 Juan L. Tenembaum, planteaba al monocultivo como una imposición de los terratenientes; práctica que se mantuvo inclusive aún entre colonos y pequeños propietarios, que no pudieron cambiar el sistema de trabajo debido a que sus prácticas profesionales estaban de alguna manera casi exclusivamente para una producción extensiva y todo cambio que hubieran intentado, no hubiera resultado fácil ni económico. (7). Este sistema de monocultura, fue en medida creciente, el culpable de la degradación del los recursos naturales de gran parte de la región pampeana.

De lo anteriormente expresado se desprende que en las explotaciones rurales comprendidas en la zona de la región pampeana de erosión eólica, hubo hacia mediados del siglo XX una marcada tendencia hacia el cultivo de forrajeras, como complemento de la explotación ganadera y una consecuente disminución de la superficie cultivada con cereales.

4. Los límites a la producción agraria pampeana: el sistema de arrendamiento y colonización

Con anterioridad a los años 1914-15, fecha a partir de la cual puede decirse que se inicia la colonización en gran escala en toda la zona de erosión, sin considerar todos aquellos campos que se fraccionaron aisladamente y que constituyeron los primeros intentos realizados en este sentido, los arrendamientos estaban en consonancia con el tipo de explotación que en ese entonces se efectuaba.

Esta, como se ha dicho era netamente ganadera y aquellos en consecuencia y por regla general, se contrataban en dinero efectivo. Por otra parte, se trataba de inmuebles o fracciones relativamente extensas, adecuadas para ese tipo de explotación y la agricultura por esos años era incipiente, interviniendo solo en muy reducida proporción, para la siembra de forrajeras para pastoreo: avena, centeno y excepcionalmente trigo. Pero unos años antes de la Primera Guerra Mundial se intensificó el desarrollo agrario, y paralelamente la subdivisión de las tierras.

Se formaron así grandes colonias, muchas de las cuales eran vendidas en subasta pública con préstamos del Banco Hipotecario Nacional, algunas de ellas se colocaban particularmente, interviniendo en la operación empresas colonizadoras privadas (muchas de ellas vinculadas con las compañías del ferrocarril) y finalmente en otras, los lotes que las integraban eran arrendados en su mayoría en dinero en efectivo. Pero ya en pleno auge de la agricultura, se presentaron los primeros fracasos. Si iniciaron con la pérdida de las cosechas por falta de lluvias oportunas, continuando luego sequías prolongadas acompañadas de intensos vientos, que determinaban la voladura parcial de los campos. (8)

Los repetidos fracasos de las cosechas descapitalizaron paulatinamente al colono, hasta llegar al extremo de no poder afrontar ni siquiera los gastos propios de explotación y subsistencia, y menos aun servicios hipotecarios y arrendamientos. Es en este momento cuando se generalizó el arrendamiento en especie -tanto por ciento de la producción- por cuanto el colono no contaba con los medios suficientes para hacerlo en efectivo, y es también en esta oportunidad en que aumentó considerablemente el número de arrendamientos de este tipo, al sumarse a los ya existentes los ex propietarios ejecutados por falta de pago de los servicios hipotecarios.

De lo expuesto se deduce que el arrendamiento en especie en la zona de erosión, fue una consecuencia lógica del fracaso de las explotaciones agrícolas que, como se señalaba determinaron la descapitalización del colono. Los resultados como sistema en esta zona agrícola fueron desastrosos, por cuanto el colono se vió obligado a realizar explotaciones inadecuadas que, unidas a la insuficiente unidad económica de superficie, han contribuido en forma poderosa a agravar el problema de la erosión. En todas estas colonias quedaron la mayoría de los fundadores, pero no ya como propietarios, sino en calidad de arrendatarios y en su casi totalidad al tanto por ciento de la cosecha.

Acerca de los resultados de este sistema en las mencionadas colonias puede afirmarse sin temor que constituyeron durante los años 1937/38/39 -particularmente las ubicadas en el partido de Villarino (sur de la provincia de Buenos Aires) y en el deslinde de La Pampa con San Luis y Córdoba - los puntos de la zona de erosión donde este fenómeno alcanzó mayor gravedad y causó ingentes perjuicios. A fines de la década de 1940 el Banco Hipotecario Nacional suprimió en su totalidad los arrendamientos en especie, a raíz de los estudios realizados por técnicos ingenieros agrónomos de su departamento rural en toda la zona de erosión. Como resultado de esa medida, muchos de sus colonos (ex propietarios) pudieron recuperar parte o la totalidad del capital perdido durante aquellos años de crisis, convirtiéndose nuevamente en propietarios de lotes ubicados en las mismas colonias en que se iniciaron como tales en los años 1910 -1920. (9)

