THEOMAI*

RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO /
 
SOCIETY, NATURE AND DEVELOPMENT STUDIES NETWORK 

    
 

Actores sociales, racionalidad productiva y construcción del ambiente en el Bajo Delta del Paraná*

 

Guido Pascual Galafassi**

* Artículo publicado en Políticas Agrícolas, año IV, vol. IV, nº 1, 1999, México.

** Docente e investigador en la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). E-mail: ggalafassi@unq.edu.ar

 

Introducción

La conformación de grupos sociales interactuando con materialidades espaciales implica considerar las características que asume el modelo de desarrollo implícito en la complejidad de los procesos sociales. La manifestación regional en un país subdesarrollado debe necesariamente considerar el

grado y tipo de penetración de prácticas capitalistas (tanto desde el punto de vista económico, social como político) en la configuración desigual de la realidad social. La vinculación de los grupos sociales con su entorno denota un aspecto de los tantos que implica el proceso de desarrollo de un espacio.

De la conjunción de actores interaccionando en un tiempo y un espacio en base a racionalidades más o menos explícitas, surge el proceso de cambio y/o consolidación de estructuras socioeconómicas, y que caracterizan un particular grado de control sobre las distintas variables. El manejo del territorio y la "construcción de un ambiente" adecuado a las formas sociales actuantes constituye una de estas variables.

El presente trabajo pretende interpretar las relaciones entre actores sociales, sistemas productivos y manejo del medio natural en una porción delimitada y características del territorio argentino, el Delta del Paraná. Este reúne una conjunción de condiciones naturales y procesos sociales específicos y diferenciados de los espacios circundantes.

La decadencia y posterior desaparición de la fruticultura en el Delta trajo aparejado una crisis del sistema productivo en término de cambios en las actividades económicas que repercutieron de manera diferencial sobre un estrato social heterogéneo. A su vez, estos cambios promovieron procesos de diferenciación dentro del estrato social. La emergencia de nuevas actividades productivas produjo la aparición de una tipología de productores diferentes, con técnicas productivas y procesos de trabajo diferentes. Esto implica también nuevas formas de intervención sobre el ecosistema natural, provocando en general modificaciones mucho más significativas.

El objetivo de este artículo es caracterizar los procesos de transformación, como respuesta a esta crisis, que se producen en las unidades productivas al emerger nuevas actividades económicas respecto al manejo del medio natural , que hace aparecer más nítidamente un "ambiente creado" y fuertemente sustentado en base al trabajo humano.

La investigación se desarrollo en base a tres pilares básicos: a) el análisis de datos secundarios que aportó fundamentalmente el material para la descripción de la estructura y funcionamiento del ecosistema natural, y una información básica para la elaboración de la estrategia de campo, principalmente en los aspectos sociales de la problemática; b) un trabajo de campo con visitas periódicas a la zona que incluyó entrevistas con los diversos actores sociales involucrados, resolviendo las cuestiones referidas al accionar del grupo social en relación al ambiente natural; y c)la articulación de las informaciones recogidas para construir una red explicativa de las interrelaciones sociedad-naturaleza.

El trabajo de campo se situó en la 1ra, 2da, 3ra y 4ta sección de islas, que corresponde a los partidos de Tigre, San Fernando y Escobar. El abordaje desde una metodología cualitativa, que se basa en la observación de los actores en su propio lugar interaccionando con su lenguaje y vivencias, implicó realizar la recolección de datos a campo en base a entrevistas abiertas a distintos actores sociales de la zona, que fueran representativos de los diferentes aspectos que adopta la organización del trabajo agrícola y forestal. El ahondar en las historias de vida de los entrevistados enriqueció el análisis aportando variados datos sobre la forma en fueron vividas las transformaciones en los estilos de vida y producción. Frecuentemente se apeló a la observación participante, acompañando a los pobladores en sus distintas tareas en el campo. Dentro de la diversidad de actores sociales, fueron entrevistados productores pequeños y medianos en sus propiedades, trabajadores temporarios y permanentes sin propiedades, y también técnicos de organismos nacionales de asistencia a la producción (INTA e IFONA), esto último permitió cotejar un rico conjunto de datos desde un punto de vista diferente al poblador directamente involucrado.

 

Las racionalidades productivas

La articulación y dependencia del Delta con el mercado regional ha determinado un cambio en las actividades productivas dominantes que pasó de la fruticultura a la forestación. En consecuencia, se produjo un fuerte proceso de emigración de población joven y también de familias enteras, originando en la actualidad un área con una densidad de población sustancialmente menor a la de la época de auge económico, por la década del '30 - '40. Esto implica, en cierta medida, una menor carga sobre el medio natural y un cambio en el aprovechamiento y valoración de este, principalmente en la 1ra. sección de islas, que de ser un área fuertemente dominada por actividades agrícolas, constituye en la actualidad una zona de concentración de actividades turísticas y deportivas. Aquí el sistema natural pasó de ofrecer sus recursos al proceso material de producción y transformación de materia prima, a un oferente de paisaje para la valoración y el aprovechamiento estético y recreativo. La 2da., 3ra. y 4ta. sección de islas sigue siendo un área de predominante actividad productiva primaria, en donde la forestación de salicáceas para papel constituye en la actualidad casi una monoproducción, existiendo también algunos pequeños productores con plantaciones de mimbre (salicáceas también) para productos artesanales y una creciente actividad ganadera en grandes productores.

