THEOMAI*

RED DE ESTUDIOS SOBRE SOCIEDAD, NATURALEZA Y DESARROLLO /
 
SOCIETY, NATURE AND DEVELOPMENT STUDIES NETWORK 

    


Cultura y Manejo de Recursos Naturales:
la experiencia de Tomina (Bolivia)

 

Chris van Dam(1)

 

Publicado en Encrucijadas UBA, año 1, nº 10, agosto de 2001

 

"Los eruditos y activistas de estudios ambientalistas... confrontan la creciente comprensión de que cualquier salida alterna debe tomar en cuenta los modelos de la naturaleza basados en el lugar, así como las practicas y racionalidades culturales, ecológicas y económicas que las acompañan.

Dicho de otra manera, una reafirmación del lugar, el no-capitalismo y la cultura local opuestos al dominio del espacio, el capital y la modernidad, los cuales son centrales al discurso de la globalización, debe resultar en teorías que hagan viables las posibilidades para reconcebir y reconstruir el mundo desde una perspectiva de practicas basadas-en-el-lugar."

        Arturo Escobar, El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar          
¿globalización o postdesarrollo?, 2000
       

 

Introducción

La forma como las sociedades conciben, se relacionan y ‘manejan’ la naturaleza ha sido una vieja preocupación en las ciencias sociales. En los proyectos de desarrollo rural o de manejo de recursos naturales, este interés es mucho mas reciente, tal vez desde hace unos 20 años. Y se produce a partir de los reiterados fracasos de los organismos internacionales, centros internacionales de investigación agrícola y ONGs que habían creído a pie juntillas que si las comunidades indígenas y campesinas disponían de la tecnología apropiada, del acceso al mercado, de formas organizativas ‘modernas’ y ‘eficientes’, entonces el desarrollo –una idea difusa y nunca bien especificada de bienestar (Esteva, 1996)- también tocaría a sus puertas. Esta hermosa estampa, que créase o no aun sigue rondando en la cabeza de mas de un agrónomo o forestal, fue reemplazada por nuevos paradigmas, donde, si bien el desarrollo seguía siendo la luz al final del túnel, ahora incorporaba nuevos elementos: básicamente el involucramiento de las poblaciones rurales en el proceso, para lo cual se diseñaron un arsenal de metodologías y herramientas participativas, pero también el reconocimiento a la necesidad de comprender y valorar como cada sociedad, cultura o comunidad maneja su espacio y sus recursos, y cómo desarrolla sus actividades económicas, agrícolas o pecuarias, intuyendo que este conocimiento local sería útil en delinear las propuestas productivas o de manejo del ambiente que les permitiría salir de su situación de pobreza.

En estas dos décadas ha existido un notable esfuerzo por registrar y documentar los conocimientos y la cosmovisión de comunidades campesinas y pueblos indígenas sobre sus recursos(2). Ello ha confirmado la existencia de saberes tradicionales muy elaborados, y en general mas valiosos que nuestros conocimientos científicos, para enfrentar los problemas ambientales y agronómicos a los cuales estas poblaciones están confrontados (Apffel-Marglin, 2001).

A dos décadas de haber empezado a transitar este nuevo camino donde la dimensión cultural obtuvo su carta de ciudadanía en los proyectos de desarrollo, los resultados no han sido los esperados. El famoso "dialogo de saberes", llamado a ser una suerte de proceso dialéctico entre conocimiento local y conocimiento externo, parece haber sido mas una imagen fuertemente cargada de simbolismo que una posibilidad concreta de reunir en una propuesta perspectivas muy disímiles.

Sin embargo, existen otros caminos a partir de los cuales la dimensión cultural puede servir como disparador de procesos de gestión ambiental o de manejo de recursos naturales, como parece mostrarlo la experiencia de Tomina, un lugar en los andes bolivianos donde un grupo de comunidades campesinas ha logrado recuperar, en el sentido físico pero sobre todo de identidad, su bosque comunal. Un proceso simultaneo de resolución de conflictos, de empoderamiento, de gestión política y social de su territorio, de reapropiación de su ambiente y de los fundamentos de su cosmovisión, de resistencia a la tentación siempre presente de mercantilizar sus recursos naturales. Una experiencia poco frecuente, pero que nos debe ayudar, como señala Escobar (2000) "a reconcebir y reconstruir el mundo desde una perspectiva de practicas basadas-en-el-lugar."