La colonización inadecuada, es tristemente ilustrativa de este tipo de problemas. Se exigía demasiado a la tierra, no se la protegía, ni se tomaban las medidas adecuadas contra la adversidad del clima, al igual que el ya mencionado sistema de arrendamiento, que con la exigencia de los grandes propietarios o sociedades anónimas para los colonos, de producir la llamada cosecha fina, en forma continuada y a veces con monocultivos, con la prohibición de dedicar el suelo a la ganadería o a la limitación del número de cabezas que hacía antieconómica dicha actividad. Desde la colonización privada no se le daba ningún asesoramiento técnico al colono, con consecuencias gravísimas para el mismo y para el medio natural. La consecuencia -como ya se ha señalado- era que se había facilitado la erosión, por el continuo laboreo del suelo y por haberse visto los colonos obligados a trabajar sus campos en períodos secos, para preparar erróneamente sus suelos para las siembras, con el consiguiente volado de centenares de miles de hectáreas de campo y la formación de médanos.

Pasando a otras consideraciones técnicas agrarias también vinculadas con problemas de uso de recursos, no se necesitaba mucha ponderación para deducir que las tierras se agotaban rápidamente: los campos se ensuciaban de maleza, hasta volverse inútiles, y se necesitaba hacerlo descansar por un período de muchos años.

En palabras del agrónomo Ricardo Campolieti, en 1928:

La monocultura y los contratos que hacen los terratenientes son las causas que los terrenos se carguen de malezas. El 10 % de terreno para pastoreo es insuficiente para las necesidades de los animales de trabajo.... Los animales comen los pastos buenos, que por ese motivo no llegan a diseminar sus semillas, mientras los hacen los pastos malos, rehusados por la hacienda. A los pocos años los campos cultivados se cubren de la maleza peor que existe en las diferentes regiones y desaparecen los pastos buenos. (10)

En el fondo uno de los elementos claves para el desarrollo de las estrategias que ayudaran a conservar el medio ambiente a través de una explotación racional, era el control por parte de los productores, y en especial los arrendatarios, sobre los medios de producción, sobre la tierra (aunque no tenga la propiedad), sobre los saberes y en general sobre los procesos de trabajo, es decir, el control que ejercen sobre los mecanismos de producción. Lo importante era la posibilidad real de que el grupo doméstico planificara su futuro de reproducción sin un horizonte de incertidumbre respecto a los medios de producción entre los cuales juega un papel esencial sus formas reproductivas de conocimiento. En el caso analizado, los arrendatarios generalmente no contaban con dicha posibilidad, ya que el rasgo distintivo del capitalismo es el mecanismo de la reproducción o acumulación que tiende a ampliar constantemente el capital como base de la maximización de los beneficios.

La intensificación de la producción agraria capitalista, puede explicarse en función de la creciente mercantilización de los procesos de trabajo, tanto en las grandes como en las pequeñas explotaciones agrarias. Con este proceso, el cerealicultor se vió privado en la práctica del control de los medios convirtiéndose en un mero prestatario de la fuerza de trabajo. La dependencia del mercado se reforzó a través de la venta de una cosecha especializada que posibilitara la obtención de los bienes imprescindibles para la subsistencia. La integración progresiva de los mercados agrarios internacionales y el diferencial de valor añadido entre producción agraria e industrial presionaron a la baja en la remuneración monetaria de las cosechas. Los empresarios agrarios solucionaron esta pérdida de rentabilidad intensificando la producción y por ende, reduciendo la eficacia ecológica. Los agricultores (en nuestro caso arrendatarios o colonos) que sin tener como objetivo la valorización de un capital, pretendían maximizar el ingreso posible con el que subvenir sus necesidades reproductivas, entraron también en la lógica de la producción intensiva en capital y en alto impacto ecológico. Cuando esto no fue posible, los arrendatarios, empujados por la crisis, roturaron tierras inadecuadas, acentuando la desprotección y la erosión de los suelos.

