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Included in the book of Carlos Antonio Aguirre Rojas, "FERNAND BRAUDEL Y LAS CIENCIAS HUMANAS", Editorial Montesinos, Barcelona, 1996, 220 pp., ISBN 84-89354-26-X, (pages 35-62). Property Edition of Literatura y Ciencia, S. L.
Published with author's authorization

 

II. La Historia en Clave Braudeliana


Carlos Antonio Aguirre Rojas
(UNAM - México)

 

Aunque Fernand Braudel acostumbraba repetir que él no era ni filósofo ni teórico, y que sólo había "ascendido" al plano de la teoría cuando se había visto "forzado a ello", una revisión atenta de su obra nos muestra fácilmente que a lo largo de su itinerario intelectual, lo que nuestro autor fue construyendo paciente pero sistemática e incansablemente, fue precisamente toda una concepción global de la historia, todo un complejo sistema braudeliano de interpretación de los hechos y problemas históricos que iba abordando , y de los cuales derivaba siempre, explícitamente, las lecciones de orden general.

Porque si bien es cierto, y Braudel ha insistido mucho en ello, que su modo de trabajar fue el de nunca partir de una teoría preconcebida, sino el de derivar esa explicación o modelo teórico desde la revisión misma del material empírico consultado, el resultado en cambio de una permanente atención hacia la dimensión interpretativa del ejercicio del oficio del historiador, fue justamente el de haber ido construyendo, como fruto específico de sus distintas obras, todo un conjunto de teorías particulares o de modelos teóricos generales sobre ciertas problemáticas, que son sin duda susceptibles de una "aplicación" mucho más universal que la limitada a aquellos "casos" o "problemas" estudiados por el mismo Braudel. --y que son sin embargo, ya en sí mismos, de una amplitud espacial y temporal enorme--.

Porque como veremos más adelante, cuando Braudel elabora el modelo de explicación "geohistórica" del mundo y de las civilizaciones mediterráneas, nos está dando al mismo tiempo un modelo de análisis de las relaciones entre base geohistórica y proceso civilizatorio, que es sin duda susceptible de utilización, también para el examen de otras civilizaciones y de otros espacios posibles. E igualmente cuando reconstruye los diferentes niveles constitutivos de la economía campesina francesa, que remiten también a fin de cuentas, a un modelo del funcionamiento de las economías campesinas en general. Por no mencionar su teoría de las civilizaciones, o su modelo sobre las reglas de operación y dinámica de una economía-mundo, que son explícitamente propuestos por Braudel como teorías o modelos generales, de una amplia y universal aplicabilidad dentro de la historia.

Podemos entonces hablar, rigurosamente, de toda una serie de teorías generales contenidas en la obra de Fernand Braudel. Pero además, y articulando en un sistema más global a todo este conjunto de modelos generales, Braudel ha desarrollado también, tanto una nueva clave metodológica para el estudio de los diversos hechos, fenómenos y procesos sociales, como un horizonte de aproximación específico y una perspectiva de análisis igualmente determinada de esos mismos hechos, fenómenos y procesos. Es decir, que si todas las distintas teorías generales a las que ha llegado Braudel como resultado de su trabajo de investigación histórico concreta, poseen una unidad y articulación coherentes, es justamente por el hecho de que todas ellas han sido "trabajadas" y establecidas desde el punto de vista metodológico de las diferentes duraciones sociales y de la larga duración histórica, pero también dentro del horizonte general de consideración de la historia global, y al interior de una perspectiva de análisis propia de las mejores tradiciones de la historia crítica. A partir pues, de lo que bien podemos considerar las tres claves maestras de introducción a ese complejo sistema de la concepción braudeliana de la historia. Expliquemos estas tres claves con más detenimiento.

 

 

LA CLAVE METODOLÓGICA DE LAS DIFERENTES TEMPORALIDADES Y DE LA LARGA DURACIÓN HISTÓRICA

 

Para poder dar cuenta de las realidades estudiadas en su obra sobre El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Fernand Braudel ha construido un modelo de explicación cuya originalidad estriba en que descompone el tiempo, generalmente considerado como algo líneal, plano y unitario dentro de la historiografía tradicional, en múltiples tiempos, claramente diferenciados entre sí y explícitamente vinculados a esas diversas realidades históricas consideradas.

Porque tal y como lo hará explícito en su célebre artículo publicado en 1958 titulado "Historia y Ciencias Sociales. La larga duración", Braudel ha sido llevado a construir una tipología estructurada de los diferentes tiempos histórico-sociales, de las diversas duraciones registrables y clasificables de los hechos, fenómenos y procesos históricos, que constituye precisamente su propuesta metodológica de las temporalidades diferenciales en general y de la larga duración en particular.

Pues si para Braudel, en la historia existen decenas y hasta centenas de tiempos diversos, una tentativa de clasificación de esa enorme masa de temporalidades, podrá reagruparlas bajo la triple esquematización del tiempo de los acontecimientos o tiempo de la corta duración, el tiempo de las coyunturas o tiempo medio, y el tiempo largo de las estructuras, el tiempo de la larga duración histórica.

Tres tiempos que hacen referencia, a tres órdenes de duraciones histórico-sociales de las realidades analizadas por las ciencias sociales y por la historia, que permiten distinguir al mismo tiempo la vigencia y también en parte la relevancia de estas mismas realidades. En primer lugar, los acontecimientos o sucesos de corta duración, que definen su temporalidad precisamente "événementielle", a la medida y al ritmo del acontecer cotidiano, del que se ocupan los periodistas y los cronistas del día a día y que cambia con la velocidad y el nerviosismo de las horas y de la sucesión acompasada de las noches y los días. Se trata, como dice Braudel, del tiempo cortado a la medida del individuo y de sus experiencias más inmediatas. Así, un terremoto que destruye una ciudad, un golpe de estado que derroca un régimen democrático, la firma de un tratado económico de libre comercio, o la publicación de un nuevo libro, serán diversos acontecimientos de la historia, de orden geográfico, político, económico o cultural, entre otros.

