THEOMAI*

RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO /
 
SOCIETY, NATURE AND DEVELOPMENT STUDIES NETWORK 

    
 

Explotaciones familiares, división del trabajo
y producción en el delta del Paraná, Argentina *

 

 Guido P. Galafassi**

 

* Publicado en EIAL, Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol. 11, nº 1, 2000, Tel Aviv, Israel. 

** Docente e Investigador del Centro de Estudios e Investigaciones, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina. E-mail: ggalafassi@unq.edu.ar

 

 

Introducción

La trayectoria cambiante desde el punto de vista productivo y de la conformación de los sujetos sociales de la región del Delta del Paraná, marca una constante adaptación y dependencia a macroprocesos regionales y nacionales, teniendo como eje el aprovechamiento de los potenciales naturales.

Sus características ecológicas especiales la desecharon desde un principio para la implantación de explotaciones agrícolas-ganaderas típicas de la región pampeana en donde se inserta.

Su colonización basada fuertemente en la inmigración europea de fines del siglo pasado y principios de este, definió una situación con predominancia absoluta de unidades productivas basadas en el trabajo del grupo familiar.

De la producción principal de frutas en la primera mitad de este siglo destinada a abastecer casi con exclusividad todo el mercado del área metropolitana de Buenos Aires, se llega al día de hoy, luego de una fuerte crisis de esta producción por la competencia de otras regiones emergentes en fruticultura (por ejemplo, el Alto Valle del Río Negro en las provincias patagónicas de Neuquén y Río Negro), a una cuasi exclusiva dominante producción forestal destinada a pasta celulósica para la fabricación de papel.

Así, el Delta del Paraná hoy en día se identifica como una gran región forestal abastecedora de la industria celulósica-papelera nacional, rodeada de la pampa agroganadera, en donde todavía, pero con importantes transformaciones, la unidad productiva dominante la constituye la explotación familiar.

Cabe destacar, que son escasas las publicaciones referidas a la problemática socioeconómica de la región del Delta del Paraná (no así la que trata de aspectos ecológicos o agronómicos). Dentro de la cual se encuentran tantos estudios académicos como informes técnicos para organismos públicos de gestión. El trabajo dirigido por Benecia (1994) tuvo como objetivo comprender las estrategias o lógicas que subyacen en las conductas sociales y económicas de las pequeñas explotaciones mimbreras, considerando la superposición de la racionalidad familiar y la racionalidad de la explotación.

Un claro ejemplo de informe técnico es aquel realizado por el CFI (1985) en donde se describe superficialmente las condiciones ambientales y económicas de la región del Delta Bonaerense.

El trabajo de Rosato (1988) describe y analiza pormenorizadamente la organización social de los grupos ganaderos, cazadores y pescadores que un tanto al margen de la producción dominante para el mercado, subsisten en los sectores menos favorecidos desde las condiciones espaciales, ecológicas y de integración económico-social.

El otro trabajo técnico importante, es aquel realizado por Latinoconsult (1973) cuyo objetivo fue evaluar las posibilidades socioeconómicas para un desarrollo de la región bonaerense del Delta. Para esto se realiza una paciente descripción de todos los componentes de la producción agraria, industrial y de los servicios.

La última publicación significativa es aquella realizada por el Laboratorio de Geografía Física Aplicada de la Universidad Montaigne Bordeaux 3 (1998) y la Universidad de Buenos Aires. Consta de dos secciones principales de carácter netamente descriptivo. La primera realizada por Prat y Salomon dedicada al estudio de los medios naturales y la valorización del espacio; la segunda, realizada por Gentile y Natenzon, describe el ordenamiento territorial y la economía de la región.

Con este trabajo, entonces se propone abordar una cuestión desatendida hasta el momento. Se trata de la temática de las explotaciones familiares pequeñas y medianas (típicas del Bajo Delta del Paraná) basadas en la producción forestal y que anteriormente estaban dedicadas a la producción fruticola en forma predominante. Se pretende interpretar las relaciones entre actores sociales, sistemas productivos y organización del trabajo. Los procesos de transformación en las actividades productivas tuvieron su correlato en la organización productiva y laboral de la unidad familiar. El objetivo, por lo tanto, es poder caracterizar las estrategias adoptadas por la explotación familiar en la dinámica productiva de la región.

La investigación se desarrollo en base a el análisis de datos primarios y secundarios, que aportaron fundamentalmente el material descriptivo para la sintética reconstrucción histórica y el marco económico general; y un trabajo de campo, realizado entre los años 1992-1997 con visitas periódicas a la zona que incluyó entrevistas con los diversos actores sociales involucrados, resolviendo las cuestiones referidas al accionar del grupo social en relación a las estrategias laborales y productivas.

El trabajo de campo se situó en la 1ra, 2da, 3ra y 4ta sección de islas, que corresponde a los partidos de Tigre, San Fernando y Escobar. El abordaje desde una metodología cualitativa, que se basa en la observación de los actores en su propio lugar interaccionando con su lenguaje y vivencias, implicó realizar la recolección de datos a campo en base a entrevistas abiertas a distintos sujetos sociales de la zona, que fueran representativos de los diferentes aspectos que adopta la organización del trabajo agrícola y forestal. El ahondar en las historias de vida de los entrevistados enriqueció el análisis aportando variados datos sobre la forma en fueron vividas las transformaciones en los estilos de vida y producción. Frecuentemente se apeló a la observación participante, acompañando a los pobladores en sus distintas tareas en el campo. Dentro de la diversidad de sujetos sociales, fueron entrevistados productores pequeños y medianos en sus propiedades, trabajadores temporarios y permanentes sin propiedades, y también técnicos de organismos nacionales de asistencia a la producción (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el ex Instituto Forestal Nacional), esto último permitió cotejar un rico conjunto de datos desde un punto de vista diferente al poblador directamente involucrado.

 

La región del delta del Paraná

En la práctica agricolo-forestal se conjugan diferentes elementos, procesos y relaciones. La fuerza de trabajo humana, al poner en movimiento diversas técnicas (métodos e instrumentos), interviene en el espacio natural y transforma sus componentes en productos necesarios al desarrollo social. La existencia de dinámicas naturales y dinámicas sociales que interactúan entre si y donde cada una responde a legalidades específicas, le otorga a la relación hombre-ambiente particulares características de complejidad. Entonces, para poder ser abordado como un objeto de estudio es necesario definir la jerarquía de causalidades de cada singular situación histórica y aproximarse a su análisis a través de un proceso de conocimiento basado en la integración sintética de estas dinámicas (Gutman, 1986). De aquí también se desprende la necesidad de diferenciar dentro del sistema social el conjunto de actores que interactúan con el medio, evitando caer en una simplificación y tratando a la sociedad como un sujeto único. Por lo tanto es indispensable situar en los estudios de las interacciones entre sociedad, espacio y naturaleza, el subconjunto natural al que se refiere y el sujeto social que acciona sobre el, tanto en sus dimensiones temporal y espacial.