El cambio de actividad económica, asimismo determinó que muchos ex-pequeños productores de fruta debieran abandonar el Delta o pasar a realizar trabajos en relación de dependencia, al demandar la forestación una unidad económica sustancialmete mayor. Los que no pudieron acceder a nuevas tierras perdieron su calidad de productores independientes, migrando a la ciudad o pasando a integrar el circuito laboral ligado a las actividades recreativas.

La producción agropecuaria en el Bajo Delta Bonaerense asume características particulares que al contacto con la dinámica del ecosistema conforman una trama de interacciones definidas en donde la organización social de las actividades productivas determina en gran medida el grado de aprovecha- miento y degradación de los recursos. Al asumir que subcon- juntos y elementos del medio natural interactuan con subcon- juntos y elementos del todo social, es necesario en este punto, definir y caracterizar la organización que asumen los actores sociales, en este caso productores y trabajadores rurales, que han sido objeto de esta investigación.

La dinámica económica de la porción del Bajo Delta estudiada presenta una combinación de dos sistemas produc- tivos que se relacionan entre si y con el exterior de forma diversa, presentando diferentes grados de participación en la economía de mercado. Pero ambos sistemas se estructuran en base a una práctica productiva ligada al aprovechamiento directo de los recursos naturales, aunque diferenciándose por la forma y tipo de usufructo del ecosistema, uno basado en la reposición natural de los recursos y otro a partir del subsi- dio energético suministrado por la unidad productiva.

El primer sistema productivo es aquel denominado como economía de subsistencia con una organización dispersa (INA, 1984; INTA, 1973) de escaso desarrollo y presencia en este sector. Se limita a la caza, pesca y recolección de especies de la flora y fauna silvestre, estando a merced de la produc- tividad natural del ecosistema. Las actividades productivas son llevadas a cabo por productores independientes, en general no propietarios de las tierras que ocupan y que trabajan, en donde la organización del proceso productivo está centrada en el grupo doméstico (Rosato, 1988).

El otro sistema productivo, que constituye el dominante, es el que se podría denominar de tipo capitalista, en donde el proceso de acumulación y de inserción en el mercado está claramente definido. Esto involucra a actividades económicas en donde la propiedad de la tierra y la inserción de capital son dos elementos constitutivos del sistema. La práctica del proceso productivo implica el aporte constante de un subsidio externo al ecosistema natural, aportado a través del proceso de trabajo. La forestación, la fruticultura, la explotación del mimbre y también cierta ganadería son los rubros presen- tes, complementados en algunos casos con agricultura para consumo doméstico. Estas actividades son llevadas a cabo por pequeños y medianos productores que organizan su producción en base al trabajo familiar, y producen para un mercado que presenta todas las características de mercado capitalista. Además existen algunos grandes predios con explotación forestal, cuya organización responde típicamente a una estructura empresarial y que en ciertos casos son propiedad de las empre- sas elaboradoras de papel instaladas en la zona (Papel Prensa, Celulosa Argentina, Papelera San Justo, etc).

Antes de analizar la unidad familiar, es necesario definir que entendemos por pequeño, mediano y gran productor en el Delta, para poder comprender con que unidad de estudio se estuvo trabajando. Se sigue fundamentalmente el criterio de los propios actores sociales que delimitan a los pequeños, medianos y grandes productores en base principalmente a la extensión de la propiedad, pero que involucra también tipo de producción primaria y características de la fuerza de trabajo y la tecnología empleada (Galafassi, 1994).

Se considera a pequeños productores a aquellos cuyas explotaciones no superan las 15-20 ha., con trabajo familiar casi exclusivamente y producción mimbrera y forestal; en cambio los medianos llegan a tener explotaciones de hasta 100 ha aproximadamente, y suelen contratar mano de obra temporaria para sus producciones casi exclusivamente forestales y para la cual existe algún grado de tecnificación con incorporación de maquinarias. Los grandes productores son aquellos que poseen entre 500 y 800 ha, con forestales únicamente y fuerza de trabajo exclusivamente asalariada, permanente o temporaria y un mayor empleo de maquinarias; y luego algunas empresas papeleras que tienen explotaciones de más de 1000 ha. Ninguno de estos dos tipos de productores ha sido considerado en esta investigación. Al respecto uno de los informantes nos decía:

" y el chico es de 10 ha, 10-15 ha, son los fruticultores de antes, que ahora quedan algunos pero es poco lo que queda, y medianos podríamos llamar 50-80 ha...100 ha. medianos, y después los grandes, son los que tienen 400, 500, 800 ha, y después las empresas que tienen 1000 o 2000 ha; Papel Prensa en una quinta sola tiene 1000 ha, en otra en Entre Ríos creo que tiene más de 1000 también, y Celulosa Argentina también..." (Eduardo, prod. forestal, arroyo Grande).