En segundo término, el tiempo de la mediana duración, que constituye a las distintas "coyunturas" económicas, políticas, sociales, culturales, etc., en referencia a las realidades reiteradas durante varios años, lustros e incluso décadas. Es este el tiempo de los fenómenos característicos de las distintas "generaciones" humanas, el tiempo de los ciclos económicos de ascenso y descenso del Kondratiev, el tiempo de vida entre el nacimiento y el reemplazo de una generación literaria, política o cultural, o la duración propia en la memoria de los protagonistas, de una experiencia traumática como la de la segunda guerra mundial. Tiempo de los fenómenos repetidos o que perduran durante varios años, que enmarca y envuelve al tiempo "événementielle", al trascenderlo y servirle de punto de apoyo y de marco de referencia más general.

Finalmente, los procesos y estructuras del tiempo largo o de la larga duración histórica, que recorriendo siempre curvas superiores a un siglo, corresponden a esas realidades persistentes dentro de la historia que hacen sentir efectivamente su presencia en el decurso de los procesos humanos, y que al establecer los límites de lo posible y lo imposible se constituyen como verdaderos protagonistas determinantes del devenir específico de las sociedades. Por ejemplo, como en el caso de un proyecto civilizatorio centrado en torno a la alimentación a base de maíz, frijol, chile y sus complementos, que provoca una actitud multisecular hacia el trabajo y hacia el tiempo libre. O también, las influencias de una alternancia climática en los ritmos de los tiempos de paz y de guerra de la actividad militar, lo mismo que la persistencia de una concepción religiosa, que penetra e inunda a todo el conjunto de una sociedad del lejano oriente determinando una cierta actitud hacia la naturaleza, hacia la muerte o hacia el propio grupo social. Casos que son claramente distintas arquitecturas de larga duración, que al ser las coordenadas más generales y profundas de la historia, resultan también las más difícilmente registrables en su real operatividad histórica, por parte de los historiadores y científicos sociales.

Modelo de descomposición del tiempo en estas tres temporalidades diferenciales, que más allá de su aparente sencillez, y de la facilidad de su enunciación, encierra sin embargo, una enorme y radical transformación respecto del modo anterior tradicional de percepción del fenómeno mismo de la temporalidad. O dicho en otros términos: la asunción radical y profunda de la propuesta metodológica braudeliana de las distintas temporalidades históricas, sólo es posible a partir del desmontaje total y de la superación radical del modelo vigente del tiempo moderno burgués, al que dicha propuesta niega y supera simultáneamente.

Porque si analizamos con más cuidado, cuál es el modelo de percepción del tiempo que ha sido dominante en la larga curva de vida de la modernidad, veremos que es el modelo de un tiempo newtoniano, derivado de la física, que es concebido como "marco temporal", vacío y homogéneo, y compuesto de manera líneal e idéntica por la regular sucesión y suma de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Es decir, un tiempo abstracto y líneal, constituido como dimensión autónoma y separada de los hombres, que regula sus actividades sociales e individuales, y que parece exigir a los hombres el ser "llenado" constantemente con los diversos hechos, sucesos y acontecimientos históricos diversos. Un tiempo de vigencia social general, y de progresión regular y uniforme, que se presenta como unitario y constituido de una sola dimensión, y cuya única descomposición/recomposición posible es la de su fragmentación o adición en las unidades menores de la referencia cronológica de años, días, horas, minutos, etc. que ya hemos mencionado antes.

Frente a este marco temporal, propio de la modernidad, que las ciencias sociales y también la historia asimilaron como propio, en virtud de su carácter como modalidad dominante de percepción de la temporalidad, se despertó una intensa reproblematización, que iniciada desde la segunda mitad del siglo diecinueve e impulsada fuertemente por los propios postulados de la teoría de la relatividad de Einstein --que desmontaba en sus propios cimientos a esta visión newtoniana del tiempo absoluto, demostrando también su carácter relativo--, alcanzó su punto de máximo desarrollo durante los años veintes y treintas de este siglo, justamente en vísperas de la segunda guerra mundial. Y es precisamente en esta atmósfera, de intensa reflexión sobre las estructuras, componentes y dimensiones de la temporalidad, en la cual Braudel elabora su modelo de los distintos tiempos en general y de la larga duración en particular.

Y ello, justo en una línea que des-estructura a esa visión moderna dominante del tiempo, para superarla con la nueva teoría braudeliana de la descomposición y diferenciación temporal. Porque frente al tiempo de matriz física, único y unitario, típico de la historiografía tradicional, Braudel va a oponer los muchos tiempos sociales e históricos, múltiples tiempos que frente a la homogeneidad idéntica a sí misma de los segundos, minutos, horas, etc. del tiempo moderno va a reivindicar en cambio, tiempos y duraciones de densidad e intensidad diferenciadas --esos famosos días que "equivalen a veinte años" o los muchos años que son iguales a un día--, que al mismo tiempo se encuentran jerarquizados y entre los cuales el más importante es justamente el de la larga duración.

Un tiempo, o más bien varios tiempos, que han dejado de ser abstractos, vacíos y aparentemente autónomos e independientes de los hombres, como en el caso del marco temporal de la modernidad, para transformarse en las duraciones concretas y multicolores que corresponden directamente y son dependientes de los hechos, fenómenos y procesos vividos y protagonizados por los propios hombres. Un tiempo que ya no aparece como dominante y regulador de las actividades humanas, sino solamente como simple instrumento de registro y medición de esas múltiples duraciones sociales e históricas.