El Delta del Paraná constituye un amplio espacio geográfico formado por tierras planas e inundables, con sectores más elevados (albardones), y de una alta fertilidad. Se ubica en el tramo inferior del río Paraná hasta su desembocadura en el Río de La Plata, confluyendo también en este punto con las aguas del río Uruguay. Su extensión total es de aproximadamente 1.750.000 has. y su territorio se encuentra bajo la jurisdicción político administrativa de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

Geomorfológicamente ha sido dividido en cuatro sectores que presentan características propias y definidas. En esta investigación se tomará solamente el sector del Bajo Delta, por constituir desde el punto de vista ecológico y socioeconómico una unidad claramente diferenciada .

Es importante mencionar que el Delta constituye la conexión con el océano de la amplia red hidrográfica alrededor de la cual se estructura una de las áreas económicamente más activas de América del Sur: la Cuenca del Plata. Constituyendo uno de los sistemas fluviales más grandes del mundo, esta cuenca abarca una superficie de 3.100.000 km2., por territorios de Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Esta zona concentra la gran parte de los suelos con mayor capacidad productiva de América del Sur; ofrece también un gran potencial industrial e hidroeléctrico, así como pastizales de excelente calidad (Adamoli et al, 1980). La región del Delta constituye, por su ubicación, un área atípica inserta como una cuña en la extensa llanura que caracteriza a los sectores medios e inferior de esa cuenca platina. En efecto, mientras en los llanos circundantes se practica una intensa actividad económica basada en la agricultura y la ganadería sin observarse factores ambientales limitantes que sean de destacar, en el sector del Delta la actividad económica gira en torno a la explotación forestal casi exclusivamente, debido, entre otras cosas, a factores limitativos que la definen como un área de drenaje deficiente y con ocurrencia de periódicas inundaciones.

Desde el punto de vista de los sistemas productivos y de la caracterización de acuerdo a la aptitud del suelo, la región del Delta del Paraná es considerada con una aptitud dominante ganadero-agrícola, con severas restricciones para un uso agrícola continuado (cfr. Cascardo et al, 1991; Gómez et al, 1991). Así, si en el Bajo Delta la forestación es dominante, en el resto de los sectores predomina ampliamente la ganadería extensiva.

Por otra parte, no debemos olvidar que la producción pampeana contribuye con más del 50% de las exportaciones agrícolas (sorgo, trigo, maíz, girasol, lino y soja) a nivel nacional (cfr. Manzanal et al, 1989). En cambio, la producción forestal del Delta sumada a otras áreas, vino a cubrir una deficiencia en el consumo interno de madera para papel, siendo insignificante el volumen exportado.

Si se toma en consideración el espacio socioeconómico, la región del Delta se ubica a lo largo del llamado Eje Fluvial Industrial, angosta franja sobre la margen derecha del sistema Paraná-Plata, de 400 km. de largo entre las ciudades de Santa Fe y La Plata, y donde se concentra actualmente la mitad de la población y las tres cuartas partes del empleo y del producto bruto industrial del país. Además, se encuentra a las puertas del conglomerado metropolitano de Bs. As. Todo esto le brinda al Delta la posibilidad de integrarse rápidamente a los grandes procesos socioeconómicos de la región, pero sin embargo actúa más como bache o área subexplotada que como hinterland integrante del eje. Sin embargo, su aislamiento es parcial y se debe en parte importante a factores ecológicos. Su conexión con el resto del área adquiere distintas características de acuerdo al sector del Delta considerado (Foguelman, 1990). El Bajo Delta está indisolublemente ligado al Eje Fluvial Industrial mencionado, aunque el volumen global, estabilidad y orientación de las interacciones económicas no sean constantes. Proporciona todavia en algunos casos o ha proporcionado en las primeras décadas del siglo en otros, una serie de insumos y servicios de diversa importancia, todos ligados a las potencialidades naturales del área: 1)Recursos naturales: fauna silvestre, frutas, mimbre, madera, materiales de construcción, etc.; 2)Miniturismo y 3)Deportes náuticos y pesca deportiva. Por otro lado, depende fuertemente de la metrópoli al recibir bienes de mayor valor agregado, indispensables para la vida y la producción de las islas. Estos van desde insumos energéticos, vehículos, manufacturas, alimentos, materiales de construcción y todos los servicios (salud, educación, comunicaciones, electricidad, transporte, etc.) (Gentile y Natenzon, 1998)

En síntesis, el Delta es tanto desde sus atributos naturales, como desde sus características socioeconómicas, una zona atípica dentro de la región de entorno, con procesos internos particulares y bien definidos, pero que ha existido siempre en referencia al sector externo con el que interactúa. De tal manera, se conjugan en el área legalidades propias del funcionamiento del sistema particular Delta, y al mismo tiempo interacciones con macroprocesos regionales y hasta nacionales.

 

Breve caracterización del proceso histórico de asentamiento, colonización y producción

La permanencia y formas de asentamiento han estado directamente vinculadas a los tipos de utilización de la tierra. De esta manera, podríamos distinguir tres etapas en la historia del Delta: un primer período (siglos XVIII y XIX) caracterizado por la extracción directa de los recursos naturales, sin asentamientos permanentes de importancia; un segundo período (fines del siglo XIX y comienzos del XX) en donde comienza el gran proceso de transformación del medio natural, con asentamientos permanentes y el cultivo intensivo de frutales por parte de pequeñas unidades familiares. Y un tercer período que comienza a mediados de este siglo, donde lo que varía fundamentalmente es el tipo de producto primario que sustenta su economía, que se sostiene actualmente en la explotación predominante de forestales. Esto promueve una mayor transformación del ecosistema y un gran proceso de emigración de población consecuencia del cambio productivo, y la aparición de unidades productivas de tipo "empresa". En esta etapa se producen cambios en el contexto con el cual el sistema Delta interacciona, lo que repercute en el tipo y forma de las producciones y, consecuentemente, en la manera en que se utiliza e interviene sobre el medio natural.

La explotación del monte natural en los siglos XVIII y XIX tenía como destino la ciudad de Buenos Aires, en donde se utilizaba la madera como leña. La extracción de las especies silvestres se realizaba libremente sin estar la actividad regulada ni controlada de forma alguna. Esto llevó a una degradación y desaparición del recurso originario. En un texto de 1835, Alcides D'Orbigny proporciona una muy gráfica descripción del procedimiento utilizado: "En estos lugares y algo más arriba en el Paraná, gran número de carboneros acuden todos los años a hacer su provisión de carbón, llegando a ahumar el país a veinte leguas a la redonda. Su modo de fabricación es de lo más viciosos, por lo que el producto resulta muy malo y se pierde mucha cantidad de madera (...), y sin que los torpes explotadores se preocupen mayormente por el daño."

Este primer período, se caracterizó por la modificación del monte natural a través de la extracción de frutales y madera, leña y carbón y la explotación de la fauna. La población era de origen criollo, con una distribución dispersa y en asentamientos precarios y aislados, sin un régimen de tenencia de la tierra ("tierras de pan llevar") y con una escasa o nula intervención del Estado en la ocupación y la explotación de los recursos. Todo esto le daba un carácter de territorio marginal y fundamentalmente de tránsito (Palotta, 1990).