 

Dialogo de Saberes y Desarrollo

Coherente con el concepto de desarrollo acuñado por Truman en 1949, y muy anclado en la cooperación técnica internacional, durante décadas fue una verdad casi universal afirmar que la salida al denominado subdesarrollo –en buen romance pobreza- se daría con la transferencia de tecnología del norte al sur y accesoriamente con la ‘modernización’ de sus instituciones. Este binomio transferencia-desarrollo ha sido la esencia de los organismos internacionales, de la cooperación bilateral, de los proyectos de desarrollo y muy en especial en el sector rural, donde se expresa a través del concepto de extensión, tan bien desnudado por Paulo Freire en su ensayo ¿Extensión o comunicación? (1978)

En lo que a proyectos forestales con población campesina se refiere, es la FAO quien a finales de la década del ’70 decide ensayar una nueva estrategia, que daría lugar a lo que hoy se denomina ‘forestería comunitaria’ o ‘silvicultura social’: el punto de partida ahora es tratar de comprender como se vincula el pequeño productor al bosque y que rol puede jugar este recurso en el sistema productivo, agrícola y pecuario.

Inspirándose además en las corrientes epistemológicas que promueven procesos participativos en la investigación (investigación participativa, investigación-acción), se proponen diversas herramientas que permitan a la propia población participar de alguna forma en las decisiones que los afectan (sondeo rural participativo, diagnostico rural rápido). Aunque las posibilidades reales de participación de campesinos e indígenas con estas propuestas seguirán siendo limitadas, estos ejercicios revelarán que existe un cúmulo de conocimientos, practicas y técnicas tradicionales en estas comunidades, a veces de un alto grado de sofisticación, los cuales les han permitido durante siglos manejar y modelar su medio, asegurar su subsistencia, con el menor impacto posible sobre sus recursos.

Este re-descubrimiento por parte de proyectos y ONGs de lo que antropólogos y etnógrafos observaban desde hace décadas, permitió acuñar nuevos procesos: por un lado recuperar ese conocimiento, documentarlo, registrarlo, lo que daría lugar a inventarios de tecnologías campesinas; pero también a revalorarlo, ante los centros de investigación agrícola que tendrían allí una fuente de inspiración, pero sobre todo ante los mismos campesinos cuyos saberes sistemáticamente eran despreciados por los medios de comunicación, el sistema escolar y los propios proyectos, endilgándoles ignorancia, atraso, falta de ‘cultura’ y educación.

Pero este conocimiento campesino o local, a pesar de su nuevo status, no era suficiente al parecer para resolver la situación productiva de los campesinos pobres, y era conveniente complementarlo con conocimientos y técnicas occidentales o bien con tecnologías apropiadas. Mas aun, tanto los técnicos como los campesinos podían beneficiarse mutuamente de sus respectivos conocimientos. Así nace el concepto de Dialogo de Saberes, una expresión que reconoce no solo el igual valor de los distintos saberes, sino la necesidad de ponerlos frente a frente, en la búsqueda de aquellas soluciones y propuestas que podrán ayudar a enfrentar su situación de pobreza.

El reverso de la medalla de la recuperación y del registro de los conocimientos locales, especialmente en lo que hace a la biodiversidad, ha sido su piratería por las industrias de biotecnología y farmacéutica, a quienes un marco jurídico internacional ampara con dudosos derechos de propiedad intelectual (Leff 2001, van Dam, 2000b). Algunas organizaciones indígenas han señalado el deseo que sus conocimientos no sean mas estudiados y ‘recuperados’, como forma de protegerlos, incluso algunas organizaciones ambientalistas hoy tienen códigos de ética al respecto (COICA et al, 1999)