En este caso, se desarrolla la llamada "cosecha ecosistémica", que se refiere a la producción obtenida durante los primeros años de roturación, donde se estaba captando en forma acelerada nutrientes que han tardado siglos en depositarse. Esta era una situación claramente transitoria, ya que la ocupación agrícola de dichas áreas puede continuar posteriormente en base a técnicas de producción distintas. Mientras que en los primeros años apreciamos una acelerada captación de una renta diferencial, la segunda etapa se limitará a una explotación dentro de las condiciones de rentabilidad media o marginal y es posible que el cambio de rendimiento, producción y técnicas venga acompañado también con un cambio de actor social, de tipo de productor predominante en el área. Un cálculo económico con horizonte de corto plazo, puede realizarse sobre una apropiación permanente, donde la contradicción entre este horizonte económico y los ciclos naturales, sólo se perciben a largo plazo, o en escalas regionales y aún nacionales. Este es el caso de procesos lentos de erosión hídrica y eólica (como es el caso analizado en el oeste de la región cerealera), pérdidas de nutrientes y alteraciones químicas de los suelos.

En este tema, los sectores críticos de la situación agraria ya señalaban en 1928:

Hay que tener en cuenta también, que anualmente, con las cosechas de cereales, salen miles de toneladas de sales de fertilidad. Si en las cuentas de cultivo calculáramos también el valor de las sales que salen del terreno, sacaríamos datos desalentadores. Lo que tendríamos que hacer sería cuidar mucho la liquidación de la fertilidad de nuestra tierras, cuidar mejor los cultivos, hacer rotaciones, etc. Para ello se necesita transformar la agricultura. Mientras todo siga del mismo modo, los rendimientos bajarán cada vez más, y los colonos irán desapareciendo, hasta que la agricultura argentina llegue a producir en los límites de las necesidades internas. (11)

De esta manera el autor, desarrollaba una predicción, que con el tiempo se iba a manifestar cierta en el sector agrario nacional, durante las décadas 1930-50. Situaba a la agricultura argentina en un sistema de "vampirización" de los recursos naturales; señalando que de haberse desarrollado normalmente la agricultura no se hubiera caído en crisis tan prontamente, como había sucedido a pocas décadas de iniciado el ciclo de explotación de la agricultura nacional.

A esas condiciones estrictamente económicas, se agregaban otras de carácter agrícola. Entre ellas los agrónomos señalaban la necesidad de hacer rotaciones, pero mientras se cultivara el trigo, maíz y lino, como quiera que se alternaran, se planteaba una situación como si nada hubiera pasado. Todos los cultivos eran -en boca de los agrónomos- esquilmantes. Era necesario para ellos, incorporar otros cultivos, y renovar los tipos de semillas existentes necesarios para proteger los recursos naturales del territorio pampeano.

5. La influencia del sistema crediticio en la crisis agrícola.

El crédito bajo sus distintas formas tuvo también -en el problema de la erosión- una intervención destacada como factor perturbador. Si bien había actuado indirectamente, no por ello las consecuencias de su uso poco inteligente fueron menos perjudiciales que las de aquellos otros factores ya tratados en este punto.

Contribuyó en forma notable a reagravar el problema creado por este fenómeno, intensificando su acción, por cuanto fomentó al máximo admisible las explotaciones exclusivamente agrícolas, manteniendo artificialmente al mismo tiempo situaciones insostenibles, condenadas de antemano al más rotundo fracaso.

Para su otorgamiento no se consideraron ni se tuvieron en cuenta los distintos factores adversos a las explotaciones agrícolas ya referidas, ni las superficies insuficientes de las chacras, como tampoco el estado de éstas, que como consecuencia de la acción conjunta y simultánea de esos factores se hallaban parcial o totalmente erosionadas. Se creó así una economía artificial al habilitar nuevamente al colono con préstamos a pagar con la cosecha, para invertirlo en el desarrollo de una explotación cuyos repetidos fracasos aconsejaban desecharla, o préstamos en semillas destinadas al mismo fin.

La pérdida de la cosecha de un año dado y la falta de capital propio del colono hizo necesario la concesión de prórrogas hasta la cosecha del año siguiente, la que también y por el mismo motivo era menester financiar, concediendo nuevos créditos -esta vez en semillas y alimentos- con vencimientos en la misma fecha, vale decir, una simple ampliación de los anteriores insatisfechos, intensificando la crisis, sin modificar las condiciones de producción.

Así año tras año continuaron aumentando los intereses acumulados el capital prestado, solo amortizado en parte con el producido de uno que otro año más o menos benigno, sin alcanzar nunca la cancelación total de la deuda. Para conjurar esta situación, grave o imposible de mantener indefinidamente, no quedó otro recurso que proceder a la condonación virtual de estos préstamos, pasando a las instituciones prestatarias los saldos acreedores a sus respectivas cuentas de ganancias y pérdidas. Es decir que el colono vivía y trabajaba durante una serie de años, no con el producto de su chacra, sino sobre la base única y exclusiva del dinero y especies que en calidad de préstamo se le otorgó y que nunca pudo reembolsar.