Una segunda etapa comienza a mediados del siglo XIX. En pocas décadas se produce un poblamiento espontáneo pero continuo de las islas con un carácter más estable a través de nuevas actividades productivas. Hacia 1860, el Delta además de leña produce madera para diversos usos urbanos y rurales, y también pieles de nutria y carpincho, naranjas, duraznos y miel. El paisaje del Delta comienza a transformarse desde un territorio donde hasta entonces solo existían algunas pocas personas en pequeños huertos, a una sucesión de extensiones desmontadas y plantadas con sauces, álamos, frutales y hortalizas en una magnitud antes no conocida. Al respecto señala Santiago Albarracin en un folleto de la época que "el Delta, compuesto de un archipiélago de islas que ha permanecido algunos siglos desiertas, ha empezado a poblarse vertiginosamente a tal punto que, de un momento a otro, Buenos Aires, ha podido agregar a su mapa un departamento nuevo, en el que instantáneamente se han aglomerado capitales por millones y una de las poblaciones más consumidoras del Estado" .

La ley 2072 de Colonización de la Provincia de Buenos Aires, del año 1888 que da comienzo a las mediciones y ventas, promueve fuertemente la colonización regular del Delta. El nuevo proceso de poblamiento cuenta con un aporte de inmigrantes de gran envergadura y quizá el de mayor diversidad: ucranianos, húngaros, polacos, italianos, españoles, franceses, rusos, vascos, etc., formaron comunidades que en general se agrupaban por países de origen en cursos de agua determinados. Las zonas del Paycarabí, Paraná Miní y Carabelas fueron las primeras áreas donde se asentaron los primeros habitantes de origen europeo (Benecia et. Al., 1994). Este proceso de poblamiento continua hasta 1930, momento en que el Delta alcanza la mayor población (20.000 habitantes) iniciándose la declinación a partir de la década del '40 por razones fundamentalmente de mercado y climáticas (CEAL, 1979). La población comenzó a emigrar, proceso que se acentúo en las décadas del 60 y 70. Hacia 1980, el sector bonaerense solo contaba con 12.3230 habitantes, y según el Censo de Población y Vivienda, se llega en 1991 con 9.369 habitantes (Gentile y Natenzon, 1998).

La producción de frutales en unidades productivas de tipo familiar fue lo característico de este período. La organización del trabajo basado en la participación de la mano de obra de los integrantes de la familia, más el aporte de asalariados permanentes o temporarios, se conjugaron con técnicas productivas que utilizaban mínimamente maquinarias, tanto por las características del terreno, como por el tipo y tamaño de la explotación.

Las sucesivas leyes de colonización de la Provincia de Buenos Aires (ley 4207 del año 1934; ley 5782 del año 1954; ley 6263 del año 1960) condujeron a un asentamiento estable con producción para el mercado. El proceso de adjudicación de tierras fiscales distribuyó un total de 232.176 has. (equivalentes al 82% de la superficie total del Delta Bonaerense) entre 1888 y 1971. Pero la mayoría de la tierra fiscal adjudicada se llevó a cabo entre las leyes de 1888 y 1934, cuando el 65% de la superficie de islas fue entregada para su ocupación (Perez Sosto y Allevato, 1991).

La cosecha anual de frutales se comercializaba a través del Puerto de Tigre, llamado justamente "Puerto de Frutos". El Delta funcionó mucho tiempo como el único proveedor de frutas del área metropolitana. La intervención humana sobre el medio se profundizó notablemente a través de la intensificación y diversificación agrícola que dio como resultado el desarrollo de la fruticultura. La modificación del medio natural fue muy notable, reemplazando completamente la cubierta vegetal que cubría las islas, por montes de frutales. Según la información brindada por los propios productores, la productividad era muy alta, debido a las características ambientales mencionadas (alta fertilidad por el aporte continuo de materia orgánica que depositan las periódicas crecidas del río). La degradación de los ecosistemas naturales se dio entonces, en términos de desaparición de la comunidad vegetal, pero no en términos de pérdida de rendimiento productivo. Esto se debió seguramente al tipo de unidad productiva y a sus técnicas de intervención. En efecto, éstas se basaban en la utilización de la ciclicidad natural del ecosistema con sus pulsos y ritmos de subsidios a través de las inundaciones periódicas. Las modificaciones del terreno perseguían la mayor eficacia en la adaptación al mismo, a través de la utilización de los ritmos naturales en el proceso productivo. Sin impedir las crecidas sobre las islas que aportaban el subsidio energético en forma de sedimentos y materia orgánica, se encauzaban para su mejor provecho, "sistematizando" el terreno e incorporando el natural desnivel de las aguas en las estrategias de producción. El proceso de trabajo con un muy reducido empleo de maquinarias y el tipo de producción basado en la rotación lenta de capital, determinó una alteración baja en la estructura y dinámica de este ecosistema. El tipo de explotación de poca extensión y atendida principalmente por los miembros familiares, permitía un control más directo de las tareas de intervención. El trabajo se distribuía entre los componentes del grupo doméstico, contratándose trabajadores asalariados para las tareas estacionales, con total supervisión del jefe de la familia.

Este paisaje caracterizó al Delta completamente en las primeras cuatro secciones hasta mediados de este siglo, a partir de ese momento la competencia de otros mercados frutícolas emergentes (Alto Valle en la provincia de Río Negro y San Pedro en la provincia de Buenos Aires) inició el proceso de decadencia de la producción frutícola, que encontró en otras zonas, mejores ventajas comparativas al insumir menores costos de inversión (Palotta, 1990). El mejoramiento de las comunicaciones privó al Delta de las ventajas que suponía su cercanía a la Capital Federal para la provisión de frutas . El abandono continuo de la producción y las quintas, la emigración del grupo familiar en su totalidad y el surgimiento de la forestación, de la mano de las explotaciones familiares de mayor tamaño, como casi única actividad económica, caracterizan el último período que se extiende hasta el momento presente.

El lugar más destacado, entonces, dentro de las actividades productivas en el Bajo Delta, lo ocupa en la actualidad la práctica forestal, asentada en factores climáticos y edáficos que hacen del área un medio ampliamente favorable para la producción en gran escala de madera de rápido crecimiento, y en especial de maderas blandas. Debido a esta situación, el ensayo de diferentes especies y variedades es constante, tratando de encontrar las que mejor se adaptan al medio. Las especies ampliamente dominantes son sauces y álamos, existiendo también algunas variedades de pinos, eucaliptos y taxodios.

Esta actividad tuvo en las últimas décadas un crecimiento primero, seguido de una baja en la producción por factores climáticos. El censo agropecuario de 1954 arroja un valor de 79.170 ha. forestadas, lo que equivale a un 18,82% del terreno total del Delta (entreriano más bonaerense). Para el año 1969 (según el censo agropecuario correspondiente), esta cifra asciende a 103.320 ha. con un 24,57% del total del territorio del Delta (Latinoconsult, 1972).