El ingreso monetario proviene de las actividades que están relacionadas con la producción comercial de la explotación. En la actualidad a través de la combinación de mimbre y madera en unos, y ganadería y madera en otros, se genera un doble ingreso. El mimbre es un producto típico de los pequeños productores, de aquellos que poseen menos de 20-30 ha., y es el que les provee el ingreso anual, pues se cosecha todos los años. En cambio con la madera se debe esperar el turno de corte que oscila entre 10 y 14 años, y solo algunos productores realizan plantaciones escalonadas en el tiempo de manera de tener un corte de madera todos los años. Igualmente esta alternativa es posible en productores medianos que poseen explotaciones con una extensión tal que les permita tener varias ha por cada año de plantación, posibilidad que no está al alcance de los pequeños productores. Estos últimos, entonces, recurren al mimbre para obtener un ingreso todos los años, y al llegar el turno de corte de algún cuadro de forestales, ese año obtendrán un ingreso extra, pero sin dejar de producir el mimbre. Algunos ejemplos de estas alternativas se pueden detectar en las siguientes citas de pobladores:

"...entonces hay chicos que te hacen mimbre y subsisten con el mimbre hasta tanto empieza la corta de lo que tengan. Ellos te hacen mimbre y madera simultáneamente. Con el mimbre viven, con la madera acumulan." (Pedro, Ing. Agr., INTA-Delta)

"...el chico y también un mediano tienen que tener algo de cultivo de mimbre, el mimbre se cosecha anual, todos los años...Entonces claro, tienen la cosecha anual y si tienen el ciclo de madera para ir cortando todos los años cortan, y sino tienen eso (mimbre) para ir comiendo" (Alfredo, prod. forestal, arroyo Toro).

 

Las condiciones ecológicas para la producción

Las distintas variables de orden natural y de orden social se articulan en el tiempo generando un proceso en donde los hechos se conectan y se condicionan mutuamente. Es necesario, por lo tanto, definir los elementos esenciales que determinan una realidad específica. Estos elementos surgen del análisis del desarrollo espacial y temporal del fenómeno y permiten explicar y comprender el como y el porque de esa realidad.

La elección del proceso de producción como momento en donde se concretiza más nítidamente las relaciones entre el medio natural y la organización social necesitan de la descripción de las características relevantes de cada nivel que participa de la relación. Así, es necesario conocer los principios que rigen el funcionamiento y estructura del ecosistema y actúan como limitantes y condicionantes de la acción humana. Y de esta, todos los elementos que interactúan directa o indirectamente con el ambiente, así como la lógica interna de cada proceso social y la definición de los actores presentes.

En primer lugar, el Delta con características conjuntas de ecosistemas terrestres y acuáticos, marca un rasgo original que define profundamente a toda la problemática en cuestión. La estructura geográfica de la región asume condiciones que están permanentemente interactuando entre dos medios diferentes. La presencia de cursos de agua de muy diferente tamaño que limitan porciones variables de tierra firme, y que a su vez reciben la influencia continua de las mareas e inundaciones, configuran un soporte natural muy dinámico y a su vez otorga variados elementos al trabajo humano.

La dinámica natural se organiza en base a dos fuentes principales de subsidios energéticos, una es la energía proveniente del sol, presente en todo ecosistema, y otra, que es propia del Delta, es la energía proveniente de la acción del río.

Este accionar constituye el factor ambiental que encauza mayormente el funcionamiento del ecosistema constituido por infinidad de islas y cursos de agua. Los asentamientos humanos y el comportamiento de los pobladores responden en parte a este condicionamiento determinando una pauta de ocupación y de producción original. La ciclicidad de las crecidas forma parte de la vida cotidiana en las islas, integra su ritmo de vida y pertenece al bagaje de condiciones a las cuales hay que adaptarse. La conducta a seguir ante las periódicas inundaciones está internalizada de tal manera en los pequeños productores, que es corriente escuchar afirmaciones como la que sigue:

"...con las sudestadas crece el agua y tapa el terreno, el terreno, pero no mucho más de tapar el terreno, dos días, tres días... y hay que subirse arriba de la casilla y esperar que se vaya el agua, por eso hay una cosa, que nosotros, por ejemplo, viene la crecida y al ser humano, a nosotros no nos hace nada el agua porque uno convive con el agua, y está preparado para cuando viene el agua, así que no se nos va a mojar el colchón, no se nos va a mojar la leña tampoco, porque ya hasta la leña se sabe donde se coloca...entonces la clave está en saber cuando el agua viene y dejarla pasar. Nosotros, aquí viene el agua, eh, y sabemos que viene el agua, muy bien, hay a través de tantos años uno ya lo percibe cuando está viniendo, hay que levantar las cosas, una vez las cosas arriba hay que esperar que el agua se vaya, el agua se fue, al otro día baja las cosas y sigue, se va a su trabajo, y esa es la única dificultad de las crecidas" (Coco, prod. mimbrero, Paraná Miní).