Visión nueva de la temporalidad, que frente al tiempo líneal y cronológico que se fragmenta en días, meses, semanas, etc., como en sus puntos constitutivos sucesivos, y que se piensa aún dentro de las arcaicas divisiones del pasado, el presente y el futuro, va a oponer una idea más compleja de las muchas duraciones, que son más bien como espacios fluidos y densos, como películas siempre en movimiento que en su complicada interrelación construyen esa "dialéctica de las duraciones" que era para Braudel el corazón del devenir histórico mismo.

Idea pues, de tiempos y duraciones diversos, que niega todos y cada uno de los supuestos y de los perfiles del tiempo moderno dominante, y que constituye la nueva clave de método para el estudio de todo el conjunto de los acontecimientos , coyunturas y estructuras de la historia. Teoría que encierra otra noción y otra percepción radicalmente nuevas de la dimensión del tiempo y que es susceptible de recuperación no sólo por parte de la historia sino también, como veremos más adelante, por parte de todas las ciencias sociales en general, y en consecuencia, una clave metodológica que implica como posibilidad virtual, aún no concretada, un nuevo modo de acercarse al estudio de todo lo social-humano desplegado dentro de esos mismos tiempos o duraciones históricas.

Nuevo esquema conceptual de aproximación, a ese "tema compartido" por las ciencias sociales contemporáneas que es la temporalidad, que como habíamos mencionado antes, ha sido ya muy difundido pero al mismo tiempo también ampliamente vulgarizado. Pues una cosa es postular la exigencia de acercarse de una manera nueva e inédita a los fenómenos del tiempo, y otra muy distinta, el ser capaz de desplazarse realmente desde la concepción anterior hacia esta nueva postulación. Y por ello, es bastante frecuente encontrar autores o textos que equiparan a la larga duración con el largo plazo de los economistas, o que creen que basta que una realidad cualquiera dure más de cien años para calificarla como estructura de larga duración. O también, quienes siguen equiparando a la corta duración exclusivamente con los hechos políticos, al tiempo medio con los fenómenos económicos y sociales, y a la larga duración con las realidades esencialmente geográficas.

Frente a estas simplificaciones, el mejor antídoto no es otro que el abordaje directo de cualquiera de las obras de Fernand Braudel. Ya que prácticamente toda su producción intelectual -- y sin duda, toda la posterior a 1949--, puede ser considerada como un vasto conjunto de sucesivas y diversas aplicaciones de esta perspectiva de las temporalidades diferenciales y de la larga duración, a los muy diversos temas que dicha producción abarca.

Porque como el propio Braudel lo ha declarado, él mismo se ha afirmado a lo largo de toda su vida como un verdadero "abogado" de la larga duración histórica. Larga duración que el consideraba como la parte más original, pero también más difícil y menos comprendida, de toda su propuesta sobre los diferentes tiempos sociales. Puesto que si esta larga duración no se reduce a ser un simple "ritmo de movimiento lento" de las realidades históricas, ni tampoco sólo un período de tiempo físico de amplias dimensiones --lo que implicaría entonces que podríamos hablar indistintamente de procesos de larga duración tanto en la historia como en el mundo de la naturaleza que antecede al origen de esa historia humana--, sino que alude más bien a ese conjunto de arquetipos, estructuras o realidades, que dentro de la historia humana han sido decisivamente operantes y efectivamente determinantes de los procesos históricos más generales, entonces la verdadera dificultad estriba en ser capaz de detectar, y luego hacer explícitas, a esas coordenadas de la historia profunda, a esas arquitecturas o ensamblajes lentos en constituirse y en modificarse, demostrando a la vez de manera fehaciente esa real y concreta operatividad histórica ejercida dentro de las distintas curvas evolutivas de la historia. Porque ésta es para Braudel la verdadera larga duración. Es decir, este conjunto de ensambladuras o andamiajes de larga permanencia en la historia, que al ser los niveles más elementales de la historia profunda, determinan desde este "plano cero" de las sociedades al restante conjunto de los fenómenos y hechos históricos.

Ya que en Braudel hay, sin duda, la postulación de un nuevo y original determinismo histórico, que es justamente el determinismo de las estructuras de la larga duración dentro de la historia. Determinismo que insiste en el rol eficaz y hasta fundamental de esas arquitecturas de largo aliento, sobre los fenómenos coyunturales y sobre los acontecimientos históricos, que le ha permitido a nuestro autor hablar de esa "telehistoria" de las coordenadas profundas, propias del tiempo largo, que a través de los milenios y los siglos comanda y organiza la dirección, el sentido y los rumbos principales del propio devenir histórico.

Un determinismo nuevo de los hechos de larga duración, que trasciende además a todos los determinismos anteriormente postulados, al afirmar un flujo de determinación horizontal e interior a cada orden de fenómenos, frente a los determinismos precedentes, que postulaban siempre flujos verticales y entre los distintos órdenes de fenómenos. Es decir, que frente a las posiciones anteriores, que afirmaban por ejemplo la primacía de lo económico, y su rol determinante hacia lo político jurídico y hacia las formas de conciencia social, o aquellas que postulaban el rol primordial y determinante de los hechos geográficos sobre los restantes hechos sociales, o los que han defendido el papel central de lo psicológico dentro de lo social, etc., Braudel va a defender en cambio, el rol determinante de las estructuras de larga duración, estructuras que son al mismo tiempo, económicas, políticas, geográficas, sociales, culturales, psicológicas, antropológicas, etc., sobre las realidades coyunturales y los acontecimientos igualmente económicos, jurídicos, familiares, culturales, etc..

Afirmando entonces un determinismo histórico diferente --que no necesariamente invalida a alguno de los anteriores, sino que podría por el contrario combinarse con él para enriquecerlo y complejizarlo--, Braudel construye una mirada también muy singular en torno a los distintos temas y problemas que va abordando sucesivamente.