Pero tomando solo el Delta bonaerense los guarismos son los siguientes, para 1954: 41.600 ha. de superficie forestada con un 15% del área total; y para 1969: 53.470 ha. con un 19,6% (INDEC, 1954, 1969). Posteriormente se detiene este crecimiento, e incluso se registra un retroceso. Según datos del IFONA, en el año 1980 existían algo más de 42.000 ha. forestadas. Pero la gran inundación de 1982-83 produjo pérdidas muy importantes de tal manera que para el Censo Agropecuario 1988 la superficie forestada solo alcanza las 35.000 ha. (CFI, 1985). De esta superficie el 74% corresponde a sauces y el 21% a álamo. El Delta como monoproductor de salicáceas aún constituye la mayor concentración del mundo en cultivos de estas especies en una sola zona ecológica y económica.

Esta orientación hacia los cultivos forestales tropieza con una estructura fundiaria inadecuada para la práctica forestal, las 10-20 ha. promedio de las quintas frutícolas no permiten desarrollar económicamente el cultivo de salicáceas (CFI, 1985). Junto con esto, la actividad forestal demanda menos mano de obra que la fruticultura y una atención o cuidado tal que no exige la presencia constante del productor, circunstancia esta que favorece la expulsión de población que se venía dando por la decadencia de la fruticultura. Al mismo tiempo se producen cambios en las relaciones de trabajo, dentro y fuera de la unidad productiva, en concordancia con las transformaciones de la actividad económica. La organización del trabajo familiar varía al no requerirse la presencia constante de sus miembros en las explotaciones forestales, y al aumentar el tamaño de los predios, se favorece la incorporación de mano de obra asalariada que realiza en forma permanente o temporaria las distintas tareas de la práctica silvícola. Existen también cuadrillas organizadas que recorren las quintas para realizar el corte de la madera, contratándose su trabajo en diversas formas. También se registra un aumento de las maquinarias que se incorporan al proceso de trabajo de estas nuevas explotaciones de tipo empresarial (Galafassi, 1996).

Dado que, en la actualidad, la "unidad económica forestal" se estima en 150 ha., se favorece un proceso de aumento de tamaño de las explotaciones (INTA, 1989). Esto implica la emergencia de grandes productores a costa del abandono y emigración de antiguos fruticultores que venden sus propiedades. Pero en las tres primeras secciones todavía la gran mayoría de los productores son lo que podríamos llamar pequeños y medianos (10-50 ha.). En efecto, un poco más del 70% de las explotaciones tiene menos de 50 has. (FSAA, 1996). Esto los obliga a adoptar distintas alternativas productivas (mimbre por ejemplo) o sufrir las penurias de una producción insuficiente. En tanto que la situación en parte de la 4ta. sección permitió, en función del mayor tamaño de los predios, la instalación de explotaciones más grandes, que llevan adelante una actividad forestal tecnificada y con el auxilio de endicamientos para evitar las inundaciones, que permiten, en lo inmediato, obtener resultados económicos más favorables. Esta última situación también se registra en las secciones I a III, aunque en menor proporción.

Pero esta tecnificación y endicamiento implica una transformación profunda de la dinámica natural del ecosistema. Al impedir el ingreso de las aguas al terreno, se impide, al mismo tiempo, el aporte al suelo de subsidios energéticos en materia orgánica, que es justamente aquello que le otorga al Delta su alto rendimiento productivo. Al ser las explotaciones de mayor tamaño, y al emerger las unidades productivas de tipo empresa, se produce una transformación en sus técnicas de trabajo. El objetivo de máxima rentabilidad determina elegir aquellos cultivos más eficientes y utilizar las estrategias productivas más rendidoras. Esto implica transformar y adaptar el medio natural a las exigencias de estos factores, lo que significa un notable avance en el grado de transformación del ambiente con respecto a las producciones anteriores. La meta es eliminar las inundaciones creando un medio ambiente más estable que permita el cultivo de especies (álamo, por ejemplo) de mayor productividad económica.

 

El proceso productivo: características e interrelaciones

La dinámica económica de la porción del Bajo Delta estudiada presenta una combinación de dos sistemas productivos que se relacionan entre si y con el exterior de forma diversa, presentando diferentes grados de participación en la economía de mercado. Pero ambos sistemas se estructuran en base a una práctica productiva ligada al aprovechamiento directo de los recursos naturales, aunque diferenciándose por la forma y tipo de usufructo del ecosistema; uno basado en la reposición natural de los recursos y otro a partir del subsidio energético suministrado por la unidad productiva.

El primer sistema productivo es el denominado economía de subsistencia, con una organización dispersa (INA, 1984; INTA, 1973, INTA-UNESCO, 1973), de escaso desarrollo y presencia en este sector. Se limita a la caza, pesca y recolección de especies de la flora y fauna silvestre, estando a merced de la productividad natural del ecosistema. Las actividades productivas son llevadas a cabo por productores independientes, en general no propietarios de las tierras que ocupan y que trabajan, en donde la organización del proceso productivo está centrada en el grupo doméstico (Rosato, 1988).

El otro sistema, que predomina ampliamente en el Bajo Delta, es el que se podría denominar de tipo capitalista, en donde el proceso de acumulación y de inserción en el mercado está claramente definido. Esto involucra a actividades económicas en donde la propiedad de la tierra y la inserción de capital son dos elementos constitutivos del sistema. La práctica del proceso productivo implica el aporte constante de un subsidio externo al ecosistema natural, aportado a través del proceso de trabajo. La forestación, la fruticultura, la explotación del mimbre y también cierta ganadería son los rubros presentes, complementados en algunos casos con agricultura para consumo doméstico. Estas actividades son llevadas a cabo por pequeños, medianos y grandes productores que organizan su producción en base al trabajo familiar, y producen para un mercado que presenta todas las características del mercado capitalista. Además, existen algunos grandes predios con explotación forestal, cuya organización responde típicamente a una estructura empresarial y que en ciertos casos son propiedad de las empresas elaboradoras de papel instaladas en la zona (Papel Prensa, Celulosa Argentina, Papelera San Justo, etc.).

Antes de analizar la unidad familiar, es necesario definir que entendemos por pequeño, mediano y gran productor en el Delta, para poder comprender con que unidad de estudio se estuvo trabajando, sin significar esto un análisis profundo de la tipología de productores, que no constituye el objetivo de este trabajo. Se sigue fundamentalmente el criterio de los propios actores sociales que delimitan a los pequeños y medianos productores en base principalmente a la extensión de la propiedad, pero que involucra también tipo de producción primaria y características de la fuerza de trabajo así como la tecnología empleada.