Si bien este reconocimiento y valoración de formas diferentes de relacionarse con el mundo, con las cosas y con los otros ha tenido un gran impacto en ciertos ámbitos (p.ej. en cuanto a terapias alternativas en salud, en propuestas de educación bilingüe-intercultural, en técnicas de conservación de suelos y agua, por citar algunos), este concepto de dialogo de saberes, por demás atractivo, ha tenido dificultades en ser instrumentado, en ser llevado a la practica. Y no faltan razones para ello:

  • en primer lugar, porque no siempre este dialogo forma parte de los deseos y expectativas de los propios campesinos. Por diversas causas, son muchos los que sueñan con dejar de ser campesinos, y para ello requieren aprehender algunos de los valores, practicas y tecnologías del mundo blanco/urbano que los conducirá a ello(3).
  • en segundo lugar, porque solo en teoría son saberes ‘iguales’. En la practica, su valor dependerá del tipo de proyecto, de obra, de actividad. Y también de quien tome las decisiones, técnicos o campesinos. En este sentido se torna en un dialogo de desiguales, ya que las relaciones entre técnicos y campesinos se enmarcan en relaciones institucionales y de poder poco horizontales. Y entonces, en gran medida la posibilidad de un dialogo termina dependiendo de la sensibilidad, capacidad de comprensión y honestidad del técnico –y de la flexibilidad del proyecto- antes que de cualquier otro factor.
  • en tercer lugar, porque los puntos de partida de estos conocimientos diferentes, las cosmovisiones sobre las cuales están enraizadas, no siempre hacen posible compatibilizarlos, no siempre permiten un acuerdo, una síntesis. No se trata solamente de elegir una practica de aquí, una técnica de allá, son visiones del mundo, son formas de relacionarse a la naturaleza, son proyectos de vida diferentes y a veces contrapuestos (Apffel-Marglin, 2001).
  • Finalmente, y no es de menor importancia, hasta ahora nadie sabe bien como debe darse en la practica ese dialogo, cual es el proceso para engarzar conocimientos tan disimiles, cuales son los criterios, los procesos, en ese sentido parecen haber dificultades metodológicas no resueltas.

De hecho, a pesar del enorme esfuerzo realizado en estos últimos años en la recopilación de los saberes tradicionales, salvo contadas excepciones, no han logrado torcer la inercia de las políticas de desarrollo y de las políticas sociales, que siguen basadas en una mirada externa, en una fe ciega de la primacía de nuestra forma de conocimiento ¿Acaso la creciente brecha entre los países ricos y los países pobres no parece ser una reafirmación de esa certeza? Y el conocimiento local se transforma en color local, destinado a nuevas salas de los Museos de Antropología o al Discovery Channel.

En los proyectos de desarrollo ha sucedido algo similar. Aunque hoy todo proyecto que se precie debe destinar algunos fondos a recuperar las practicas y conocimientos locales –lo políticamente correcto- estos aspectos de la dimensión cultural no tendrán mayores consecuencias en la definición de la propuesta técnica, que seguirá siendo una propuesta ideada por los técnicos, por la institución. Ello también es un indicador de otras características de los proyectos como las limitaciones estructurales a que sean genuinos espacios de participación (van Dam 2000a), a que desde los proyectos se produzca el ansiando empoderamiento, a la actitud de ‘no resistencia/no oposición’ de parte de la población que bien sabe, a pesar del discurso, quién tiene el ultimo resorte de decisión en los proyectos.

Ocurre tal vez que nadie sabe demasiado que hacer con la dimensión cultural. Por ejemplo el Banco Mundial, que ‘descubre’ en la ultima década a los pueblos indígenas, requiere que todo proyecto en perspectiva cuente con un estudio de impacto cultural que demuestre que sus acciones no tendrán efectos negativos sobre estas poblaciones (asimilación cultural, perdida de la lengua, etc.), en un intento además de no entrar en conflicto con los indigenistas.