Y si toda la obra de Braudel puede ser "leída" como un recorrido de diversas e incansables búsquedas y explicitaciones de esas largas duraciones históricas, ello no impide el hecho de que en su propia concepción se trataba de una clave metodológica todavía abierta, y por lo tanto, susceptible de nuevos desarrollos y enriquecimientos, así como de nuevas precisiones y profundizaciones. Pues es el mismo Braudel, el que al teorizarla en su artículo de 1958 antes referido, la presenta justamente como una hipótesis teórica sometida a debate, hipótesis que lejos de rehuirla, demandaba por el contrario su crítica y afinamiento posteriores. Porque son muchas, las posibles implicaciones de esta propuesta metodológica braudeliana.

Por ejemplo, no está todavía suficientemente trabajada la problemática de las relaciones complejas entre las distintas duraciones, la mecánica de articulación de esa "dialéctica de las duraciones", que el propio Braudel ha señalado como uno de los puntos centrales, pero aún no del todo esclarecidos, de su propia teoría. O también, las desiguales relaciones, para nada homogéneas, entre los distintos órdenes o realidades de fenómenos históricos --económicos, políticos, culturales, geográficos, familiares, artísticos, etc.-- y las distintas duraciones históricas. E igualmente, los tipos de influencia, determinación, condicionamiento e impacto de las distintas duraciones entre sí y también a través de los órdenes de fenómenos mencionados.

Se trata pues, de una clave metodológica todavía abierta y en desarrollo, clave que ha encontrado en el texto braudeliano de 1958 "Historia y Ciencias Sociales. La larga duración", sólo una primera sistematización explícita y coherente, pero que es una clave que el mismo Braudel continuará repensando y elaborando a lo largo de toda su vida, y que aún hoy se revela como llena de implicaciones y de derivaciones múltiples aún por desarrollar.

Clave de los múltiples tiempos y de la larga duración, que como veremos más adelante, resulta imprescindible para la adecuada comprensión y abordaje de los distintos textos y resultados braudelianos.

 

 

EL HORIZONTE DE LA HISTORIA GLOBAL

 

La segunda clave general, que es posible reconocer como trazo de la obra concretada por Fernand Braudel, es aquella que hace referencia a su también constante reivindicación de una historia verdaderamente global. Es decir, a un horizonte de aproximación hacia los distintos temas u objetos de estudio elegidos, que sea capaz de mantener el espíritu totalizante o globalizante, que es posible reconocer en los mejores autores de las más diversas tradiciones del conocimiento elaborado sobre los diferentes campos de lo social-humano en la historia.

Un horizonte de la historia global, que no debe confundirse con la simple e imposible exigencia de una erudición infinita, ni tampoco con la idea igualmente elemental de un "ocuparse de todo" sin orden ni sentido algunos. Porque la historia global no es la historia general, ni tampoco la historia universal, y por ello, hacer historia desde un horizonte globalizante no es conocer y estudiar la historia entera de la humanidad, desde sus orígenes hasta la actualidad, y abarcando a todos los pueblos y espacios del planeta, considerados desde todos los diversos niveles constitutivos del complejo tejido multiforme de sus sociedades. Ni tampoco es comenzar a estudiar cualquier problema histórico, para luego ir sumando, sin orden ni concierto, hechos y realidades diversos, lejanos y agregados al punto de partida sólo desde el puro azar de la libre asociación y el relato ininterrumpido.

Asumir la perspectiva de la historia global es para Braudel, más bien, asumir una doble percepción: en primer lugar, la de la esencial y originaria unidad de lo social, la unidad y también globalidad de todas las distintas realidades sociales e históricas; en segundo lugar, la necesidad de recrear un modo de aproximación hacia esas realidades, que sea igualmente un modo de aproximación también unitario y global. Expliquemos estos puntos.

La realidad social-humana no existe, objetivamente, como un conjunto fragmentado y claramente diferenciado de distintos niveles, períodos, actividades, espacios u órdenes de fenómenos, sino por el contrario, como una clara y compleja unidad o totalidad en movimiento. Y es esa unidad y globalidad de lo real, la que funda justamente la exigencia de una visión también global, de la historia y de la sociedad. Porque si abordamos cualquier problema habitual de la historia, y nos introducimos a fondo en su explicación, veremos que la realidad histórica que intentamos comprender, y luego hacer comprender, se vincula realmente y de modo múltiple y total, con líneas que nos llevan hacia ciertos de sus pasados y de sus determinadas implicaciones futuras, pero también hacia los espacios o ámbitos particulares que envuelven y sobredeterminan a sus coordenadas geográficas precisas, así como a los varios niveles u órdenes de fenómenos que en ella se sintetizan y cruzan para encontrar expresión.

O dicho en otros términos: desde el punto de vista de la historia global, no existen , rigurosamente hablando, hechos puramente económicos, o puramente políticos, o puramente religiosos, o geográficos, o culturales, o familiares, etc. Lo que existen más bien, son hechos sociales globales, que aunque pueden ser predominantemente económicos, o políticos, o psicológicos, etc., sintetizan y condensan sin embargo, junto a su dimensión económica o política, etc.. también por ejemplo una significación cultural específica, o en otro caso, un carácter también político importante, e igualmente y siempre, una cierta ubicación geográfica determinada, un "lugar en el espacio", que puede o no ser esencial para su comprensión, o también un impacto social particular.