Los dos subsidios energéticos, junto a la riqueza en substancias orgánicas de los suelos, posibilitan una alta productividad primaria (Bonfils, 1962). Las islas nuevas son rápidamente colonizadas por la vegetación, que inicia la sucesión que la llevará hasta la conformación del monte blanco (Burkart, 1957). Esta sucesión es interrumpida por el hombre, que valiéndose de las bondadosas cualidades de la zona, reemplaza las etapas serales naturales por sus cultivos organizados. Las condiciones que generan una alta productividad primaria en estado natural, continúan su accionar sobre la vegetación cultivada. Esta artificialización de los ecosistemas deltaicos por la intervención de la sociedad se basa, entonces, en un medio natural con condiciones físicas adecuadas (es decir que la humedad, los elementos nutritivos y la temperatura no son fuertemente limitativos) que posibilitan una alta productividad primaria bruta. El hombre reemplaza la cubierta natural, de una muy rica diversidad, por pocas especies con utilidad económica, reduciendo notablemente esta diversidad original. A través de subsidios de energía de origen social (lo que significa a su vez, incorporar capital a la tierra) como sistematización, desmalezado, cuidado de plagas, selección genética, etc, se reduce en forma importante la respiración autotrófica, es decir que la comunidad vegetal reduce el costo del automantenimiento interior, y aumenta en consecuencia la cantidad de energía destinada a la producción. De esta manera, lo que el hombre logra con su intervención en el ecosistema es aumentar la producción primaria neta, que se traduce en forma de productos primarios (fruta, madera, varas de mimbre) destinados al intercambio económico.

La eficiencia productiva de los agrosistemas en el Delta, tomando como base a pequeños productores con escasa capacidad de transformación de la estructura ecosistémica, se basa en la utilización de los potenciales naturales, aprovechando la oferta energética del medio ambiente, como los sistemas naturales de reciclaje de la energía acumulada, a diferencia de la mayor parte de los agrosistemas en donde la dependencia de los subsidios energéticos es muy alta, debido al grado de artificialización que no respeta la dinámica propia de los ecosistemas, "lo que va deteriorando y creando una demanda creciente de energía para la producción agropecuaria" (Gligo, 1984:124). Esto último es lo que sucede en grandes productores, que dado el alto grado de artificialización de las islas, deben procurarse un alto nivel de subsidios tanto en trabajo como en capital.

Esta fertilidad junto a la alta humedad reinante son factores destacables, siendo resaltados en las entrevistas como las causas directas de la alta calidad de los productos agrícolas:

"...por la tierra, la tierra y la humedad, el agua, produce limo, todo eso es la naturaleza que ha traído eso, el limo que viene con las crecientes...y aparte de eso la humedad del ambiente, el vapor de agua, la arboleda, todo eso trae un microclima muy especial. Entonces esa producción tiene otro, otro sabor, nunca sufre seca, porque generalmente la fruta necesita bastante agua para desarrollarse bien" (Alfredo, ex-prod. frutícola).

Pero los mismos factores ambientales que aportan una alta cantidad de energía a los ecosistemas naturales y a los agrosistemas, también imponen limitaciones a la producción y los asentamientos humanos. Fundamentalmente las crecidas e inundaciones periódicas funcionan como un factor condicionante que obliga a adoptar diversas estrategias para poder hacerle frente. La ubicación de las viviendas y los cultivos está condicionada por el movimiento de las aguas, siendo los albardones los lugares exclusivos para la instalación de todo tipo de edificación, que siempre se construye sobreelevada. El albardón es también el lugar donde se ejecutan gran parte de las actividades productivas, por ser el sector menos afectado por las inundaciones, y además por contar con los suelos más ricos en materia orgánica . Dos elementos más que imponen restricciones a la producción y producen efectos negativos, son las heladas por un lado, fundamentalmente las tempranas y las tardías, que en el caso de la forestación su incidencia es menor; y por otro, la gran cantidad de formas de vida que atacan los cultivos ocasionando diversos perjuicios. Estos factores son frecuentemente mencionados en las entrevistas, no habiéndose desarrollado hasta la actualidad un eficiente sistema de prevención y control. Según algunos informantes calificados, las causas de esto último radica en ciertos patrones culturales que hacen que la población sea muy poco proclive a la incorporación de prácticas agronómicas nuevas, y también a los escasos lazos de solidaridad que impide que los conocimientos se transmitan de productor en productor, debido a recelos y desconfianza. Así lo afirma el siguiente testimonio de un técnico del INTA-Delta:

"... el isleño es un poco desconfiado y poco innovador, cuando se le recomienda una técnica nueva, están esperando que lo haga siempre el vecino para ver como le fue y después recién lo hace él. Además, es muy difícil juntarlos para una reunión, hay mucho individualismo".