Los diferentes tipos de créditos que usualmente se otorgaban a las explotaciones agrícolo-ganaderas, han contribuido en mayor o menor grado al agravamiento de este problema. Se considera que sólo tres de las distintas formas corrientes, revisten fundamental importancia bajo este aspecto, siendo por su orden de importancia los siguientes:

- Créditos en dinero o especie con garantía prendaria y vencimiento al levantamiento de la cosecha.

- Créditos hipotecarios con garantía real de la tierra (inmobiliarios) a mediano y largo plazo.

- Créditos de consumo.

Estas tres formas crediticias fueron las más perjudiciales y los que mayores trastornos ocasionaron, tanto a la economía del productor como a la estabilidad del suelo, analizaremos la intervención que les cupo en este problema a cada una de ellas. (12)

a) Créditos en dinero o especie con garantía prendaria

El otorgamiento de estos créditos ha tenido por finalidad lo siguiente:

1º En dinero: Permitir al agricultor afrontar los gastos que la explotación requería durante el año agrícola, destinando su importe a la adquisición de ganado, semillas, gastos de cultivo y siembra, cosecha, etc.

2º En especies: Facilitar la semilla de cereal necesaria para la siembra de la chacra.

De ambos alcanzó mayor difusión el otorgado en especie, por cuanto solo requería para gozar de sus beneficios comprobar la condición de agricultor del solicitante y demostrar la pérdida total de la cosecha. Por otra parte el gobierno nacional, atendiendo el clamor de los agricultores de la zona en crisis, faltos de recursos para afrontar nuevas siembras como consecuencia de sucesivos fracasos de sus cosechas, determinados por la intensificación de este fenómeno, los fomentó directamente al concurrir en su ayuda, satisfaciendo así los insistentes pedidos de semillas que éstos elevaron por intermedio de sociedades y cooperativas agrícolas. Durante el primer tiempo se encomendó estas operaciones al Ministerio de Agricultura, transfiriéndolas posteriormente al Banco de la Nación.

Por otra parte el Banco Hipotecario Nacional contribuyó con su aporte a colonos deudores y arrendatarios de sus colonias facilitando semillas de trigo y cebada, procediendo también en igual forma parte del comercio local con muchos de sus clientes, en la creencia de que de esta manera se aseguraría al fin de año agrícola el cobro de créditos de consumo -alimentos, semillas, repuestos- otorgados con excesiva liberalidad en períodos anteriores.

El crédito en efectivo, en razón de las condiciones exigidas para su concreción ocupó un lugar secundario, destinándose también íntegramente a la prosecución de los cultivos de cereales para cosecha. Como puede apreciarse, ambos tipos de créditos no tuvieron otra finalidad que fomentar las explotaciones exclusivamente agrícolas -precisamente las menos indicadas para esta zona- interviniendo directamente en el problema de la erosión a cuya agravación contribuyeron en forma ponderable, aumentando la magnitud del desastre.

Se puede afirmar con respecto a los otorgados en especie que así como fueron los más difundidos, fueron también los que mayores daños materiales ocasionaron arrojando, como corolario, apreciables quebrantos. Tales créditos, tan solo en el período 1929-33 dejaron un saldo incobrable no inferior a los 8.000.000 m$n, de los cuales 4.000.000 correspondieron en su mayor parte al partido de Villarino que fue, de todas las regiones que integraron la zona de erosión, la menos apta para los cultivos de semilla fina y en la que este fenómeno adquirió caracteres de verdadero desastre. (13)

b) Créditos hipotecarios con garantía real de la tierra (inmobiliarios)

La gravitación de estos créditos inmobiliarios en el problema de la erosión, ha sido secundaria, pero no por ello menos importante, por cuanto tuvieron la virtud de fomentar la subdivisión de la tierra en fracciones de superficies reducidas, para ser destinadas a la agricultura, con evidente perjuicio para la estabilidad física del suelo.