Por lo tanto, y más allá de las divisiones hoy imperantes dentro del campo del conocimiento científico sobre lo social, la historia global reivindica este carácter múltiple y global de todo hecho social e histórico posible, y en consecuencia, la legitimidad del horizonte de la historia global. Lo cual tiene diversas consecuencias. Por ejemplo, el reconocer que la historia es global en tanto que puede legítimamente aplicarse al estudio de cualquier hecho humano desplegado en el tiempo, y por lo tanto, lo mismo al más "prehistórico" pasado, anterior a la invención de la escritura, que al presente más vivo y actual. Y lo mismo a los hechos más elementales y aparentemente no históricos de la vida cotidiana o de las creencias y mentalidades populares, que a los resonantes y espectaculares hechos de la política, la guerra o la biografía de los individuos.

O también el reconocimiento, que trataremos más adelante, de los límites estrechos del "episteme" hoy dominante dentro de las ciencias sociales, episteme que pretende justamente cuadricular, segmentar y autonomizar a las distintas partes o esferas de lo social, encerrando luego su tratamiento y análisis, dentro de las rígidas fronteras de la economía, la ciencia política, la psicología, la antropología o la historia, ciencias especializadas y desarticuladas, que sólo logran dar cuenta parcial y por lo tanto necesariamente sesgada, de uno de los pequeños microcosmos de la realidad social.

Esforzándose entonces por pensar a lo social-histórico, fuera de los marcos que intentan imponernos las actuales configuraciones disciplinares de las diferentes ciencias sociales constituidas, Fernand Braudel ha insistido en cambio, en esta unidad esencial y fundante del "paisaje" que constituye la trama de la evolución histórica de las sociedades, afirmando por ello que no existe más que un sólo y necesariamente compartido objeto de estudio de todas estas ciencias sociales: "Supongamos entonces" afirma Braudel en su artículo de 1960 titulado "Unidad y diversidad de las ciencias del hombre", supongamos "...que la ciencias humanas se interesan todas en un solo y mismo paisaje: el de las acciones pasadas, presentes, futuras del hombre". Con lo cual, ese tema global compartido por todas las ciencias sociales, no es otro que el de la "historia íntegra de los hombres", la historia precisamente global que en ocasiones será vista "a través del espacio", como en el caso de la geografía humana, y otras veces será vista "a través del tiempo", es decir a través de la propia disciplina histórica. Pero que igualmente podrá ser observada y analizada, desde los muy diversos emplazamientos y observatorios particulares que constituyen las distintas "miradas" de la ciencia económica, o de la sociología, la antropología, la psicología o la ciencia política, entre otras.

Y si la totalidad social, pasada, presente y futura es esa unidad real, que funda y legitima la visión también unitaria y global de esa historia globalizante defendida por Braudel, esta última se refiere también, en segundo término, al modo mismo de aproximación hacia los distintos problemas que el historiador y el científico social abordan. Pues si la "historia íntegra de los hombres" es ese objeto real , unitario y global, al que todas las ciencias sociales "miran" desde diferentes observatorios, ya hemos señalado atrás que la historia global no se identifica con la historia general. Y entonces, puesto que no podemos estudiar siempre la inmensa curva y el enorme espacio de esa "historia íntegra de los hombres", lo que debemos hacer en cambio es conservar el espíritu y la conciencia siempre alerta de esa unidad real y global de todo lo histórico-social, y en consecuencia, partir del hecho de que no existe ningún "problema aislado", ni en la historia ni en la sociedad, sino por el contrario, distintos temas específicos que se vinculan necesaria y complejamente con cierta subtotalidad o totalidad parcial que los enmarca.

Porque esa totalidad mayor que es la historia íntegra de los hombres, no es algo líneal y homogéneo, sino a su vez, una síntesis articulada de totalidades menores o parciales que la integran. Por lo tanto, hacer historia global desde la perspectiva del modo de aproximación al objeto o tema particular elegido y acotado por nosotros, es descubrir en todo caso, a esa totalidad menor que enmarca dicho tema u objeto particular, recreando de modo explícito los vínculos que unen al problema estudiado con esa totalidad menor, y al mismo tiempo, mantener el espíritu globalizante que vincula a esa totalidad menor con la totalidad mayor, siendo siempre atento a las líneas que cruzan desde el problema acotado que se estudia hasta esa historia íntegra de los hombres, por la mediación de la subtotalidad parcial que enmarca a dicho problema.

Lo que Braudel ha hecho en todas sus obras. Por ejemplo, como veremos más adelante , en su libro sobre El Mediterráneo..., en donde el simple período del reinado de Felipe II remite necesariamente a un marco más amplio, que es ese "largo siglo XVI" que se extiende en Europa desde 1450 hasta 1650. O también, el análisis del "Mediterráneo y el mundo mediterráneo", que se desborda geográficamente para abarcar a todo el espacio de la pequeña Europa, a la zona del Magreb, y finalmente también al cercano oriente que desemboca en el Mediterráneo, así como a los espacios de las redes tendidas desde estos tres puntos hacia el viejo mundo. Pero también hacia toda la fachada atlántico-americana, dentro de la cual se "prolonga" el Mediterráneo, justamente durante ese largo siglo XVI. E igualmente, y ejemplificando esa visión braudeliana de la historia global que aquí intentamos precisar, Braudel va a ser atento y a explicitar las líneas más generales que vinculan su tema con la historia íntegra de los hombres, al descubrir, por citar sólo un ejemplo posible entre muchos otros, en la trashumancia de los montañeses del siglo XVI, una estructura milenaria de larga duración, característica del ciclo de relaciones entre los valles y las montañas del espacio y el mundo mediterráneos.