Siguiendo a Toledo (1980) es posible establecer una diferencia en el medio ambiente isleño en dos categorías: medio ambiente natural (MAN), y medio ambiente transformado (MAT), de acuerdo a si el ecosistema es objeto o no del trabajo humano. El sector del Delta que nos ocupa se caracteriza por un alto grado de intervención humana, siendo, por lo tanto, escasos los sectores que permanecen con características de los ecosistemas originales. La alta presencia de agrosistemas en las islas, determina que el MAT sea al ambiente ampliamente predominante. Solo se podría catalogar como medio ambiente natural a ciertos sectores de pajonal del centro de las islas, en donde todavía no se ha plantado sauce o mimbre. El albardón costero fue transformado primeramente en la producción de frutas, continuando en la actualidad con plantaciones de especies forestales. Cualquiera de estas actividades implica un alto grado de cambio en las condiciones originales, en donde la comunidad vegetal es reemplazada en su totalidad. De esta manera, las islas del Delta constituyen en la actualidad un gran paisaje conformado ampliamente por una sucesión de ambientes transformados, producto del trabajo humano sobre los ambientes naturales y que dieron por resultado la actual configuración de cursos de agua bordeados por los albardones isleños con predominancia de salicáceas, casuarinas, frutales y otras muchas especies cultivadas.

 

El proceso de construcción del ambiente

La intervención de la sociedad sobre los ecosistemas se verifica materialmente en el proceso de trabajo agrícola con una específica manera de transformación de la materia y de la organización del trabajo. Las formas de apropiación de la naturaleza están en estrecha relación con las maneras como los hombres se agrupan para realizar tal apropiación. La unidad productiva de tipo familiar establece una articulación de los miembros entre si que se traslada a la vinculación que poseen con el medio natural. Esta vinculación a través del proceso de producción consiste en una transformación y adecuación de los ecosistemas isleños, una organización de la producción agrícola y una posterior extracción de productos que se destinarán al consumo directo o al intercambio económico.

Primeramente, se debe considerar una diferenciación espacial en el manejo del territorio en cada explotación. La conformación de las islas en albardones y bajíos interiores implica prácticas y actividades productivas y de presencia sobre el terreno diferenciales. Este fenómeno puede ser visualizado a través del concepto de regiones anteriores y posteriores (Giddens, 1995:155) que si bien en su tratamiento original está limitado a caracterizar las relaciones entre actores, siendo el espacio un mero contenedor, en el caso aquí tratado se puede entender toda su riqueza conceptual al incluir el manejo del territorio conjuntamente con las relaciones sociales. El aspecto que define el carácter de la regionalización en Giddens es el nivel de disponibilidad de presencia de los actores en sedes específicas. Así, mientras regiones anteriores implican "exposición" ante la elevada disponibilidad de presencia, las regiones posteriores son ejemplificadas con las "bambalinas" de un teatro o el "fuera de cámara" de las producciones fílmicas. Mientras que en la conceptualización de Giddens, el espacio solo condiciona o define, a lo sumo, la actividad de los agentes entre si, en las islas del Delta (así como en cualquier espacio con actividades primarias) la configuración natural del terreno predispone a la unidad familiar a ejercer distintas prácticas productivas y usos en los ambientes diferenciados. Mientras los albardones son las porciones aptas para la práctica agrícola-forestal y de asentamiento, los bajíos interiores imponen serias limitaciones físicas, siendo hasta muy dificultoso el tránsito y la permanencia en ellos. Así, estos últimos o bien no son usados en absoluto por el productor, o bien se destinan a producciones marginales de mimbre o sauce, que soportan las difíciles condiciones ecológicas. Un pequeño productor de la 2da sección se refiere así a la aptitud del terreno para su aprovechamiento productivo:

"El progreso del isleño se debe en gran parte al terreno que puede tener, a las características, los terrenos altos (albardones), eh... son buenos para distintas variedades de producción. El Delta es todo inundable, pero en los altos hasta podés plantar verduras, y por supuesto álamos, que es lo más rentable y donde tenes menos inversión porque no hace falta drenaje" (Victor, pequeño productor, Cuatro Bocas).

En el mismo sentido, los albardones son también los lugares de encuentros frecuentes entre los actores, al ser los lugares habituales de trabajo y vivienda. En cambio los bajíos interiores solo son frecuentados por agentes aislados bajo fines específicos y en ocasiones particulares. Así, estos últimos bien pueden ser catalogados como "rincones perdidos" u "obscuros", tal cual identifica Giddens a las regiones posteriores.