Se considera pequeños productores a aquellos cuyas explotaciones no superan las 15-20 ha., con trabajo familiar casi exclusivamente y producción mimbrera y forestal; en cambio los medianos llegan a tener explotaciones de hasta 100 ha aproximadamente, y suelen contratar mano de obra temporaria para sus producciones casi exclusivamente forestales y para la cual existe algún grado de tecnificación con incorporación de maquinarias. Los grandes productores, en cambio, poseen entre 500 y 800 ha, con dominancia de forestales y fuerza de trabajo predominantemente asalariada, permanente o temporaria y un mayor empleo de maquinarias. Algunas empresas papeleras que tienen explotaciones de más de 1000 ha. Al respecto uno de los informantes nos decía:

" y el chico es de 10 ha, 10-15 ha, son los fruticultores de antes, que ahora quedan algunos pero es poco lo que queda, y medianos podríamos llamar 50-80 ha...100 ha. medianos, y después los grandes, son los que tienen 400, 500, 800 ha, y después las empresas que tienen 1000 o 2000 ha; Papel Prensa en una quinta sola tiene 1000 ha, en otra en Entre Ríos creo que tiene más de 1000 también, y Celulosa Argentina también..." (Eduardo, prod. forestal, arroyo Grande).

Como esta investigación se ha centrado en aquellos productores con organización de tipo familiar y ligados al mercado capitalista, se procederá en las páginas siguientes a profundizar su caracterización.

 

La Unidad Familiar Isleña: Organización, Estrategias de Ingreso y Producción

Repetimos que no se quiere realizar una tipología de productores isleños, sino solamente caracterizar a los grupos sociales que fueron objeto del análisis. De aquí se desprende una serie de atributos que definen al componente social en su interacción con el ecosistema natural con objetivos productivos. Algunos de éstos son de interés, pues denotan las características que asume esta interacción. En la forma de vinculación con la tierra, es decir si son propietarios o no, se puede ver la manera de apropiación del territorio que se efectúa, cuya expresión dominante es la propiedad privada trabajada por sus propietarios; existiendo algunos pocos casos de pequeños productores mimbreros con ocupación de hecho de terrenos fiscales. La racionalidad económica, que se puede definir por la forma de vinculación con el producto, está indicando que son productores en los cuales se verifica una cierta capacidad de acumulación con producción de beneficios, y donde las decisiones de producción se toman de acuerdo a las circunstancias del mercado, que en la mayoría de los casos responde a un ámbito nacional con respecto al destino de los productos finales, pero que en el caso de la materia directamente obtenida de las quintas su destino es el mercado local o regional (Pto de Tigre, San Fernando, o alguna empresa papelera de la zona). Esto último configura una compleja trama de relaciones que hace que la producción forestal en el Delta obedezca básicamente a las necesidades nacionales de estos productos. Todos estos rasgos ayudan a definir al grupo social estudiado como una unidad económica basada en la reproducción ampliada de mercancías, y con una fuerte presencia de trabajo familiar que explota los altos potenciales productivos que brinda el ecosistema deltaico.

Dado un marco conceptual en donde se resalta el interés que reviste la dinámica y organización del grupo social que interactua con una porción de naturaleza, y al centrar el trabajo en pequeños y medianos productores, nos parece importante entonces, introducirnos en la caracterización de la unidad de producción sobre la cual gira esta investigación. Se tomarán aquellas situaciones en las que la familia funciona como una unidad económica (Borsotti, 1978) cuando se conjugan una serie de atributos que la distinguen ciertamente como una unidad productora de bienes y servicios para el mercado, aunque también para la subsistencia, y como una unidad que genera las condiciones para la reproducción de sus miembros. Esto último implica producir la reproducción de agentes sociales en sus ciclos cotidiano y generacional. Reproducción generacional hace alusión al proceso por el cual toda sociedad repone sus individuos de generación en generación. La reproducción cotidiana implica, en cambio, "que todos los agentes sociales reponen diariamente su existencia y capacidad de trabajo y con ello su valor de uso y de cambio" (op.cit: 6).

Este ciclo de reproducción (que incluye la reproducción biológica, social y cultural de las familias) es el núcleo central que organiza el conjunto de las actividades de todo desarrollo humano en general, y de los grupos sociales tratados en particular. Como unidad de producción, la familia también es una unidad de consumo, regulada en base a los objetivos a lograr y al caudal de ingresos. Este consumo, que responde al proceso de reproducción de los agentes sociales está en función, entonces, de la producción de la unidad familiar y del tipo de inserción de ésta en el sistema social de producción e intercambio.

Un elemento que define a estas unidades productivas y las distingue de aquellas unidades de subsistencia, es que existe alguna forma de acumulación; es decir que se registra una producción de excedentes que se integra a un circuito de intercambio social que está por fuera de la unidad familiar. Por lo tanto, es en función de la producción de bienes y servicios que genera un proceso de acumulación, que debe organizarse la totalidad de la fuerza de trabajo de la familia y no sólo la de alguno de sus miembros. Que la familia constituya una unidad económica para la producción social, implica además, que debe contar con algún medio de producción (tierra o capital) que esté disponible directamente, aunque no sea de su propiedad. De la operación de estos medios de producción a partir del trabajo de la familia es que se generan excedentes para el intercambio, que permiten no sólo la reproducción del ciclo productivo, sino también un proceso de acumulación que posibilitará el incremento de estos medios de producción.

La unidad de producción familiar en su ciclo productivo y reproductivo genera valores de uso y de cambio que se utilizan en el consumo cotidiano o se colocan en el mercado valiéndose para esto de la fuerza de trabajo de sus miembros. Aquí es útil distinguir el trabajo doméstico del trabajo social, y el trabajo productivo del reproductivo. Para definir al trabajo doméstico se tendrá en cuenta el lugar donde se realiza y el destino del producto, en consecuencia, "trabajo doméstico es aquel que se realiza en la unidad de vivienda familiar y se destina al consumo directo de sus miembros o al mantenimiento de dicha unidad" (op.cit: 6). En cambio, trabajo social es aquel que ejecutándose en la unidad de vivienda, su producto es consumido por quienes no pertenecen a ella, o el que se realiza fuera de la unidad de vivienda o el que se realiza fuera de la unidad económica y su producto es consumido por los miembros de una unidad de vivienda. Ahora, "trabajos reproductivos son todos aquellos que se traducen en un bien o servicio susceptible de consumo inmediato por parte de los individuos, aplicable directamente a la reproducción cotidiana o generacional de los agentes sociales, ya sea que se produzca socialmente o en el hogar doméstico". Y en cambio, "trabajos productivos son los que dan por resultado un bien o un servicio no susceptible de ser consumido inmediatamente" (op.cit: 7).

Por la combinación de estas cuatro formas de trabajo es posible encontrar entonces: 1)trabajo doméstico reproductivo para el mantenimiento de los miembros de la unidad productiva; 2)trabajo doméstico productivo, en el caso en que la unidad familiar genera sus propios medios de producción; 3)trabajo social reproductivo, en donde los bienes producidos se destinan al consumo inmediato de la unidad; y 4)trabajo social productivo, en el que sus productos no se destinan al consumo inmediato.