Resituando entonces "sus" distintos problemas elegidos, dentro y desde las perspectivas de esta historia global, comprendida en esta doble dimensión, Fernand Braudel se ha ejercitado constantemente, a lo largo de su itinerario intelectual, en el desarrollo y ejemplificación de esta misma historia globalizante. Pues así como toda la obra de Braudel remite a la búsqueda y detección de las distintas estructuras de la larga duración en la historia, así también toda ella puede ser concebida como un conjunto múltiple y diverso de distintos ejercicios de historia global. Y no sería entonces demasiado aventurado, afirmar que Braudel sólo ha estudiado la historia global : unas veces en tanto historia del mundo y de las civilizaciones mediterráneas en el largo siglo XVI, o como historia del moderno capitalismo entre los siglos XI/XIII y XX, y otras, en tanto historia de las múltiples "identidades" de Francia, o como historia de las distintas civilizaciones aún presentes en el mundo actual.

Entroncando así, según su propia concepción, con una tradición de pensadores "globalizantes" y de defensores importantes de la historia global, que incluye a Marx, a Michelet, a Henri Berr, a Lucien Febvre y a Marc Bloch entre otros, Braudel ha sido también un radical defensor y promotor de esta visión de la historia totalizante, que al trascender el episteme cuadriculado y limitado de las ciencias sociales actuales, se postula entonces no como una ciencia de "campos" --lo económico, lo social, lo político, etc.-- sino como una ciencia de "problemáticas" y de "problemas" más bien globalizantes, cuyo estudio y explicación adecuados convocan necesariamente y obligan a interactuar, a varias de las distintas "miradas" que representan a esas disciplinas sociales parceladas, a la mirada económica, con la mirada geográfica, junto a las miradas cultural, antropológica, social, etc..

Lo cual explica también, el peculiar determinismo transversal de la larga duración que antes hemos referido. Pues si Braudel está pugnando por ir más allá de las rígidas fronteras de los campos de las disciplinas sociales, también por ello propone este determinismo, de las ubicuas y globales arquitecturas de la larga duración, igualmente económicas que sociales, políticas, geográficas, culturales, etc..

Combinando de este modo su perspectiva metodológica de la larga duración, con su defensa del horizonte de la historia global, nuestro autor delimita el segundo trazo general de una historia vista "en clave braudeliana", historia cuyo tercer trazo fundamental, es su emplazamiento desde una posición crítica, la perspectiva de la historia crítica.

 

LA PERSPECTIVA DE UNA HISTORIA SIEMPRE CRITICA

 

Al reivindicar como perspectiva de su análisis de los hechos, fenómenos y procesos históricos, la perspectiva de una historia crítica, Fernand Braudel inscribe el conjunto de su proyecto intelectual, dentro de una tradición del pensamiento precisamente crítico, que a lo largo de las generaciones, se ha esforzado siempre por pensar la realidad social a contracorriente de las líneas y de los resultados del pensamiento dominante.

Como ya habíamos señalado antes, el hecho mismo de haberse formado desde sus orígenes como un "hombre de frontera", como "hombre de los márgenes", realizando sus primeras experiencias y construyendo sus primeras visiones del mundo, dentro de esa atmósfera contracultural excepcional del período de entre las dos guerras mundiales, ha llevado a Braudel de una manera casi espontánea, a desarrollar el hábito del razonamiento crítico, del pensamiento no rutinario y hasta "inesperado", que después seguirá cultivando conscientemente a lo largo de toda su aventura intelectual.

Porque al adentrarnos en el universo de los textos braudelianos, no es difícil reconocer el hecho de que su enorme originalidad --que siempre sorprendió a los periodistas y entrevistadores que se acercaban a nuestro autor, a partir de las respuestas siempre poco esperadas e inhabituales que solía darles--, deriva directamente de un modo de razonamiento que camina sin duda, por caminos diversos a aquellos propios del pensamiento establecido, y que son precisamente las vías específicas del pensamiento crítico.

¿Cuáles son entonces, los trazos principales de esta historia y este pensamiento críticos? ¿Y cómo se hacen presentes dentro de la obra braudeliana? El primer elemento de toda historia crítica, es el de hallarse des-centrada respecto de las interpretaciones comunes. Es decir, el cambiar el emplazamiento particular desde el cual se construyen los análisis que intentan trascenderse, accediendo desde esta nueva ubicación ex-céntrica o marginal a una nueva mirada, y por lo tanto, a un nuevo desciframiento y explicación de los mismos fenómenos.

Justo lo que Braudel ha hecho sistemática y permanentemente a lo largo de su obra. Pues al concentrar su mirada en el mar Mediterráneo y abandonar la perspectiva corriente que lo observaba siempre como un simple apéndice líquido de Europa, lo que nuestro autor realiza es precisamente ese des-plazamiento, esa reubicación de la mirada, que le abrirán las puertas de un tema inédito, pero también de otra explicación de la propia historia de Europa y de la expansión europea, considerada ahora desde la perspectiva de su matriz mediterránea originaria, y en función de la dialéctica compleja que sustituye a la hegemonía civilizatoria de ese mismo espacio mediterráneo, por el nuevo centro de los flujos históricos que será el Océano Atlántico. Una visión de Europa y de su proyección hacia América, desde el emplazamiento nuevo del mar Mediterráneo y de sus destinos históricos, que es efectivamente una visión crítica, diversa y a contra-corriente de la visión propia de la historiografía tradicional.

O también, el caso del estudio del moderno capitalismo, al que Braudel va a estudiar justo desde el nivel de esas realidades civilizatorias, elementales y fundantes, que la propia lógica capitalista ha relegado a los márgenes: las realidades del consumo y de la vida cotidiana de los hombres, que Braudel va a connotar bajo su concepto de la civilización material. Con lo cual, también el capitalismo y todo el conjunto de fenómenos históricos que lo acompañan, van a mostrar un rostro diferente, revelándose entonces como simples expresiones en la superficie, de una serie de revoluciones cataclísmicas y profundas de las estructuras de larga duración de esa civilización material, expresiones que manipulando a su favor, los enormes cambios civilizatorios que dan por resultado el nacimiento de la modernidad, le entregan a un pequeño grupo de grandes comerciantes, financieros, prestamistas e inversionistas, las ventajas del nuevo juego económico capitalista recién constituido.