Es al Banco Hipotecario Nacional a quien se le debe atribuir la difusión de estos préstamos al aplicar la ley 10.676 -por muchos llamada de colonización- que dió origen a la formación de numerosas colonias ubicadas dentro de la zona de erosión grave, integrada la totalidad de ellas por lotes cuyas superficies oscilaban entre 50 y 100 hectáreas y a las cuales ya se hizo referencia. Cabe significar que en la obtención de estos préstamos entró en juego el factor especulativo, usando y abusando de los beneficios acordados por la ley -en su artículo 2º, ítem f- que desde luego no son aplicables a esta zona, que solo fue agrícola circunstancialmente. No obstante se consideró apta para estos fines. (14)

Bajo su amparo se inicia la colonización en gran escala sobre la base de explotaciones exclusivamente agrícolas, cuyos productos habían alcanzado por ese entonces altas cotizaciones, a desarrollarse en fracciones de superficies reducidas, con el objeto no solo de ubicar numerosos colonos, sino de obtener altos precios, considerando solamente la faz comercial del asunto que era, en suma, la finalidad perseguida por el colonizador.

Se buscaron, como puede apreciarse, los dos factores que mayor número de interesados podían atraer; a esto debe agregarse la facilidad otorgada por el Banco Hipotecario Nacional al conceder el 80% en préstamo y la acordada por el colonizador, por el saldo de precio que gravaba el predio en segundo término, cuyo importe en la generalidad de los casos se aproximó al valor de la primera hipoteca, como consecuencia de la puja entablada en el remate entre los numerosos compradores concurrentes.

De esta manera los flamantes colonos, mediante el pago de una reducida suma, se convirtieron en propietarios de lotes que integraron una gran extensión de campo dedicado hasta ese momento a la ganadería, comprometiéndose a abonar por ellos no sólo el valor corriente y lógico que como tierras ganaderas les correspondía, sino sobre éste un alto sobreprecio determinado por su futuro destino agrícola.

Sobre la base de esta premisa se produjo un alza general del valor de la tierra, que llegó rápidamente a duplicarse y hasta triplicarse, no guardando en absoluto relación con el valor de la producción que las condiciones ecológicas y ambientales de la zona le permitían obtener. Evidentemente, este aumento desproporcionado que no fue otra cosa que una valoración artificial de la tierra, produjo un notable desequilibrio entre éste y el valor de su producción, constituyendo el primer quebranto sufrido por el colono, quien no alcanzó a cubrir con el producido de su cosecha servicios hipotecarios, intereses, impuestos, gastos de explotación y vida, etc. Se inician de esta manera los atrasos, pequeños en un principio, pero que año tras año crecen en proporción geométrica a medida que el problema de la erosión se agrava por el tipo inadecuado de explotación seguido por el productor agrícola, impuesto luego como una consecuencia lógica de su propia descapitalización que le impide evolucionar hacia explotaciones mixtas o ganaderas y la reducida superficie de la chacra que no admite el desarrollo de éstas en condiciones económicamente satisfactorias. (15)

A esta altura, ya carente de los recursos indispensables para proseguir la explotación por sus propios medios, se vió obligado a recurrir a los créditos con garantía prendaria descriptos precedentemente. Mientras tanto, se repitan los fracasos de las cosechas, aumentando en consecuencia las deudas y se intensificaba sensiblemente la destrucción del recurso natural, hasta que finalmente se produjo aquello que se quería evitar con la concesión de prórrogas y el otorgamiento de préstamos de ayuda: la quiebra total del colono, que en este caso perdió la propiedad de su lote y quedó con un abultado saldo personal que le inhibió por completo. Ya en 1928, Roberto Campolieti, señalaba con relación a los problemas de la colonización

Mientras no tengamos un catastro nacional que nos diga a ciencia cierta lo que es cualquier tierra de cualquier rincón del país, la acción de los agrónomos debe hacerse sentir antes de la colonización, para determinar si conviene o no hacerla en esa tierra que se ofrece: debe fijar las obras de conjunto que corresponde hacer, las mejoras que deben introducirse en cada chacra. Hecho esto, ningún colono, sea ya radicado en el país, sea recién llegado, sabrá lo que tiene que hace. (16)

Más adelante agrega sobre la misma cuestión, y refiriéndose al problema de la extensión de las parcelas:

Otro punto esencial que debe resolverse en cada proyecto de colonia, es la extensión de tierra que hay que asignar a cada colono. Hasta ahora, todo el asunto de la colonización ha consistido en preparar un dibujo: se hacen lotes de 25 a 100 hectáreas, se disponen simétricamente en líneas perpendiculares y después se admiten a los colonos. Para nosotros el problema cambia de especie. Nosotros tenemos que saber qué es lo que puede hacer una familia colocada en un lote de tierra; por consiguiente, en primer término, sabremos la fuerza de trabajo de cada familia y una vez proyectadas las rotaciones de cultivo y lo que necesitan en fuerza de trabajo, calcularemos la extensión que daremos a cada lote. De suerte que la superficie de tierra, que es el último término y la última deducción del estudio agronómico, ahora se pone a priori, al antojo del dichoso terrateniente. (17)