En la unidad familiar isleña se verifica ciertamente la generación de un producto con cierto valor de cambio que se colocará en el mercado, y que se produce a través del trabajo de los miembros de la familia, atendiendo también a las necesidades de reproducción de sus integrantes. Es posible definirla como una unidad en donde los miembros en su conjunto trabajan para la producción social de bienes que serán colocados en el mercado. En este trabajo social productivo intervienen todos los integrantes, cumpliendo cada uno un rol predeterminado que está en función del tipo de tareas a realizar y también de cierto arreglo a valores comunes. La división del trabajo por sexo y por edad determina también una distribución específica del mismo que hace ocuparse fundamentalmente a mujeres y niños del trabajo doméstico y a los hombres jóvenes y adultos de las operaciones concernientes a la producción de bienes para el intercambio.

El sistema de producción en el caso de los pequeños y medianos productores asume, entonces, una organización basada fundamentalmente en los potenciales del grupo familiar. El proceso de trabajo en la unidad familiar incluye las técnicas apropiadas (tanto del manejo de los instrumentos como del conocimiento del medio natural), la programación adecuada de las diferentes actividades (debido a la estacionalidad de ciertos productos y a las diferentes tareas que pueden superponerse a lo largo del año) y a la capacidad laboral de cada productor (de acuerdo al tipo y tamaño de la explotación determina la necesidad o no de contratar mano de obra). Cuando se trata de productores medianos y grandes, existen relaciones asalariadas del tipo patrón empleado que organizan el proceso, pero en ningún caso existen formas de cooperación sistemática entre productores. Cada productor organiza su trabajo en forma independiente sin mediar relación alguna con otros productores, definida en función de una complementación de tareas por sexo, edad y conocimientos entre los habitantes de su vivienda, además de la fuerza de trabajo contratada.

Si bien, utilizando los conceptos de Caballero (1984), en cuanto al tipo de relaciones que mantiene la unidad productiva con respecto a la sociedad, se caracteriza a la primera como una empresa capitalizada que implica una dependencia alta de los distintos factores del mercado: capital, productos, bienes de consumo, servicios técnicos, etc. La relación que mantiene esa empresa con la naturaleza, a través del proceso de trabajo (es decir, ritmo laboral, relación entre tiempo de trabajo y de producción, secuencia de operaciones, correlación entre trabajo de diseño y de ejecución), le otorga a la unidad familiar isleña un carácter más tradicional. La unidad de residencia es al mismo tiempo la unidad de producción, lo que trae como consecuencia que la organización del proceso productivo esté centrada en el grupo doméstico, entendido aquí como "un sistema de relaciones sociales que, basado en el principio de residencia común, regula y garantiza el proceso productivo" (Archetti, 1975:51). Los relevamientos y trabajos de campo realizados en el área han demostrado que la mayoría de las viviendas están ocupadas por familias nucleares (padres, madres e hijos) aunque en una gran proporción los miembros jóvenes están ausentes por haber emigrado a la ciudad.

La capacidad productiva de la unidad de explotación está condicionada por las particulares características que adquiere la fuerza de trabajo familiar. Las tareas realizadas por cada miembro de la familia están en función de la capacidad operativa de estos y de las cualidades de cada operación, así como la incorporación de trabajo asalariado dependerá del tamaño de la explotación agropecuaria y del tipo de tareas a realizar.

Según lo manifestado en las entrevistas, para el caso de las pequeñas explotaciones, todas las operaciones que intervienen en la producción son realizadas o controladas por el propio productor:

" el es el gerente, el es el peón, el es el organizador, y todos los gastos son mínimos, todo se hace económicamente" (Alfredo, prod. forestal, arroyo Caraguatá).

Un elemento importante a destacar es cierto cambio que se dio en las relaciones de trabajo dentro y fuera de la familia con la transformación de las actividades productivas en las islas. La organización del trabajo familiar y el grado y modalidad de incorporación de la fuerza de trabajo asalariada no es la misma en la fruticultura que en la explotación de madera y mimbre. Este fenómeno se dio conjuntamente al proceso de mayor mecanización, transformación y aumento de superficie de las unidades de explotación.

La constitución de esta unidad productiva familiar se dio a principios de siglo a partir de la compra de tierras por parte de inmigrantes llegados a Buenos Aires, un proceso que se facilitó debido al bajo precio de las mismas. Es muy común entre los pobladores escuchar cuando el abuelo llegó al Delta y como comenzó su explotación en pequeñas quintas en donde trabajaba toda la familia. También se dio el caso de quien comenzaba como peón de alguna quinta frutícola y a través de un proceso de ahorro pasaba, posteriormente, a ser propietario de su propia tierra, otra vez facilitado por el bajo precio de la tierra. Al respecto un pequeños productor nos decía:

" acá en la isla había muchas familias que tenían un peón o dos peones, hacían fruticultura y trabajaban con ellos, a veces se casaban con los hijos de los mismos isleños o la hermana con el peón que venía de Italia o viniera de donde viniera, ese peón después empezaba a juntar plata, que cuando la plata era estable, la plata se juntaba y siempre servía. Entonces ese peón que trabajaba por día, por tanto o por mes, juntaba platita, cuando ya tenía unos pesitos después se casaba, compraba una quintita, la iba pagando mensualmente o anualmente, después se independizaba porque ya tenía más fuerza, compraba otra quinta o plantaba el, y bueno, así fue creciendo, los isleños se hicieron así...El origen del isleños propiamente dicho es eso. Y otros como el caso de mi abuelo, el era italiano y no le gustaba ser asalariado, porque el había trabajado en Buenos Aires, y bueno, entonces después que tenía juntado unos pesitos con sus cinco hijos a cuesta, se compró una quinta en el Delta, que ahora es centenaria..." (Alfredo, prod. forestal, arroyo Caraguatá).

El cambio de actividad productiva influyó directamente en el reparto de tareas entre los miembros de la unidad familiar. La intervención de mujeres en el trabajo social productivo se hizo común en la explotación frutícola, participando fundamentalmente en la cosecha. En cambio, con las actuales actividades forestales, la mujer se reserva el papel del mantenimiento del hogar (quehaceres domésticos) y se ocupa también de diversas diligencias en la zona urbana.

La presencia de una u otra de estas formas de trabajo y sus posibles combinaciones se relaciona con el tipo de sociedad a la cual pertenece la unidad familiar, el grado de inserción, y su situación particular en la estratificación social. De esta forma, la familia recurrirá a distintas estrategias para la obtención de recursos que permitan el cumplimiento del ciclo reproductivo. Los cuales pueden ser generados total o parcialmente por la unidad familiar. En el caso de las unidades productivas objeto de este estudio, sólo una parte de la reproducción familiar está atendida por la propia unidad; el resto está a cargo de trabajos reproductivos producidos socialmente, a los cuales la familia tiene acceso.

En la producción de bienes y servicios para ser colocados en el mercado se ponen en operación determinados procesos de trabajo que involucran la transformación de recursos para generar productos con un cierto valor de cambio. Para conseguirlo, la familia isleña, se constituye con sus miembros en conjunto para participar de dicho proceso, a diferencia de otros casos (familia urbana) en que los miembros de la familia participan en forma individual.