Ahora en el caso de medianos y grandes productores, las regiones posteriores son "eliminadas", haciéndolas accesibles y claras al tránsito y las actividades humanas. La transformación de los bajíos en terrenos no inundables aptos para la forestación y hasta para ganadería son posibles debido al intenso y persistente trabajo de endicamiento que rodea a toda la explotación, ofreciendo un muro de contención a las aguas en cada crecida. Así, en estas explotaciones, los rincones perdidos u obscuros son disminuidos a la mínima expresión, y la tendencia es a convertir todo el territorio en un espacio apto a la actividad económica a través del trabajo humano de transformación del medio natural, y su constante mantenimiento posterior.

Una sintética conclusión de las diferencias entre pequeños y grandes productores respecto al manejo del terreno y las posibilidades productivas se aprecia en el siguiente testimonio:

"...en cuanto a especies forestales, no, usan la misma, trabajan el sauce y el álamo. Los grandes cuando tienen endicamiento y en la zona del Carabelas, entonces si tienen más álamo que sauce. Porque el álamo solamente se puede en la parte alta del terreno, es decir en el albardón, en cambio el sauce se puede hacer en el bajo también, siempre que se haya hecho la sistematización, los canales de desagüe. Entonces, los grandes que han endicado, y el terreno interno, los bajos, están libre de inundaciones si lo tienen bien sistematizado, entonces pueden cultivar en el bajo el álamo" (Pedro, extensionista INTA-Delta).

La naturaleza brinda el objeto de trabajo del proceso productivo, ejecutado por unidades familiares con un bajo grado de capitalización y una alta inversión en fuerza de trabajo. Esta es fundamentalmente de origen familiar, reservándose el contrato de mano de obra externa solo para determinadas tareas. Las técnicas productivas se orientan fundamentalmente en la preparación de los campos para su puesta en aptitud para la producción. Constituye un elemento mediador para objetivar económicamente el alto potencial productivo del sistema natural y conducirlo al ciclo de acumulación de las unidades productivas. El grado de mecanización de las tareas y de transformación del medio natural guarda estrecha relación con el tamaño de la explotación y la capacidad de inversión del productor. Si bien la producción básica sigue siendo la misma, las modificaciones que sufre el terreno para su puesta en aptitud son sustancialmente mayores en los medianos y grandes productores. Estos ejecutan obras que tienden fundamentalmente a hacer frente al ciclo de crecientes e inundaciones, lo que podría traer consecuencias aún no previstas para la dinámica y productividad de los campos.

Tanto para los procesos de transformación, producción como extracción, la unidad familiar pone en juego específicas técnicas de explotación en donde intervienen el trabajo directo de los miembros de la familia y distintos elementos mecanizados. Esta mediación social entre hombre y naturaleza adquiere diferentes configuraciones de acuerdo a la práctica productiva. Si bien en los trabajos de transformación y adecuación del ecosistema isleño, por medio de la sistematización, canalización, desmalezado, son comunes a todas las actividades agrícolas, las técnicas de producción y extracción varían.

En las tareas de sistematización el medio natural impone todas sus características, las cuales deben ser necesariamente adecuadas a través del trabajo humano para su posterior usufructo. Las inundaciones periódicas se enfrentan con las diferentes formas de endicamiento, zanjeo y apertura de canales. Los diferentes medios de trabajo utilizados, así como la organización de este trabajo están en estrecha relación a las posibilidades de la unidad productiva.

El mayor aprovechamiento de las tierras depende del trabajo puesto sobre ellas para adaptarlas a la producción. Si se acepta la constitución natural de las islas, solo los albardones, y en mucho menor medida los bajos, son aprovechables productivamente. De lo contrario debe realizarse un trabajo de sistematización que consiste en diversas estrategias para desagotar el agua del interior de la isla y hasta incluso evitar que penetre con cada crecida. La primer alternativa se implementa a través de un sistema de zanjeo que permite el desagüe y drenaje de los campos. La segunda se basa en la construcción de "atajarepuntes" o "diques" en todo el perímetro del terreno, para aislar esa porción, de la ciclicidad natural de crecientes y bajantes. Así se obtiene un terreno libre de áreas anegadas, que permite una práctica productiva en mayor escala. Por supuesto, que con este último sistema, la inversión por ha. es notablemente mayor, lo que marca la diferencia entre pequeños y grandes productores.

Es importante destacar que en las entrevistas a aquellos pequeños productores más antiguos, una opinión frecuentemente hallada no es favorable al proceso de endicamiento, considerándolo muy costoso y compleja su construcción y funcionamiento. Al ser el sistema de endicamiento relativamente moderno y solo accesible a grandes productores, se explica que los tradicionales métodos basados en el zanjeo sean considerados como la forma correcta de manejar el campo. El siguiente testimonio es más que elocuente:

" Para mi endicamiento no, tiene que ser un endicamiento más que mejor hecho, pero tampoco estoy con la idea de que si hay una quinta que está endicada y viene tres, cuatro, cinco días de lluvia y se pone el agua así que usted tenga que poner bomba pa'sacarla...tiene que ser natural el agua, como viene se va, pero tiene que tener sus debidas zanjas...no tiene porque el agua quedarse si tiene sus debidas zanjas" (Alfredo, peq. prod., Paraná Miní).