Pero es impensable que nuestros proyectos no tengan un impacto cultural. El problema es que sus efectos no pueden ser previstos, ni controlados. Y tan pronto las propias organizaciones campesinas o indígenas son consultadas y cuestionan nuestras decisiones, se responde con un cuestionamiento a su representatividad o al hecho que sus dirigentes han hecho suyas algunas de las mañas de nuestros políticos. Hay quienes implícitamente propugnan cristalizar las culturas no occidentales como una especie de conservación in situ, hasta tanto nuestra sociedad reconozca su valor y sepa mejor como encarar el problema de la diversidad cultural. Pero está carrera contra el tiempo no solo parece estar perdida de antemano si la única receta es la inacción y el no contacto, también les están negando de oficio algunas de las ventajas materiales de Occidente a poblaciones que presentan índices de pobreza extrema.

En América Latina, no hemos acertado aun en como potenciar la variable cultural para el cambio social. Los procesos de revaloración cultural, muchos por cierto, siguen acotados localmente y no logran pasar al plano de las políticas o a propuestas de desarrollo regional. Los procesos de educación popular, en los que tantas esperanzas se cifraban en los ’70 tampoco resultaron tan alentadores al respecto. No deja de ser sintomático que tres de los movimientos políticos mas relevantes hoy en América Latina, el EZLN (México), el Movimiento de los Sin Tierra (MST-Brasil) y las organizaciones indígenas del Ecuador liderados por la CONAIE, reivindican derechos fundamentalmente económicos y sociales, derechos ciudadanos y humanos, antes que el respeto a su identidad cultural.

 

Tomina, un punto de inflexión en el manejo forestal andino

El municipio de Tomina, a 150 kms al sur de Sucre, tiene cerca de 8200 habitantes, repartidos entre dos pequeños poblados y 23 comunidades campesinas. En una escarpada geografía, con pisos ecológicos que van de los 1800 a los 2900 msnm, este es uno de los pocos rincones de los Andes que registra bosques nativos: bosques de altura (Podocarpus y Mirtáceas) y bosques de valle (Prosopis, Schinopsis, Acacias), ambos de muy lento crecimiento. La presencia de estos relictos fue lo que impulsó al Programa Regional de Bosques Nativos Andinos(4) (PROBONA) a apoyar al CICDA(5), una ONG con trabajos anteriores en la zona, e iniciar en 1994 un proyecto en tres comunidades, Fuerte Rúa, Otorongo y Potreros.

Las comunidades se forman en esta zona luego de la Reforma Agraria de 1952, cuando los hacendados son expulsados. Los comunarios, en general ex peones o feudatarios del patrón, reciben así entre 0.5 y 2.5 has de tierra cultivable, repartidas en tres parcelas en distintos pisos ecológicos, y acceden para sus necesidades domesticas (leña, construcción de viviendas, arados y otras herramientas agrícolas, forraje) a unas 20 has de monte. Pero en gran medida los montes quedarán en mano de los ex patrones, quienes permiten que pequeños carboneros los exploten para producir carbón para las minas, o cobrando un derecho de pastaje a los hierbajeros, pequeños ganaderos que desde tiempos inmemoriales vienen todos los años a dejar su ganado en la época critica.

Cuando se inicia el proyecto, la mirada es la de un clásico proyecto de silvicultura social(6). Partiendo de un diagnostico participativo que había identificado la problemática comunal, se inicia una serie de actividades en torno al bosque, pequeños cerramientos para mejorar la regeneración natural, viveros comunales para producir plantines y repoblar el bosque, capacitación de los comunarios para sensibilizarlos sobre la necesidad de proteger el bosque, promoción de cocinas ‘lorena’, que mejoran la eficiencia en el uso de la leña, etc. Y en ese marco, también se va recuperando el conocimiento local sobre los montes, sus especies y los usos que le dan a cada una.

Pero una frase soltada al calor de la discusión por un campesino en una reunión de la subcentral campesina de Tomina cambiaría el rumbo del Proyecto: "Mientras nosotros estamos plantando arbolitos con el CICDA, los carboneros se hacen ricos matando al monte". Este será el punto de partida de un nuevo proceso, acompañando a las comunidades en la recuperación de sus bosques.