Esta organización del trabajo y de la producción, y el tipo y nivel de consumo debe establecerse necesariamente en base a acuerdos básicos que definen la composición del hogar y las obligaciones entre sus miembros, las metas u objetivos a alcanzar en base a valores comunes y las vías a seguir para lograrlos. Estos acuerdos básicos que se definen principalmente en base a normas culturales, se enfrentan permanentemente a contextos variables, debiendo interactuar con cambiantes situaciones ecológicas, económicas, culturales y políticas. Así se originan procesos internos de cambio en la unidad familiar que deben adecuarse a las variaciones de los contextos externos (Forni et al, 1988). Las respuestas que se generan difieren ampliamente de acuerdo a la conjunción específica de las situaciones. Algunos elementos de la estructura familiar son más estables y otros más cambiantes. La dirección y velocidad del cambio no necesariamente es la misma para cada uno de ellos en un proceso signado por el cambio social y cultural. Así, por ejemplo una modificación desfavorable en las condiciones económicas puede ocasionar migración de los miembros jóvenes y provocar la ruptura de la estructura familiar, sin embargo no necesariamente genera una modificación en las formas productivas.

La reproducción cotidiana y generacional de los miembros de la unidad familiar está sustentada en base a un presupuesto que forma su ingreso por vía monetaria y por especias. En los pequeños productores frutícolas el trabajo doméstico en huertas y cría de animales aportaba algunos elementos indispensables para la subsistencia. La disponibilidad de espacio en las quintas y el aislamiento con respecto a los centros de comercialización favorecian estas prácticas productivas, cuya presencia era sólo la necesaria para la satisfacción de las necesidades primarias. Estos trabajos eran resueltos por los distintos miembros de la unidad familiar, quienes realizaban todas las tareas en aquellos sectores más aptos de sus quintas:

"...verduras para el consumo de la familia las cuidaban entre papá y mamá, se preparaba la tierra con tractor, que lo podía hacer mi hermano, y después sembraba mamá. Tomate, ají, habas, lechuga, acelga, zanahoria y muchas más...Durante todo el año, siempre había algún cultivo...y también gallinas, nunca se compraba pollo o huevos. Se necesitaba seis o siete meses para que crezca y están listas para el consumo, se les daba fruta, verdura y maíz. Se aprovechaban todos los lugares mejores de la quinta para las verduras, se aprovechaban los espacios libres más altos, cerca de una zanja, para el riego" (Miriam, ex-prod. frutícola, arroyo Toro).

El ingreso monetario proviene de las actividades que están relacionadas con la producción comercial de la explotación. En la actualidad a través de la combinación de mimbre y madera, se genera un doble ingreso. El mimbre es un producto típico de los pequeños productores, de aquellos que poseen menos de 20-30 ha., y es el que les provee el ingreso anual, pues se cosecha todos los años. En cambio con la madera se debe esperar el turno de corte que oscila entre 10 y 14 años, y sólo algunos productores realizan plantaciones escalonadas en el tiempo de manera de tener un corte de madera todos los años. Igualmente, esta alternativa es posible en productores medianos que poseen explotaciones con una extensión tal que les permite tener varias hectáreas por cada año de plantación, posibilidad que no está al alcance de los pequeños productores. Estos últimos, entonces, recurren al mimbre para obtener un ingreso todos los años, y al llegar el turno de corte de algún cuadro de forestales, ese año obtendrán un ingreso extra, pero sin dejar de producir el mimbre. Algunos ejemplos de estas alternativas se pueden detectar en las siguientes apreciaciones de los pobladores:

"...entonces hay chicos que te hacen mimbre y subsisten con el mimbre hasta tanto empieza la corta de lo que tengan. Ellos te hacen mimbre y madera simultáneamente. Con el mimbre viven, con la madera acumulan." (Pedro, Ing. Agr., INTA-Delta)

"...el chico y también un mediano tienen que tener algo de cultivo de mimbre, el mimbre se cosecha anual, todos los años...Entonces claro, tienen la cosecha anual y si tienen el ciclo de madera para ir cortando todos los años cortan, y sino tienen eso (mimbre) para ir comiendo" (Alfredo, prod. forestal, arroyo Toro).

El productor forestal que desea tener un ingreso por madera todos los años debe organizar y planificar su plantación, plantando año a año un sector nuevo, y así al termino de los primeros 10-12 años tendrá su primer turno de corte y de ahí en adelante si vuelve a replantar cada vez después de una cosecha, tendrá anualmente un ingreso por la madera cortada. Aunque este proceso no siempre es exacto, pues las cambiantes condiciones ambientales pueden hacer que una plantación no crezca lo suficiente; de tal manera que no es conveniente cortarla cuando se había previsto, determinando que ese año no haya cosecha de forestales, o si igualmente se la corta, se obtendrá un ingreso sustancialmente menor, pues cambia el destino del producto. Esta situación también puede darse porque las condiciones de comercialización en el mercado de madera no son favorables, por lo que al productor le resulta más conveniente esperar otro año antes de vender su producción a muy bajo precio. Con una producción de madera todos los años de algunas pocas hectáreas y una cosecha anual de mimbre, el pequeño productor puede subsistir, como lo expresa claramente este testimonio:

"...vamos a suponer que ha sido organizado y ha plantado todos los años, se hace el ciclo, porque si yo empiezo este año, sigo el siguiente, sigo el siguiente, hago 10 años de producción, si hago dos ha. por año, que las puede hacer cualquiera, tiene después cada año para cortar. Lo que hice hoy, en 10 años lo corto y voy haciendo el ciclo. Pero esto no alcanza para subsistir, por eso tiene mimbre, y algunos salen a trabajar afuera..." (Juan, prod. forestal, Paraná Miní).

Otra alternativa que se da especialmente en la 1ra. sección de islas, en donde las quintas son de pocas hectáreas (8-12) y lo que predomina es el turismo, es sumarle a las producciones tradicionales de mimbre y madera, el trabajo permanente o temporario fuera de sus quintas. Al no lograr un ingreso adecuado con su explotación este pequeño productor debe recurrir al desempeño de actividades fuera de su propiedad, fundamentalmente en el corte de la madera y en el arreglo y construcción de muelles, tablestacadas y mantenimiento de casas de fin de semana. Un poblador del arroyo Toro (1ra sección) nos ejemplifica esta situación:

"...trabajo afuera desmontando, compro fracción chiquita, álamo y sauce y la cambio por trabajo. Cambio una fracción de 1/2 ha. por algún trabajo y la madera que obtengo es mía. Pero últimamente hay menos trabajo porque los turistas no plantan. Hago trabajos de carpintería, muelles, estacadas, escaleras, puentes también, para casas de fin de semana..." (Carlos, ex-prod. frutícola).

El ingreso logrado con el trabajo fuera de su explotación se incorpora a la producción de su quinta, pero esta situación en general se da en productores con muy pocas hectáreas, que solo logran subsistir, sin poder desarrollar un concreto proceso de acumulación que les permita incrementar la producción y sus ingresos.