La utilización de maquinarias en forma intensiva solo es posible por medianos y grandes productores, en tanto el zanjeo a mano, con pico y pala, es lo más común entre las pequeñas unidades familiares. Entonces, aquí la tierra, para servir a la producción, necesita de la intervención directa del trabajo humano, se comporta como un objeto de trabajo que el productor debe transformar para incorporarlo al proceso de producción, no ya como objeto, sino como medio de trabajo.

A través de las diferentes actividades productivas se registran diferentes estilos de mediación entre sociedad y naturaleza. De hecho, si la recolección de juncos se produce a través de una apropiación directa e inmediata de un elemento del ecosistema natural, es decir un recurso natural como objeto de trabajo es apropiado directamente por el hombre; en la fruticultura y forestación, esta apropiación de la naturaleza está cada vez más mediada por elementos de orden social, con incorporación de medios de trabajo cada vez más mecanizados. Aquí es donde la tierra pasa a ser un medio de trabajo que el productor utiliza para la sustentación y crecimiento de los distintos cultivos.

Es posible definir distintos grados de vinculación y dependencia de la unidad productiva con respecto a la naturaleza. Aquellas unidades marginales que solo participan ocasionalmente en los mecanismos del mercado, en donde la lógica que prima es la del consumo directo de los productos naturales extraidos, están en un mayor grado de inmediatez con el medio natural. De manera que las variables condiciones del ecosistema natural afectan de modo más directo a su comportamiento y accionar como unidad social. Esto se presenta en aquellos cazadores-recolectores que están a merced de la productividad natural, por ejemplo, de juncos, nutrias y carpinchos, y que en parte destinan al consumo familiar, y en parte pasa a integrar el circuito de intercambio económico en condiciones altamente periféricas. El grado de extracción de recursos está orientado por una lógica que obedece a las necesidades internas de la unidad familiar de acuerdo a una conducta de consumo establecida principalmente por la misma unidad de producción.

En cambio, aquellas actividades productivas que fueron o son dominantes, como fruta y madera,el productor maneja una serie más amplia de elementos que lo independizan de las variables condiciones ambientales. La inserción directa en las prácticas de mercado determina una lógica productiva que obliga a extraer el máximo del medio natural. Así, este es intervenido en forma creciente, siendo necesario para ello una gama de técnicas productivas adecuadas que serán puestas en juego por la organización de trabajo de tipo familiar. Esta complejización del proceso de trabajo agrícola en las actividades productivas dominantes le permiten a las unidades familiares una mayor planificación de los objetivos y tareas a realizar. El medio natural debe ser tenido en cuenta, pero de acuerdo a pautas de comportamiento que obtienen su justificación en la lógica de la producción para el mercado. Aquí se reafirma la condición de la tierra como medio de trabajo, y como tal es tratada, intentando utilizar todas sus potencialidades presentes y trasformando su estructura y dinámica para adecuarla a los objetivos perseguidos por el productor en su estrategia de inserción en el mercado de bienes.

En base al tipo de productor y a la actividad productiva, los diferentes productos primarios obtenidos poseen dos destinos: a) para el consumo doméstico, es decir el consumo directo en la unidad de producción para satisfacer necesidades básicas que atienden a la reproducción de la unidad. Esto se verifica en mayor medida en aquellos productores marginales mencionados anteriormente en donde la apropiación de elementos de la naturaleza está orientada de acuerdo a una estrategia de supervivencia, jugando los recursos obtenidos un rol fundamental en el mantenimiento de la célula familiar. Y en aquellos productores que participan del intercambio comercial y que realizan algunas actividades como cultivo de verduras y hortalizas, granja en pequeña escala, cuyos productos son destinados al consumo doméstico, sin intervenir en los circuitos del mercado de productos primarios del Delta. Así, estos productos de origen natural adquieren solo un valor de uso dentro de la unidad familiar y su circulación está precisamente limitada al interior de las células que los producen. b) para el intercambio en el mercado, es decir, los productos primarios participan de los mecanismos de oferta y demanda que operan en la región. Por lo tanto, estos productos adquieren un valor de cambio y son los que permiten el generar un proceso de acumulación en la unidad productiva. Están representados actualmente por el mimbre y la madera, y en algunas zonas (Río Carabelas) también por lo obtenido en la cría del ganado vacuno.