En este párrafo queda clara una postura diferente en lo que respecta a las formas de colonización oficial, frente a la posición de los sectores vinculados a los técnicos, críticos de la estructura agraria pampeana, como era el caso de Roberto Campolieti.

c) Créditos en consumo:

Su influencia en este problema ha sido completamente indirecta, por cuanto su uso fue una consecuencia de la descapitalización del productor. Salvo excepciones, fueron concedidos por el comercio local, el que proveyó de alimentos a los agricultores durante muchos años, que pagaban con el producido de la cosecha.

La continuidad de los malos años determinó el aumento de la deuda por este concepto, y el comerciante, con la esperanza siempre de hacerla efectiva en el próximo año agrícola, como así también por el temor de perderla por abandono de sus actividades por parte del colono, continuó suministrándole las mercaderías necesarias para su subsistencia, con la condición expresa de que éste continuaría cultivando su chacra con determinado cereal.

De esta manera y, desde luego en forma indirecta, el comerciante, que era el prestador, fomentó la agricultura y en consecuencia contribuyó a intensificar la erosión, siendo tanto mayor su intervención -y por lo tanto sus efectos- cuando mayor era el monto del crédito concedido por ese concepto. En realidad este tipo de crédito, del que resulta imposible prescindir y más que difícil limitar, en razón de su destino, complementó la acción perjudicial de las otras formas crediticias ya mencionadas. (18)

En síntesis, los tres tipos de créditos estudiados intervinieron paralela y conjuntamente, creando un solo factor perturbador que sumado a los anteriormente tratados, completó el número de todos los que directa e indirectamente provocaron y luego intensificaron el fenómeno del agotamiento y destrucción del recurso natural suelo.

Como consecuencia inmediata, además de los perjuicios económicos y culturales ocasionados al colono, que pasó a integrar la legión de arrendatarios o simples ocupantes, eternos peticionantes de semillas al Estado, sin más garantías que todas sus economías, quedó toda una extensa zona que sufrió incalculables daños materiales, totalmente erosionada y prácticamente yerma. Mientras que en los primeros años apreciamos una acelerada captación de la renta diferencial, la segunda etapa se limita a una explotación en condiciones de rentabilidad media o marginal, y es posible que el cambio de rendimiento, producción y técnicas viniese acompañado también con un cambio de actor social, es decir, del tipo de productor predominante en la zona.

Frente a la crisis agraria, la inversión de los conceptos implicaba una inversión del problema. "Hasta la crisis el asunto de la agricultura ha consistido en buscar la renta de la tierra, descuidando los medios y los fines; ahora el propósito es otro, quiere decir, el modo de utilizar del mejor modo la cooperación de la familia colona, para fines económicos, morales y sociales" (19).

5. Medidas planteadas frente al problema

Recién desde 1940, el Ministerio de Agricultura de la Nación (a través de algunas de sus dependencias especializadas) comenzó a preocuparse efectivamente por el problema planteado por el agotamiento y erosión de las tierras productivas de la República Argentina. Hasta ese momento, las críticas de los sectores especializados eran particularmente duras en cuanto al papel del Estado y sus instituciones con respecto al sector agrario: "Es imposible imaginar una legislación rural más pobre que la de nuestro país, que puede resumirse en dos palabras: no existe. Sacando los pocos conceptos de derecho romano, universalizados en todos los códigos, no tenemos nada que refleje la realidad argentina." (20)

Es en los años 40 cuando el problema de la erosión fue trabajado por especialistas del Ministerio en forma institucional y regular. Una reunión de técnicos convocada por el Ministerio para tratar el problema de la erosión aconsejó como medida orgánica y de fondo, la sanción de una ley sobre conservación de la fertilidad del suelo. El concepto que debía inspirar esta legislación era que el Estado tenía que estar facultado para prohibir todas aquellas prácticas agrarias que trajeran como consecuencia la destrucción de las condiciones de fertilidad del suelo, porque la tierra no debía ser "explotada abusivamente con detrimento de posibilidades de producción y bienestar de las futuras generaciones" (21).