El Proyecto modifica entonces su estrategia, trocando su mirada técnica por una mirada política y social, donde se reconoce que los responsables de depredación de los montes son los carboneros, no los campesinos. Se inicia una etapa de fuerte movilización social, donde las comunidades, luego de exigir a los carboneros que repongan los arboles que van talando, deciden lisa y llanamente expulsarlos, recuperando el control de sus bosques. Toman conciencia que mas allá de los carboneros, es la explotación comercial de un recurso que apenas puede satisfacer las necesidades domesticas, la puerta a la degradación del ecosistema.

En una segunda etapa, el conflicto será con los hierbajeros, que sobrepastorean el bosque impidiendo su regeneración, y restando forraje a los animales de la propia comunidad. El conflicto se resolverá esta vez en un proceso de negociación y concertación con los hierbajeros –estos por ultimo también son campesinos- que terminará limitando el numero de hierbajeros, la cantidad de ganado que puede pastar y el tiempo de permanencia dentro del bosque. Y ahora será la comunidad la que cobre el hierbaje, ya no el ex patrón. Finalmente, en una tercera etapa, la comunidad se enfrenta a cuatro de sus propios socios, que desempolvan dudosos títulos de propiedad con el propósito de adueñarse de mas de 1000 has. de bosque, lo que se dirime en los tribunales: la comunidad ganará el juicio y marginará socialmente a los ‘avivados’.

Esta larga historia de lucha y recuperación de sus bosques (1996-2001) es acompañada de un proceso paralelo de reflexión y debate, tanto al interior de las comunidades como entre las comunidades del municipio de Tomina. Fruto de ese debate, se van elaborando las denominadas normas comunales, acuerdos y decisiones que regirán la vida de la comunidad(7) en lo que hace al uso de sus montes y a la administración de sus recursos naturales en general. Normas que luego serán refrendadas por la autoridad forestal(8), el Municipio y por la Federación Campesina(9).

"Las normas en esencia son un conjunto de practicas orientadas a reducir la presión o promover la reposición natural de los bosques, ya sea restringiendo el aprovechamiento a un uso domestico, realizando un uso ahorrativo y eficiente de los materiales extraídos del bosque o evitando riesgos y daños por incendio" Incluye los mecanismos de control para el cumplimiento de las normas, que ejerce la organización campesina, y las sanciones que "son medidas coercitivas que se activan en caso de incumplimiento de las normas" (Moscoso, 2001a).

Sin embargo uno de los aspectos mas notables en este proceso de "legislación comunal" es justamente el proceso de ‘recuperación’ que provoca en las comunidades de Tomina: recuperación de su identidad cultural, de la cosmovisión andina, de la historia ambiental de la región, de una economía campesina donde lo comunal y lo familiar están articulados de forma de garantizar el mayor cuidado posible de los recursos naturales (Kervyn, 1996). Y es entonces en este proceso de recuperación de una relación sociedad-naturaleza que parecía olvidada, en esta construcción de normas comunales, donde los conocimientos locales adquieren pleno sentido, dándoles sustento "científico"(10).

La experiencia de Tomina también debe ser reinterpretada como:

  • un proceso de reapropiación de sus recursos naturales, en el sentido mas literal –al excluir a los carboneros, regular el pastaje extralocal y marginar a quienes pretendían adueñarse ilegalmente del bosque comunal- pero también en un sentido mas simbólico, al reafirmar la potestad comunal sobre el bosque y basar su manejo en los saberes tradicionales compartidos.
  • una forma de resistirse a una economía de mercado que solo otorga valor a aquellos recursos que pueden ser transados en el mercado: la primer norma adoptada es la prohibición de todo uso comercial o industrial de los montes, porque al beneficiar a unos pocos, atenta contra la equidad(11), y porque también es la puerta de entrada a su degradación y al empobrecimiento de la comunidad, que ya no tendrá suficiente forraje para su ganado(12).
  • un proceso de empoderamiento, donde a través de los sucesivos conflictos, primero externos y luego internos –y su resolución en forma favorable para la comunidad- los comunarios mejoran su autoestima y se dan cuenta de su poder. Consiguen que sus dirigentes ocupen cargos en la Federación Campesina Departamental y llevan por primera vez un campesino a la alcaldía municipal, desde donde pueden seguir fortaleciendo el proceso.
  • una experiencia de gestión política y social del territorio, que logra resolver los conflictos con otros actores locales, legislar sobre el uso de los recursos, obtener el reconocimiento oficial a las normas elaboradas, haciéndolas extensivas al resto del ejido municipal y finalmente, administrar los recursos en función de lo normado.
  • un proceso de recreación cultural, donde las normas son ciertamente el resultado de creencias, costumbres y saberes revalorizados y explicitados, pero también de la toma de conciencia por parte de la comunidad de que el contexto ha cambiado -el ecosistema se ha degradado, el recurso ahora es escaso, el monte tiene ahora mayor valor económico (forrajero) ante las continuas sequías que dificultan la agricultura- y del afloramiento de cierto "individualismo" comunal, donde cada comunidad debe luchar por lo propio y subsistir en medio de la crisis, también reflejo del debilitamiento de las relaciones de parentesco y de reciprocidad con otras comunidades (p.ej. toman conciencia que los hierbajeros "nada les dejan").
  • el intento de asegurar la sostenibilidad del ecosistema, sabiendo que debe haber un equilibrio entre lo que el monte produce y lo que del monte se puede extraer. De allí que la mayoría de las experiencias técnicas que se harán con el proyecto buscarán mejorar la regeneración natural del monte y recuperarlo allí donde hay peladares.

 

Cultura, Política y Medio Ambiente

Como en tantos otros ejemplos de sociedades altamente inequitativas, la experiencia de Tomina muestra que la posibilidad de un manejo sostenible de los recursos naturales requiere un proceso de reapropiación de estos recursos, y que ello supone procesos políticos tendientes a resolver aquellos conflictos que oponen a los sectores mas pobres, campesinos o indígenas, con otros actores económicos, por el control de esos recursos. La gestión ambiental, antes que ser un problema ‘técnico’ es un problema eminentemente político.

Pensar entonces que estos conflictos pueden resolverse a partir de la recuperación del conocimiento o de los saberes locales, de un ‘dialogo de saberes’, es tal vez ingenuo. Ello no quita que la dimensión cultural sea importante, especialmente en la visualización del conflicto, en la construcción del propio proyecto socioambiental, en la critica de los intereses y visiones de ‘los otros’. Y que en ese marco, la revaloración del conocimiento local tenga un papel valioso.

En el caso de Tomina, la dimensión cultural se ha expresado de múltiples formas en todo el proceso:

  • A partir del análisis histórico, las comunidades pudieron tomar conciencia del quiebre que significó para los montes de la región la irrupción de la hacienda y luego la provisión de callapos para las galerías de las minas y el carbón para las fundiciones. Y que esa etapa de mercantilización de sus bosques significó la alteración de una relación sociedad-naturaleza característica de los pueblos andinos donde la naturaleza es un ser vivo con quien el hombre mantiene relaciones de reciprocidad, de mutuo cuidado. Esa toma de conciencia permite una reactualización y reafirmación de esa cosmovisión, de esa relación comunidad-bosque, y de la necesidad de proteger los bosques impidiendo un uso comercial.
  • En ese mismo análisis histórico-cultural, hay una recuperación de lo comunal como un eje esencial de lo andino, de su identidad, y de todo lo que implica la defensa de lo comunal, la equidad, lo colectivo, la mutua ayuda: el bosque es de todos, es para todos por igual, no puede haber apropiación individual. Lo comunal aquí no es un conocimiento mas, es un valor transversal.
  • Asociado a ello hay una revaloración de la organización comunal, quien debe cautelar el bien común (los montes) y ejercer el control social a través de normas comunales. Y de la potestad de la comunidad para elaborar sus propias normas, una practica tradicional andina que se ve así reactualizada. No se trata de retrotraer la vieja normatividad, sino de reactivar la función de legislar, en este caso para el acceso y el uso de los montes.
  • Finalmente, si la gestión de los recursos requiere normas propias, normas ‘nuestras’, entonces el contenido de esas normas o lo que estas expresen deben basarse primeramente en las practicas, costumbres, creencias, valores y conocimientos de la comunidad. Ello no solo hace a lo apropiado de las normas, pero también a su legitimidad, por el consenso que generan al estar basadas en valores culturales compartidos.
  • Aquí es donde la recuperación del conocimiento andino, del saber campesino, adquiere todo su valor político, deja de ser solo conocimiento explicitado para tener fuerza de ley. Y en cuanto a conocimientos locales, la experiencia de Tomina ha reafirmado lo que ya sabemos, el increíble capital que existe en todas las sociedades no occidentales: "El proceso de construcción de normas comunales evidenció un amplio bagaje de conocimientos campesinos… asimismo confirmo que la naturaleza de este conocimiento campesino es absolutamente distinto al conocimiento occidental. No es universal ni tampoco científico(13). Aquí esta encubierto por cuentos, metáforas, mitos y tradiciones. Formas literarias que en gran medida contribuyen a su recreación permanente" (Moscoso 2001a)