Una última cuestión a destacar es la complementación entre los ciclos naturales y los ciclos de producción. La predominancia central de la forestación, que es una actividad productiva de lenta rotación de capital, implica también un ciclo de consumo de los elementos naturales también lento. Esto favorece una más adecuada reposición natural del material consumido. Hasta ahora la producción forestal no ha requerido un alto valor de subsidio energético, precisamente por este motivo, pero, que pasaría si se somete al ambiente isleño a una complementariedad de prácticas productivas de rotación de capital lenta, media y rápida, que implicaría una apropiación de los recursos mucho más intensiva. Esto representa claramente a una racionalidad netamente empresarial ligada a la máxima explotación de las potencialidades naturales de las islas en la búsqueda de una alta rentabilidad, guiada por estrategias y técnicas racionalmente planificadas. Así, puede ejemplificarse en lo dicho por un ing. agrónomo proveniente de familia de grandes productores y vinculados también a empresas de transporte de madera:

"... actualmente, sumando los costos que implica la sistematización, la tierra y la estructura necesaria para la producción, estos son muy altos para una actividad que presenta una rotación de capital lenta como es la forestación, el productor debe esperar 14 años para una cosecha, y mientras tanto que hace? En muchos casos, la mayoría llegan ahogados a este momento, venden toda la quinta que es deforestada y luego abandonada, porque la reinversión para forestar nuevamente es muy alta.

Lo interesante es proponer la combinación de actividades productivas de distinta rotación de capital como por ejemplo la forestación, ganadería y apicultura. De esta manera se aprovecha un mismo espacio para varias actividades, por lo tanto, mientras el productor espera los 14 años, va obteniendo producción ganadera que tiene una rotación de 1-2 años. Además el monte sirve de protección a los animales y favorece su crecimiento".

Hasta ahora, de acuerdo a la opinión de los productores no se han observado problemas de sobreexplotación del medio, ni proceso de agotamiento de los elementos nutritivos del suelo. Seguramente que esto se debe al carácter extensivo de las actividades desarrolladas hasta el momento. Para aumentar la intensidad de producción sería necesario previamente conocer la capacidad de sustentación de los ecosistemas naturales presentes, información que hasta el momento no se encuentra disponible.

 

Consideraciones finales

La realidad socio-natural en el Bajo Delta del Paraná se construye a partir de una compleja red de interrelaciones. La articulación entre actores, producción y medio natural da como resultante construcciones ambientales diferenciales en tiempo y espacio. Este "ambiente creado", atributo de la sociedad moderna que a través del proceso de trabajo transforma la naturaleza en artefactos útiles y espacios adecuados, obedece a necesidades específicas de los actores individuales y al mismo tiempo de las condiciones provistas por la estructura socioeconómica y política. Si el bajo delta ofreció hasta mediados de siglo la posibilidad a pequeños productores con un grado relativamente bajo de transformación de los ecosistemas isleños, en la actualidad, las condiciones estructurales favorecen el fortalecimiento de medianos y grandes productores con una racionalidad productiva más "agresiva", tanto hacia el medio natural como de penetración en el mercado de bienes y capitales.

Si bien desde siempre el delta sufrió la modificación de su dinámica natural para adecuarlo a la producción (como cualquier espacio dedicado a actividades productivas primarias) la predominancia de la forestación acentuó la tendencia hacia la artificialización de los ecosistemas, llegando actualmente, en medianos y grandes productores, al extremo de la "pampeanización" de las islas, concepto este con el cual queremos señalar el proceso de racionalización instrumental de la producción isleña que lleva a tratar de convertir a unos ecosistemas de régimen de inundaciones cíclicas, a terrenos libres de esta condición, tal cual es el "campo ideal" en la vecina pampa húmeda. El sistema de endicamiento genera condiciones específicas, de alto costo de mantenimiento en trabajo e inversión de capital, que permiten, por lo menos a corto plazo, practicar producciones típicas de la pampa, como es fundamentalmente la ganadería, y en menor escala la agricultura.

Así vemos, como la antigua relación ciudad-campo es reemplazada por la expansión desordenada de un ambiente creado o manufacturado, al decir de Giddens (1995:214), es decir que se reducen las constricciones materiales de un medio natural acuático-terrestre, llevando a construir un ambiente que permite comportamientos de los actores no muy diferentes de aquellos ejecutados en las zonas netamente continentales vecinas, periurbanas del área metropolitana. La región del Río Carabelas incluso, está modificando su tradicional medio de transporte fluvial, a partir de la construcción de caminos sobre las islas que permiten la comunicación y el traslado de mercaderías con vehículos terrestres.

De esta forma, la región del Bajo Delta tiende a convertirse, gracias al accionar de grandes productores, en un área fuertemente modificada en su estructura y dinámica natural, por la acción de actores sociales que ejecutan su praxis en base a condiciones tanto individuales como colectivas, generando un espacio netamente construido, y definido a partir de las pautas características de la sociedad económica y politicamente administrada y tecnologicamente racionalizada de la segunda mitad del siglo XX. El poder preveer y controlar toda variable que afecte la producción y su rentabilidad tiende a ser la premisa máxima a seguir.

 

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