En el fondo la prédica de los sectores científico-técnicos de la agronomía nacional señalaban la conveniencia de cambiar el sistema de explotación en una vasta zona de la región pampeana. Proponían transformar las explotaciones exclusivamente agrícolas y en su mayoría monoculturales de las zonas erosionadas o con altas probabilidades de sufrir este flagelo, en explotaciones mixtas agrícola-ganadera-forestal, en unidades económicas de tamaño adecuado a los requerimientos establecidos por zonas ecológicas. Este sistema permitía una adecuada rotación de los cultivos, tendiente a la conservación de la fertilidad del suelo, factor éste, que había sido absolutamente descuidado antes de los años 40 tanto por los productores como por las autoridades (22).

También desde mediados de los años 40 comenzó a actuar el Instituto de Suelos del Ministerio de Agricultura de la Nación, que desde el ámbito técnico sugirió algunas medidas económicas y agrotécnicas a aplicar, aunque muchas de ellas sólo quedaron en la voluntad de los técnicos, sin la puesta en práctica por parte de los productores.

Las medidas económicas apuntaban a eliminar algunos tipos de arrendamientos (en especie o mixtos), o a limitar las obligaciones de siembra de algunos cereales. También apuntaban a modificar el sistema crediticio, eliminado los créditos en especie, limitando prudentemente los créditos prendarios e hipotecarios, sólo a los productores que reunieran explotaciones en condiciones agrológicas adecuadas.

En cuanto a las medidas agrotécnicas, se recomendaba el retiro de la agricultura de las zonas con erosión severa y grave. En las zonas menos perjudicadas se apuntaba al empleo de prácticas y técnicas de conservación que aseguraran la estabilidad del suelo (tales como el cultivo bajo cubierta, en franjas en líneas de nivel, y rotaciones agrícolas en la que se alternaran la producción de cosechas con la praderización para la explotación ganadera y la utilización de elementos técnicos adecuados a dichas practicas).

A su vez el Estado Nacional -en una de las pocas medidas explícitas sobre el cuidado de los recursos naturales- delimitó por el decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 31.812 del 13/10/1948 las zonas marginales de la región pampeana afectadas por el agotamiento de la tierra debido a las prácticas agropecuarias utilizadas. Fue este el primer intento del Estado Nacional que tuvo como objetivo asegurar un nivel mínimo de protección a los recursos que servían de base a la agricultura pampeana. En el decreto se establecieron zonas marginales y submarginales. A su vez se las subdividió en subzonas, para cada una de las cuales se fijó el correspondiente tipo de explotación y superficie de la unidad económica familiar. (23)

6. Conclusión

Deben considerarse entonces, como causas económico-sociales de la erosión en la zona pampeana, a las explotaciones con perspectivas exclusivamente cortoplacistas, con sistemas de arrendamiento en especie o mixto, un crédito mal orientado y unidades económicas insuficientes que influyeron directa o indirectamente en la crisis agrícola de las décadas analizadas. En cuanto a las explotaciones equivocadas, no adaptables a las condiciones que el suelo brindaba, alentadas artificialmente, resulta importante señalar que siempre arrojaron resultados negativos; las explotaciones agrícolas o mixtas, con predominio de la primera, causaron serios daños a la subregión pampeana estudiada, especialmente en los últimos años de la primera guerra mundial, cuando el constante aumento de los precios cerealeros en el mercado internacional -particularmente el trigo- hizo vislumbrar el brillante negocio de substituir la ganadería y sembrar aún en tierras no aptas. Se favoreció la erosión al aumentarse el área destinada a la agricultura. En 1929, la intensa sequía y la crisis de las explotaciones agrícolas mostraron la gravedad del problema erosivo.

Los planes de colonización y las necesidades sociales, que llevaron a entregar chacras con superficie reducida e insuficiente, limitando las explotaciones al sector agrícola, también constituyeron un factor agravante del proceso. Un agricultor necesitaba entre 250 y 1000 has para poder cuidar su fracción y subvenir a sus necesidades y, en cambio, tenemos chacras de 80 y 150 has. Los arrendamientos influyeron también desfavorablemente para la conservación de las tierras cuando los agricultores, perdidas las cosechas por falta de lluvias, debieron producir para pagar en especies apelando a explotaciones adecuadas. En cuanto a los sistemas de créditos, según el mismo Instituto de Suelos y Agrotécnica, fueron de influencia negativa los préstamos en dinero o especie con garantía prendaria y vencimiento al levantamiento de la cosecha y los créditos con garantía real de la tierra a mediano y largo plazo. En el primer caso, el agricultor intensificaba la explotación con las consecuencias lógicas y, en el segundo, adquiría tierras valoradas artificialmente por su futuro destino agrícola, debiendo hacer frente a gastos que el valor de la producción no cubría.