 

A modo de conclusión

El dialogo de saberes no ha dado aun los resultados esperados. El problema ya no es ni la legitimidad del conocimiento local, ni como documentarlo, el desafío ahora es como se llega a esa sincresís con otros saberes, como lograr que sean los propios campesinos que recorran ese camino y como se inserta en procesos políticos concretos que tengan a las comunidades, a los pueblos indígenas, por protagonistas. Como señala Escobar (2000) "En el nivel del conocimiento, la cuestión es engañosamente clara ¿cómo convertir el conocimiento local en poder, y este conocimiento-poder en proyectos y programas concretos?"

El tiempo apremia, mucho más de lo que nos imaginamos. Los procesos de erosión cultural se evidencian de una generación a otra y se aceleran con la socialización del conocimiento científico dominante, por mas contraproducente que resulte a las necesidades y a los intereses de los mas pobres. La perdida de la posibilidad de recrear el lugar se dará si se pierde la capacidad de recrear la concepción del lugar.

Tomina es un ejemplo de cómo la dimensión cultural puede ser un elemento determinante para recrear el lugar, dando contenido y forma a un proceso de reapropiación y luego de gestión política y social de sus recursos naturales. Y recíprocamente que los conocimientos locales se pierden si no existe un contexto político que los revalore para la acción, para recrear ese lugar.

Como experiencia, Tomina también es fruto de la lucidez de un grupo de técnicos, que supieron transgredir el abc de todo manual de silvicultura social, pero esto… es parte de otra historia.

 