Por último se presenta el caso de aportes periódicos o no, en dinero o especies por parte de familiares inmigrantes a las zonas urbanas. También existen aquellos ingresos percibidos formalmente, como jubilaciones, pensiones o similares. Por supuesto que el ingreso principal es aquél generado por el desarrollo de la actividad primaria (forestación o mimbre), siendo los demás aportes complementarios que se suman al principal. La relación entre éstos, y el grado de importancia en la conformación del presupuesto varía en cada uno de los casos presentados, caracterizándose en los medianos productores el predominio de ingresos de su producción forestal y siendo más común entre los pequeños productores, su combinación con las otras alternativas.

La conducta cotidiana del grupo familiar está reglada entonces, por un proceso destinado a decidir cómo se combinan y organizan las distintas facultades y elementos disponibles. Estas decisiones a tomar, muchas veces no se manifiestan a través de un proceso explícito, sino que forman parte de un bagaje cultural que caracteriza a estas unidades familiares, integradas principalmente por descendientes de inmigrantes europeos. La semejanza con pautas de valor de las familias urbanas de igual origen es clara en muchos aspectos. La idea de ser trabajadores independientes que disponen de su tiempo y sus propias decisiones, sin tener que estar atados a una relación de dependencia laboral, se hace presente en las entrevistas mantenidas con los productores:

"...el que nunca fue asalariado y sabe lo que es ser autónomo, disponer de lo que quiera, yo por ejemplo, capaz que un domingo a la mañana tenía que trabajar en alguna urgencia, pero al otro día, el lunes, salía. Nadie me pedía ninguna clase de condición, y hacía lo que se me antojaba. Me rompía el alma cuando quería y paseaba cuando quería y salía cuando me convenía. Esa libertad tiene un valor inmenso. En vez el que tiene que ir a la fábrica tiene que estar a tal hora y si no cumple la asistencia pierde el premio y que se yo cuanto. No, yo trabajaba diez veces más que los fabriqueros pero cuando quería no trabajaba, ese es el asunto". (Alfredo, prod. forestal)

La unidad de la familia en el trabajo hace que intervenga personal contratado solo en las tareas que necesariamente lo requieren. La posibilidad, en las últimas décadas, que los hijos estudien fuera de las islas, con la consecuencia que permanezcan desarrollando sus vidas en tierra firme una vez terminada la formación escolar, forma también parte de esta serie de valores compartidos. Aunque esta decisión significó en muchos casos la ruptura de la organización familiar y el quiebre de una característica continuidad generacional en el manejo de las quintas y del desarrollo de la producción primaria.

Esta presencia de la familia como unidad productiva dominante en las islas del Delta se verifica desde el comienzo de la colonización de estas tierras. Pero se ha podido constatar que en las últimas décadas se asiste a un proceso de cambio y transformación de la estructura productiva de la región, en donde la emergencia de nuevas actividades productivas determina un cambio en la unidad económica y en el proceso de trabajo y de producción. Esto choca, precisamente, con una organización que se asienta en fuertes valores culturales y que ha jugado un papel importante en la constitución y sostenimiento de la estructura de producción. La familia fue la característica esencial en la ocupación o puesta en producción de estas tierras. Su ajuste a unas condiciones de producción que durante la fruticultura le eran favorables, se vieron gradualmente trastocadas ante la caída de este mercado y el surgimiento de la producción de madera como actividad casi única. El cambio generó un proceso de desintegración de la unidad productiva típica a partir de la emigración, primero, de los miembros jóvenes, lo que trajo como consecuencia la ruptura del ciclo doméstico, al truncarse la sustitución del jefe de la unidad. El proceso desestructura las tres fases definidas por Mascali (1990), de expansión, fisión y reemplazo. Al morir productivamente el padre, ya no hay quien lo reemplace, con lo cual muere también la unidad productiva. En otros casos muy frecuentes, nos encontramos con una emigración de familias completas hacia la zona metropolitana. También aparecieron nuevos actores sociales, como algunas empresas papeleras poseedoras de grandes extensiones de tierra plantadas con salicáceas, además de plantas transformadoras, y que se constituyeron en los entes reguladores de la producción, al ser casi los únicos destinatarios de la madera para pasta celulósica. Igualmente, la unidad familiar aún permanece como una condición fundamental en la estructura productiva de los pequeños y medianos productores del Bajo Delta.

 

Consideraciones finales

El Delta del Paraná constituye tanto por las características del espacio natural, como por los procesos productivos y sujetos sociales que lo conforman, una región particular dentro de la extensa llanura pampeana que lo rodea. Pero estos procesos sociales y productivos propios del ambiente isleño han existido siempre en referencia a la región de entorno con la que interactúa.

La decadencia y posterior desaparición de la fruticultura a mediados de este siglo, trajo aparejada una crisis del sistema productivo en términos de cambios en las actividades económicas que repercutieron de manera diferencial sobre un estrato social heterogéneo. La fuerte presencia de unidades productivas basadas en la inmigración europea de principios de siglo dio origen a explotaciones agropecuarias pequeñas y sustentadas sobre el trabajo familiar predominante. La forestación de las últimas décadas favoreció la permanencia de productores medianos y grandes y con mayor grado de capitalización, pero que siguen manteniendo una estructura básicamente familiar.

La pequeña unidad productiva familiar, sujeto social típico en la época de auge de la producción frutícola, que basaba precisamente sus ingresos en el trabajo intensivo de los miembros de la familia, y en el aprovechamiento tanto de una alta potencialidad de las tierras como de una conjunción de circunstancias que conformaban un mercado de consumo próximo en el área metropolitana de Buenos Aires adecuado a su producción, sufrió a partir de mediados de este siglo una crisis, generada, entre otras cosas, por el cambio de actividad económica dominante en las islas, dado la caída de este mercado de consumo recientemente mencionado. La producción forestal que se impone en las últimas décadas, encontró a la pequeña unidad productiva familiar, escasamente apta para hacer frente a las nuevas condiciones de explotación de los recursos. Ante la limitada capacidad de capitalización, las respuestas fueron: o el abandono de sus quintas, la venta de éstas y la emigración a la ciudad; o en el caso de quedarse, la diversificación de la producción y los ingresos (forestación, mimbre, producción para el autoconsumo, dependencia salarial, ya sea en explotaciones agropecuarias o en empleos públicos).

Aquellas unidades productivas, pero que o bien lograron crecer en extensión, o bien poseían desde tiempo atrás una mayor cantidad de tierras, pudieron adaptarse con éxito a las nuevas condiciones de producción. La mayor disponibilidad de tierra, capital y mano de obra, implica una mejor capacidad para adaptarse a aquellos productos (álamos, ganado) de más fácil colocación en el mercado y que poseen mayor rentabilidad. Igualmente, y a pesar de la incorporación clara de mano de obra asalariada, la organización familiar de estas explotaciones, continúa siendo un rasgo de la producción rural en las islas del Bajo Delta del Paraná.

 

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