Los factores que obstaculizaban el aumento de la producción agropecuaria en la región, no se apoyaban solo en la pérdida de la fertilidad y en la falta de aplicación de las normas agrotécnicas, sino también y muy principalmente, en la inercia y rutina existentes en el medio rural, o fuera de él en relación con la política impositiva, el régimen de la tierra, los transportes y caminos, la educación rural, etc. En cuanto al planteo de excesivo incremento de la agricultura en la región pampeana, transformando el panorama natural, se puntualiza que el acentuado descenso de las capas freáticas, el avance de la erosión y la disminución de la fertilidad, eran signos evidentes del abuso de una explotación que el medio no podía soportar, por lo cual, tienen un valor relativo las cifras elevadas, que en determinado momento alcanzó la superficie cultivada con granos. En esa época de expansión agrícola indiscriminada se quemaron muchas de las reservas de fertilidad acumuladas durante milenios de evolución natural inalterada.

NOTAS:

(1) BRAILOVSKY, Antonio. "La política ambiental de la generación del 80", en Tres estudios argentinos. Bs As, Sudamericana, 1982, p.303.

(2) BRAILOVSKY, Antonio y FOGUELMAN, Dina. Memoria... Op. cit.

(3) GRELA, Plácido. El grito de Alcorta. Rosario, Tierra Nuestra, 1958; BRAILOVSKY, Antonio. "La política..." Op. cit., p.307.

(4) ZARRILLI, Adrián. "Estado, productores y Defensa Agrícola. Manifestaciones político-ecológicas de la problemática agraria. (1890-1945)." Trabajo presentado en las XIV Jornadas de Historia Económica, U.N.C./Asociación Argentina de Historia Económica. Córdoba, 1994.

(5) SURIANO, José y FERPOZZI, Luis. "Los cambios climáticos en la pampa también son historia". En Todo es Historia. Bs As, Nº 306, 1992, p.11.

(6) Instituto de Suelos y Agrotecnia. "La erosión eólica en la región pampeana y plan para la conservación de los suelos". En: Miscelánea Nº 303, Ministerio de Agricultura de la Nación, 1948, pp.5-33.

(7) TENEMBAUM, Juan. Orientación económica de la Argentina. Bs As, Losada, 1946, p.66.

(8) Instituto de Suelos y Agrotecnia (1948). "La erosión..." op. cit. pp.149-155

(9) Ibídem.

(10) CAMPOLIETI, Roberto. La organización de la agricultura argentina. Ensayo de política agrícola. Bs As, Editorial Pedro Aquino y Cía, 1929, p.81

(11) Ibídem

(12) TULCHIN, J. S. "El crédito agrario en la Argentina. 1910-1926". En: Desarrollo Económico, vol.18, Nº71, 1978. ZARRILLI, Adrián. "La política de auxilio extraordinario al productor agrícola: los préstamos en semilla (1890-1930). El caso de la provincia de Buenos Aires". En: Estudios de Historia Rural III (Serie Estudios e investigaciones), La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, U.N.L.P., 1993, pp.11-28.

(13) Ley Nº 10.676.

(14) Instituto de Suelos y Agrotecnia (1948). "La erosión..." op. cit., pp.150-155

(15) Instituto de suelos y agrotecnia. "Utilización y conservación del suelo en Argentina". En: IDIA. Bs As, Nº 114, junio de 1957, pp.40-45.

(16) CAMPOLIETI, Roberto. La organización...p. 204.

(17) Ibídem

(18) ARENA, Antonio. "La erosión eólica de los suelos en el centro-oeste de la Argentina". En: Miscelánea Nº 65. Bs As, Ministerio de Agricultura de la Nación, 1940, pp.23-25.

(19) CAMPOLIETI, Roberto. La organización...p.202.

(20) Ibídem, p.245.

(21) Ministerio de Agricultura de la Nación. "Erosión de suelos" En: Memoria. Bs As, Año 1940, p. 263.

(22) Ibídem p.266

(23) Ministerio de Agricultura de la Nación. "Delimitación de las zonas marginales" En: . Miscelanea Nº 324. Bs As, 1949, pp..3-4.

 

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* Este trabajo fue presentado y publicado en el X Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina, Academia Nacional de la Historia, Santa Rosa, abril de 1999.

 

 

 

   

 

    

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