Analizando entonces los distintos fenómenos, situaciones y problemas históricos, desde inéditos y poco explorados emplazamientos analíticos, Fernand Braudel da curso a su perspectiva de historia crítica. Y entonces, estudiando a Francia desde Europa, Argelia y Canadá, y al viejo mundo desde las realidades latinoamericanas, pero también intentando descifrar al lujo y a la moda desde la necesidad , a la ciudad desde el campo, a la gran historia desde la historia menuda y aparentemente insignificante, a la historia humana desde la base geográfico-natural, o a las revoluciones técnicas desde las inercias productivas y desde los límites antropocéntricos de las fuentes de energía humanas, lo que nuestro autor hace no es otra cosa que ejercer permanentemente el razonamiento histórico crítico.

El segundo elemento característico de la historia crítica, es el de restituir, frente a la línea del pasado que ha resultado vencedor y que ha hegemonizado a la evolución histórica, a toda la densidad de la verdadera historia vivida, y en consecuencia, también al conjunto de múltiples pasados "derrotados" o vencidos que habiendo sido en diferentes momentos de las encrucijadas históricas, vías posibles alternativas al desarrollo que finalmente se ha impuesto, permanecen sin embargo como elementos vivos y actuantes, presentes aunque sometidos, de las curvas específicas del devenir histórico analizado.

Una historia pues, que recorriendo una vez más a contrapelo, la línea precedente de la historia ya acontecida, sea capaz de "hacer hablar a los silencios" de la historia, para rescatar dentro de ella a las identidades y a los proyectos que habiendo tenido viabilidad histórica, no han logrado finalmente consolidarse como sus elementos dominantes y hegemónicos.

Como por ejemplo, el proyecto de una modernidad europea de matriz precisamente mediterránea, proyecto que habiendo sido esbozado dentro del espacio de los países latinos del sur de Europa occidental, ha terminado siendo derrotado y subsumido por la modalidad nordeuropea del proyecto de modernidad, que es el que la civilización europea habrá de exportar a casi todo el planeta, intentando imponerlo como proyecto civilizatorio, con muy desigual éxito, a los distintos grupos humanos que habitan en los diferentes rincones del globo. Modernidad mediterránea vencida, pero presente y actuante aún en la moderna Europa --y también activa de manera fundamental en América Latina, en donde si ha sido exportada e implantada durante varios siglos, constituyendo uno de los pilares de la mestiza civilización latinoamericana--, cuyos trazos civilizatorios esenciales van a ser delíneados por Braudel en su obra de El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II.

O el caso de la postura ya analizada en torno al episteme hoy vigente de las ciencias sociales, en donde Braudel va a reivindicar ese episteme universalista y globalizante que fue dominante entre los pensadores sociales de los siglos XVI a XIX, episteme que fue luego reprimido y marginalizado por el episteme sectorializado y fragmentado que hoy es hegemónico dentro de las ciencias sociales contemporáneas. Así, al restituir esa línea hoy marginal, pero siempre recurrente, de las visiones universalistas y totalizantes que intentan aprender lo social en su unidad real, Braudel hace explícita y actualiza la negación limitante sobre la cual se construye y afirma el esquema hoy dominante del conocimiento sobre lo social, abriendo con ello la posibilidad misma de su crítica y de su ulterior superación.

Rescatando entonces en sus distintos trabajos a esas identidades reprimidas u olvidadas, de las civilizaciones no europeas, de la vida cotidiana y de la historia menuda del mundo del consumo, de la Francia siempre perdedora en la competencia por la hegemonía económica o política de la economía-mundo europea o de esa Europa del siglo veinte desplazada del escenario del mundo por las "Europas fuera de Europa", que ella misma ayudó a construir, Braudel vuelve a restituir toda la densidad del pasado y del presente, reubicándolos como sucesión de constantes encrucijadas, abiertas y en conflicto, y superando su visión como realidad pacífica, armónica y tersa, que ha sido rehecha sólo en función de sus líneas dominantes.

El tercer perfil que es detectable como trazo típico de esta historia crítica, es el que nos remite a la visión del presente y el pasado, como espacios constituidos por una multiplicidad siempre compleja y nunca líneal de elementos diversos. Pues a tono con el des-plazamiento de la mirada de análisis, y con esta restitución de las identidades y los pasados marginales y no dominantes, la historia crítica renuncia también a las interpretaciones líneales y simplistas, al tiempo homogéneo y también líneal, igual que a las explicaciones reduccionistas, monocausales, o unidimensionales. Y frente a todas ellas, postula más bien la percepción de una totalidad compleja y múltiple en movimiento, que sólo es posible de aprehender a partir de la multiplicación y de la síntesis de varias "miradas" o explicaciones "cruzadas" dirigidas a esa misma totalidad.

Por ejemplo, como en el intento braudeliano de responder a la enorme e inquietante pregunta de ¿por qué Europa? ¿Y por qué no el Islam o la China o América o el África? Entonces, y tratando de responder, o al menos de esbozar la respuesta a estas preguntas, nuestro autor va a construir pacientemente toda una serie de diversas explicaciones que, sumadas las unas con las otras, y sólo en virtud de su superposición y síntesis, alcanzan a esbozar una línea de posible respuesta. Pues es solo yuxtaponiendo y articulando las razones geográficas, con los elementos territoriales y con los motivos tecnológicos, económicos, étnicos, demográficos, sociales, políticos y culturales, de la singularidad y la especificidad del proyecto civilizatorio europeo, que podremos ir delíneando una suerte de solución histórica fundada a esta esencial cuestión.