Notas

1. Quiero agradecer a Rolando Moscoso Echalar, cuyo trabajo en Tomina he podido compartir y de cuyas conversaciones y textos mucho he aprendido y me he inspirado para este articulo.
2. Una de las instituciones que mas ha promovido este enfoque en America Latina y especialmente en el mundo andino es el Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas (PRATEC), con centenares de tecnologías andinas recopiladas en cartillas y una interesante producción bibliografica sobre el tema. Vease por ejemplo PRATEC, 1998.
3. En la década de los ’80, los campesinos de Puno (Perú) se resistían a que sus hijos fueran a escuelas piloto del Proyecto de Educación Bilingüe (GTZ): para ellos esa educación era ‘de segunda’, la mejor prueba era que ese programa no se aplicaba en los centros urbanos.
4. El PROBONA es un proyecto financiado por la Cooperación Técnica Suiza a través de una ONG suiza, Intercooperation, y cuenta con el apoyo de la UICN, la Unión Mundial para la Naturaleza. Desarrolla actividades apoyando a 14 ONGs en igual numero de áreas representativas de ecosistemas boscosos andinos, 7 en Bolivia, 7 en Ecuador.
5. El Centro Internacional de Cooperación para el Desarrollo Agrícola es una ONG francesa, pero el equipo de técnicos en Tomina es íntegramente boliviano.
6. Ya con anterioridad, el CICDA había intentado repoblar la zona con pinos, para que los campesinos dispusieran de madera y leña y así disminuir la presión sobre el bosque nativo. Las difíciles condiciones edafo-climáticas, aunado a la falta de interés de los comunarios, habían mostrado que no era una estrategia viable.
7. Recordemos que en general en los Andes, los campesinos han logrado mantener la esencia económica de los viejos ayllus, basadas en la propiedad comunal del territorio, una agricultura y ganadería familiar, relaciones de reciprocidad y mutua ayuda (ayni, minka o mingas), acompañado de una fuerte organización comunal.
8. La nueva Ley Forestal boliviana de 1996 legitima a nivel local las normas tradicionales y comunales cuando es para uso domestico (Moscoso y Marandola, 1999)
9. En estos últimos dos casos, para que sean respetados por otros campesinos, como los hierbajeros, y gente de fuera del municipio.
10. Un segundo fundamento de las normas, además de las creencias, prácticas y conocimientos serán luego los resultados de las actividades de experimentación realizadas con el proyecto y "las ideas del ingeniero" (Moscoso, 2001c).
11. Es interesante notar que los campesinos de Tomina usan el concepto de ‘licito’ para el uso domestico o de subsistencia de sus montes y el de ‘ilícito’ cuando son aprovechados para la venta.
12. La cuestión de la equidad sigue siendo central en la discusión actual: la comunidad es consciente que falta aun la "sintonía fina": por ejemplo, hoy por hoy se benefician mas del bosque quienes mas ganado tienen en la comunidad, y han ‘perdido’ quienes cobraban un derecho de pastaje a los hierbajeros.
13. Algunos ejemplos citados por Moscoso (2001a) "Los palos hay que cortar en luna llena para que duren más. Los palos para que duren mas antes de utilizar hay que hacerlos lavar con lluvia y secarlos bien. Los arboles son la sombra de la Pachamama, si cortamos mucho se puede enojar y mandarnos castigos". Rolando Moscoso ha recopilado los conocimientos de los campesinos de Tomina (clasificación de pisos ecológicos, tipos de suelos, criterios para clasificar las maderas, etc.) en un volumen titulado "La intimidad del monte". Los interesados pueden comunicarse con el autor a aradomontes@hotmail.com

 

Bibliografía

APFFEL-MARGLIN, Federica (2001) De Ciencia a Ritual: un relato andino, miméo, PRATEC, Lima
COICA et al. (1999), Biodiversidad, derechos colectivos y régimen sui generis de propiedad intelectual, Quito
ESCOBAR, Arturo (2000), El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿globalizacion o postdesarrollo?. En Lander, E. (comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, CLACSO/UNESCO, Buenos Aires
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FREIRE, Paulo (1978) ¿Extension o comunicación? La concientizacion en el medio rural, Siglo XXI, Mexico
KERVYN, Bruno (1996) La economia campesina en los Andes peruanos: teoria y politicas. En: MORLON, Pierre (comp.) Comprender la agricultura campesina en los Andes centrales, IFEA-Centro Bartolome de las Casas, Lima/Cusco
LEFF, Enrique (2001) Transgénesis, miméo, Mexico
MOSCOSO, Rolando (2001a) Proyectos y Comunidades – El CICDA/PROBONA en un Rincon de Bolivia - Estudio de Caso, miméo, PROBONA
MOSCOSO, Rolando y Carlos ESPINOZA (2001b) Desde la Intimidad del Monte. Conocimientos y experiencias sobre los Bosques Nativos Andinos (Tomina – Chuquisaca), CICDA-PROBONA, Miméo, Sucre
MOSCOSO, Rolando (2001c) Jark’aspa montenchejta – Normas comunales para el uso de los bosques nativos de la seccion municipal Tomina, CICDA/PROBONA, Sucre
MOSCOSO R. y MARANDOLA, L. (1999) Normas comunales y control social en el manejo de bosques nativos. Aporte metodológico. En RURALTER 18, Gestión concertada de recursos y desarrollo local, CICDA-COSUDE-UE, La Paz
PRATEC (1998) La regeneracion de saberes en los Andes, Lima
VAN DAM, Chris (2000a) Dos decadas de desarrollo forestal participativo… ¿que fue lo participativo? En Revista Forestal Centroamericana, No. 31, CATIE, Turrialba.
VAN DAM, Chris (2000b) Equidad y Convenio de Diversidad Biológica: transitando un campo minado, miméo, UICN

 

   

 

    
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