Lo mismo que la interrogante acerca de la identidad francesa, a la que Braudel proyectaba responder también múltiplemente, desde la geografía, la demografía, la economía, la sociología. la ciencia política, y la psicología. Porque en su opinión, cualquier respuesta que pretendiera ser conclusiva, ubicándose sólo en uno de los estratos mencionados, estaba fatalmente condenada a ser parcial y por lo tanto, finalmente errónea. Desconfiando entonces de las soluciones fáciles a los problemas históricos, y abogando en cambio por la restitución de toda su complejidad multiforme y pluridimensional, Fernand Braudel va a desarrollar también este perfil particular de la historia crítica.

Finalmente, y en la más fiel tradición del pensamiento crítico, la cuarta arista de esta historia también crítica, contenida en la obra braudeliana, ha consistido en apartarse sistemáticamente de las evidencias consagradas y de los lugares comunes firmemente establecidos por la historiografía tradicional precedente. Y en tratar entonces, de disolver esas evidencias y lugares comunes desde una puesta en cuestión permanente de sus supuestos principales, disolución que conduce directamente hacia otras explicaciones de los problemas.

Con lo cual, Braudel va a recorrer un camino intelectual que estará lleno de múltiples microrrevoluciones historiográficas por él realizadas, y a través de las cuales va a ir trastocando , justamente, esas explicaciones consagradas de los distintos temas de la tradición historiográfica, a la vez que coloca nuevas hipótesis y nuevas líneas explicativas, en el lugar de dichas evidencias superadas.

Es el caso, por ejemplo, de su explicación de las razones de los descubrimientos geográficos del siglo XV por parte de los españoles y los portugueses. ¿Por qué España y Portugal?. Y frente a las explicaciones circunstanciales e incluso coyunturales, entonces en boga, que remitían la solución del problema al poderío político del imperio español, o a la experiencia acumulada de los marineros portugueses y españoles, o a los desarrollos económicos de los distintos momentos del siglo XV, o al espíritu de la reconquista que forjó a la nación española, etc., Braudel va a elaborar en cambio su hipótesis de la construcción de la fachada atlántica de Europa, resultante de un cambio de larga duración, que va a sustituir las rutas comerciales terrestres por las rutas marítimas, las que apoyándose en esta fachada atlántica que cubre todas las costas de la península Ibérica, van a acumular allí toda la energía histórica necesaria --los hombres, los puertos, los capitales y la experiencia marinera, pero también la cultura, la actitud mental, el desarrollo urbano, las necesidades y hasta las expectativas--, que al proyectarse hacia afuera, dará como resultado los grandes descubrimientos del siglo XV.

E igualmente, su explicación de los sucesos del mayo francés de 1968, a los que nuestro autor ha visto, no desde las visiones tradicionales del conflicto generacional, o como un simple movimiento estudiantil, o como una revuelta de la juventud francesa frente al autoritarismo académico interno y a las jerarquías políticas del estado francés de aquellos tiempos, sino como una auténtica y profunda revolución cultural de la época contemporánea, comparable sin duda, según su opinión, con los grandes movimientos también culturales del Renacimiento y de la Reforma europeos. Penetrando entonces más allá de las explicaciones fáciles y evidentes, propias del sentido común, Fernand Braudel va a reafirmar esta historia siempre crítica, que es la perspectiva general de todos sus distintos análisis historiográficos.

Perspectiva histórico crítica, que se conecta además de manera espontánea, con el horizonte de la historia global y con la clave metodológica de la larga duración. Pues afirmar la historia totalizante, es también tratar de pensar fuera de los marcos del pensamiento sectorializado y cuadriculado dominante, situando entonces el conocimiento de lo social en un nuevo emplazamiento analítico. Algo similar a lo que implica también, la explicitación permanente de las estructuras de la larga duración histórica, estructuras que son generalmente reprimidas y marginalizadas por la perspectiva dominante, que invadida completamente por la tendencia a la "presentificación" de la percepción cotidiana de la realidad, solo está atenta a los hechos actuales o del más reciente e inmediato pasado.

La historia en clave braudeliana, se construye entonces siempre desde esta triple y simultánea aproximación: la atención permanente y la explicitación recurrente de las arquitecturas de la larga duración y del conjunto de las diferentes temporalidades o duraciones sociales, lo que construye una nueva mirada posible de todo el conjunto de los hechos sociales e históricos considerados; junto a ello, la reivindicación siempre alerta del horizonte y del espíritu globalizante que instaura un nuevo modo de concebir al objeto de estudio que se examina, pero también un nuevo modo de construcción de la relación de conocimiento de ese objeto, que apunta finalmente hacia una también nueva configuración del "episteme" que hace posible la aprehensión del tema investigado; finalmente, la defensa de una perspectiva siempre crítica para esa historia, lo que hace posible la ubicación de nuevos emplazamientos de observación y de análisis, el rescate de identidades reprimidas pero actuantes, la restitución de la profunda complejidad de las situaciones históricas, y la superación de las evidencias y lugares comunes de la historiografía dominante tradicional.

El resultado de todo ello, es precisamente lo que hemos llamado nosotros la concepción braudeliana de la historia, esa cosmovisión histórica profundamente original, que caracteriza a toda la obra y a todo el sistema de pensamiento braudeliano. Abordemos ahora, cómo es que se plasma concretamente esta concepción braudeliana de la historia, en los distintos trabajos e investigaciones desarrollados por su propio autor.

 

   

 


    
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Theomai id s word of greek origin wich means: to see, to contemplate, to observe, to understand, to know

Coordinators: Guido P. Galafassi - Adrián G. Zarrilli.
Place: Universidad Nacional de Quilmes, Centro de Estudios e Investigaciones
Programa de Historia de las Relaciones entre Estado, Economía y Sociedad.